De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 30 de septiembre de 2012

La rebelión de Atlas


      Muchas veces se ha contado la historia de la explotación del trabajador dentro del sistema capitalista, de como el empresario acumula riqueza quedándose con la plusvalía que producen los obreros, y también muchas veces, tanto en la literatura como en el cine, se ha tratado el tema de las huelgas en las sociedades industriales, tipo Germinal, contra la explotación y para tratar de revertir esa situación.

      Pero ¿Qué pasaría si fuese al revés?, como se dice en la propia novela:

“Hemos oído hablar mucho de huelgas –explicó- y acerca de la dependencia del hombre privilegiado respecto del hombre común. Hemos oído gritar que el industrial es un parásito, que los obreros lo mantienen, crean su riqueza y hacen posible su lujo. ¿Qué le sucedería si lo abandonaran? Muy bien. Propongo enseñar al mundo quién depende de quién, quién mantiene a quién, quién es la fuente de la riqueza, quién hace posible la vida de quién, y que les ocurre a unos cuando los otros deciden retirarse.”
      Pues de esto es de lo que trata La rebelión de Atlas, de un mundo donde, según defiende su autora, quien realmente crea la riqueza es el industrial y que es el trabajador es el que depende de él para subsistir, y en el cual los empresarios son los motores que mueven del mundo, y deciden pararlo, poniéndose en huelga.



¿Qué temas trata?

      A lo largo de la novela, su autora (Ayn Rand) va poniendo en boca de diferentes personajes (todos ellos los héroes de la novela o los personajes positivos) sus propias ideas filosófico/económicas. Me va a salir un poco largo porque la novela es muy larga, pero prefiero utilizar citas de la misma, para que os hagáis una idea de su pensamiento. Así, va quedando expresada su opinión sobre temas tan diversos como:

Los mediocres y la superioridad moral de quienes no lo son:
 “¿Conoce usted el estado de ánimo del que ocupa un lugar secundario en la vida? Están dominados por el odio hacia los logros de los demás. Son mediocres que permanecen quietos, temblorosos, temiendo que el trabajo de otros resulte mejor que el suyo. [...] Envidian el éxito y su sueño de grandeza es un mundo en el que todos sean inferiores a ellos y así lo reconozcan. No se dan cuenta de que dicho sueño es la prueba infalible de su mediocridad, porque semejante mundo es el que el exitoso no podría soportar. No tiene modo de saber lo que aquel siente cuando está rodeado de inferiores. [...] ¿De que sirve la alabanza y la adulación provenientes de personas que uno no respeta?”

El comercio y el beneficio de los empresarios, así como el sacrificio por el bien común:
 "Todo cuanto deseo es libertad para ganar dinero.”
 “Sólo trabajo para mi propio beneficio, que obtengo vendiendo un producto que necesitan a quienes puedan pagarlo y están dispuestos a hacerlo. No lo produzco para su beneficio a expensas mío, y ellos no lo compran para mi beneficio a expensas del de ellos; yo no sacrifico mis intereses a ellos ni ellos a mí; tratamos de igual a igual por consentimiento y beneficio mutuo.”
 “No busco el beneficio de los otros como justificación de mi derecho a existir, ni reconozco el beneficio de los demás como justificación para que se apoderen de mis bienes o destruyan mi vida. [...] He trabajado para mi propio beneficio y desprecio a quien sacrifique el suyo.”

El dinero:
 “Pero usted asegura que el dinero lo consiguen los fuertes a expensas de los débiles. ¿A qué fuerza se refiere? No será la fuerza de las armas o de los músculos. La riqueza es el producto de la capacidad del hombre para pensar.”
 “El dinero sólo permite tratos que se hacen en beneficio mutuo, según el libre juicio de ambas partes.”
 “El dinero no compra la felicidad para quien no sepa que desea.”
 “Quien maldice el dinero lo ha obtenido de manera deshonrosa, pero quien lo respeta, se lo ha ganado honestamente. Hay de quien le diga que el dinero es malvado, pues esa frase es la señal que anuncia la presencia de un saqueador.”
 “Sólo quien no la necesita está capacitado para heredar la riqueza, o sea aquel que de todos modos haría su propia fortuna sin que importe su punto de partida. Si un heredero está a la altura de su dinero, el dinero le sirve, de lo contrario, lo destruye.”
(curiosamente todo lo anterior lo afirma el personaje de Francisco D’Anconia, un rico heredero sudamericano, multimillonario  y poseedor de enormes minas, sobre todo de cobre)



El supuesto derecho a un trabajo:

“- Es un imperativo moral, universalmente aceptado en nuestros tiempos que todo hombre tiene derecho a trabajar. –Elevó el volumen- ¡Tengo derecho a un trabajo!
- ¿De veras? Pues, adelante. Ejércelo.

- ¿Cómo?

- Ejerce tu derecho. Toma un trabajo de entre la maleza en que crees que crece.

- Quise decir...

- Que no es así, ¿verdad? Que lo necesitas, pero no puedes crearlo. Que tienes derecho a un empleo, pero que soy yo quien debe generarlo para ti.

- Así es.

- ¿Y si no lo hago?”

El derecho al salario de los obreros frente al derecho del empresario a los beneficios:
“Para ti es injusto que nosotros, quienes te sacamos de tu choza y te dimos apartamentos modernos, radios, películas y automóviles, pudiéramos tener palacios y yates. Tú decidiste que tenías derecho a tu salario pero nosotros no teníamos derecho a nuestras ganancias.”

El orgullo como virtud, la humildad como vicio, y el supuesto deber moral de ayudar a otros:
     “Acepta el hecho de que el único propósito moral de tu vida es alcanzar tu felicidad [...] Desecha los harapos protectores de ese vicio al que has llamado virtud: la humildad; aprende a valorarte, lo que significa: lucha por tu felicidad, y cuando asimiles que el orgullo es la suma de todas las virtudes sabrás vivir como un hombre. 
    Como medida básica de autoestima, asume que cualquier exigencia de ayuda es la señal de un caníbal. Con su demanda afirma que tu vida es su propiedad; y más despreciable aún es tu consentimiento. ¿Preguntas si es correcto ayudar siempre a otro hombre? No, si él reclama tu ayuda como su derecho y tu deber moral.”

La inconveniencia que supone a la larga la redistribución de la riqueza:
“Quienes otras veces gimieran: ‘No quiero destruir a los ricos, tan sólo deseo apoderarme de un trozo de su sobrante para ayudar al pobre. Sólo un poco, no se darán cuenta’, más tarde argumentaban: ‘Los ricos pueden soportar que se les exprima. Ya amasaron suficiente fortuna para alimentar tres generaciones’. Luego, gritaron ‘¿Por qué el pueblo es siempre el que tiene que sufrir mientras los empresarios poseen reservas para un año?’. Y ahora aullaban: ‘Por qué hemos de morir de hambre mientras otros disponen de reservas para una semana?’”
(Claro que no explora la posibilidad de que podría no llegarse a lo último si se hubiese hecho lo primero)

La función que debe tener el estado:
“El único propósito que corresponde a un gobierno es el de proteger los derechos del hombre, es decir, protegerlo de la violencia física. [...] Las únicas funciones apropiadas de un gobierno son: la policía, para protegerte de los criminales; el ejército, para protegerte de invasores extranjeros, y los tribunales, para proteger tu propiedad y tus contratos.”

La explotación de de los  débiles por parte de los fuertes ¿o más bien al revés?
   “En proporción con la energía mental empleada, el que inventa algo sólo recibe un pequeño porcentaje de su valor en términos de pago material, más allá de la fortuna que obtenga, o de los millones que gane. Pero el hombre que trabaja como limpiador en la fábrica que produce ese invento recibe un  pago enorme en proporción al esfuerzo mental que se requiere de él. Y sucede lo mismo para todos los estados intermedios en todos los niveles de ambición y habilidad. El hombre que está situado en la cúspide de la pirámide intelectual aporta el máximo a todos los que están debajo de él, pero no percibe más que el pago material, no obtiene ningún beneficio intelectual de los demás que añada algo al valor de su tiempo. El hombre en la base, quien abandonado a su suerte moriría de hambre por su total ineptitud, no contribuye con aquellos que están sobre él, pero recibe el beneficio derivado de todas sus mentes.[...] Tal es la naturaleza de la ‘competencia’ entre los fuertes y los débiles de intelecto. Tal es la forma de ‘explotación’ por la que has condenado a los fuertes.”
(Es decir, aquí no es que el empresario explota a sus obreros al quedarse con las plusvalías del trabajo que ellos producen, como postulaba la teoría marxista clásica, sino justamente al revés: son los empresarios emprendedores los “explotados” al recibir menos de lo que deben por su labor, y los obreros, teóricamente los débiles, los que se quedan con las plusvalías de las ideas y trabajo intelectual de otros y los someten a explotación).


La medicina pública:
    “Me retiré hace unos años cuando se estatizó la medicina –comenzó a explicar el Dr. Hendricks-  [...] No quise permitir que dictaminaran el propósito de mi proyecto decidiendo como debía usar mis años de estudio, o las condiciones de mi trabajo, la elección de mis pacientes, o el monto de mis honorarios. [...] Se consideraba únicamente el bienestar de los pacientes, nunca el de quienes debían proporcionárselo. El hecho de que un médico pudiera poseer derechos, expresar deseos o manifestar preferencias era considerado como una actitud egoísta.”
... y muchos más.

      También va poniendo en boca de los villanos de la novela, de los “malos de la película” sus ideas acerca de los males de la sociedad, como por ejemplo…

La inconveniencia de un sistema en el que los ricos (o hábiles o inteligentes, para Rand son la misma cosa) contribuyan de alguna manera al bienestar de los pobres (o inferiores):
   “Ninguno votó sin pensar que dentro de una organización de tal clase participaría obteniendo los beneficios de quienes eran más hábiles que él. Nadie se consideró lo bastante rico y listo para no creer que alguien lo sobrepasaría, y este plan le permitiría compartir la riqueza y la inteligencia ajenas. Pero pensando conseguir beneficios de quienes estaban por encima, olvidamos que había seres inferiores, que buscarían lo mismo que nosotros; no nos dimos cuenta de que los más deficientes tratarían de explotarnos del mismo modo que cada uno intentaría explotar a los mejores. El obrero, impulsado por la idea de que sus necesidades le daban derecho a un automóvil como el de su jefe, olvidó que todo pordiosero y vagabundo en la Tierra empezaría a exigir un refrigerador como el suyo.”

O su particular idea de cómo y para qué usa el estado las leyes:
   “No hay forma de gobernar a personas inocentes, porque el único poder que tiene cualquier gobierno es el de lanzarse violentamente contra los criminales. Y bueno, cuando no hay suficientes criminales, los inventamos. Se declaran conflictivos tantos actos que es imposible que la gente viva sin quebrantar alguna ley. ¿Quién quiere una nación de ciudadanos respetuosos con la ley? ¿De qué sirve eso? Pero si uno dicta leyes que nadie puede respetar, que es imposible hacer cumplir, y que no pueden interpretarse de manera objetiva, inmediatamente se crea una nación de transgresores y, en seguida, se puede caer sobre los culpables.”
(Esto lo dice uno de los villanos de la novela, un burócrata y le sirve para expresar la “maldad” del estado.)

      En definitiva, toda la filosofía y las ideas de la novela se pueden reducir a un simple lema, que a modo de juramento pronuncian los empresarios que deciden sumarse a la huelga:
“Juro por mi vida y mi amor por ella que jamás viviré para nadie, ni exigiré que nadie viva para mi.”

¿Y el argumento de que va exactamente?

     Ayn Rand plantea un mundo alternativo en el futuro cercano a cuando se publicó la novela (1957) en el que los Estados Unidos tienen un gobierno cada vez menos liberal y más intervencionista en materia económica, y en el que un grupo de empresarios e industriales, liderados por un misterioso personaje llamado John Galt a quien nadie conoce y del que muchos dudan de que siquiera exista, se retiran, deja su actividad y se ocultan en un remoto valle en las Montañas Rocosas, casi inaccesible y desconocido por todo el mundo exterior, en el que forman una especie de comunidad capitalista ideal (de hecho su escudo o emblema es el símbolo del dólar).

      Rand ve la sociedad dividida en dos: los emprendedores, los que mueven el mundo, que son estos empresarios, y los que llama “saqueadores”, liderados por el estado intervencionista y todos los que no comulgan con las ideas económicas liberales e individualistas, escudándose tras la falacia moral de trabajar para  el “bien común”.

      A medida que más y más de estos Atlas (empresarios) se van retirando, sumándose a esta peculiar huelga, la economía va dejando de funcionar, como ellos pretendía, y el gobierno de corte escasamente liberal y poco a poco más socialista
, cada vez dicta medidas económicas más intervencionistas y menos favorecedoras del libre mercado, llegando a promulgar un decreto por el cual se impide, sin la aprobación gubernamental despedir a los trabajadores o que estos cambien de empleo y cerrar, vender o transferir las fábricas.
      Además para garantizar la igualdad, y que ningún empresario tenga ventaja sobre otro, obliga a la cesión de las patentes e inventos para el dominio público.
      También obliga a la congelación de salarios, precios, beneficios e intereses, y a la planificación económica, mediante la obligatoriedad, para todo el mundo, de planificar el gasto y la producción futuros, tomando como referencia lo actual: gastar lo mismo que se venía gastando y producir lo mismo que se venía produciendo.

     Como consecuencia, la economía no solo no mejora, sino que empeora y las fabricas, ferrocarriles, industrias, mineras, etc. van dejando de funcionar a medida que sus patronos las abandonan. Se ve que para Rand sólo el dueño de la empresa tiene la inteligencia necesaria para gestionarla y que funcione.
      Claro que sus empresarios son seres ideales y perfectos, capaces, superinteligentes y que siempre han empezado desde abajo, aún cuando la empresa ya fuese un gran imperio fundado por sus abuelos (que como todos sabemos es lo que suele pasar en la realidad): el heredero de unas minas de cobre (Francisco D’Anconia) empezó extrayendo mineral en una de sus minas, la protagonista (Dagny Taggart), que gestiona una compañía de ferrocarriles fundada por su abuelo, trabajó en un apeadero de mala muerte, el industrial dueño de un alto horno que inventa una nueva aleación casi milagrosa (Hank Rearden) empezó trabajando a pie de fundición, etc.

      Dejo algunas citas que reflejan la opinión de la autora sobre algunos personajes de los llamados saqueadores que no comulgan con sus ideas liberales:
“...era un obrero convencido de tener ‘derecho’ a un empleo sin importarle si a su empleador le interesaba o no contar con sus servicios.”
“...creía que como consumidora tenía ‘derecho’ a ser transportada, sin que importara si la empresa ferroviaria deseaba, o no brindarle el servicio.”
“...ejercía un cargo en el gobierno y hacía cumplir regulaciones que defendía con estas palabras: ‘No me importa pues sólo perjudican a los ricos’.”
“..era un pusilánime neurótico que escribía comedias, en las que, como mensaje social, insertaba cobardemente pequeñas obscenidades, encaminadas a demostrar que todos los empresarios son villanos.”
“...un ama de casa que se creía con derecho de elegir políticos de los cuales no sabía nada de nada, para que controlasen gigantescas industrias , de las cuales tampoco sabía nada de nada.”
      Como se puede ver en estas perlas no deja títere con cabeza y no hay palo que no toque o reparta. Curiosamente todos estos personajes mueren en un accidente ferroviario, achacado a la falta de competencia de los que quedan, que no se han sumado a la huelga, y a las medidas económicas que ha dictado el gobierno.


¿Y quién es la autora?

     Ayn Rand es realmente el pseudónimo de Alisa Zinóvievna Rosenbaum, nacida en San Petersburgo en 1905 hija de una familia judía de clase media (una ventaja en aquel tiempo y lugar, claro), y que vivió la revolución rusa y cómo se llevaron a la práctica las ideas marxistas, con la colectivización de las propiedades, la planificación de la economía, etc. De hecho, después de que le expropiaran a su padre su próspera farmacia, Alisa decidió salir de la ya entonces Rusia Soviética y finalmente obtuvo un visado y emigró a Estados Unidos en 1925.
      Curiosamente ella lo que quería era escribir guiones de cine, y de hecho llegó a aparecer como extra en alguna película y se casó con un actor. Pero finalmente se convirtió en escritora y filósofa.

      Más lo segundo que lo primero, pues sus obras de ficción, literariamente bastante mediocres, la verdad,  no son más que un medio para exponer su filosofía individualista y ultraliberal (en el sentido europeo del término, no en el americano que es el contrario pues tiene un matiz de izquierdas) a la que acabó llamando objetivismo.
     Y así se ha convertido en una especia de apóstol para los neocons, los liberales (económicamente hablando), los partidarios a ultranza del capitalismo laissez faire,
etc.

        Realmente ella no era de ideas políticas conservadoras: era racionalista, atea, estaba a favor del aborto y de la legalización de las drogas (aunque personalmente denostaba su consumo), y en contra del reclutamiento forzoso y de cualquier tipo de censura, incluyendo la que afectara a la pornografía o a ideas que fueran contrarias a las suyas. Aunque eso si, estaba en contra de cualquier forma de comunismo o socialismo, y también de cualquier ideología totalitaria: era casi una anarquista (si le quitásemos el matiz de colectivización del que también estaba en contra) o más bien una libertaria en el sentido de que creía en un estado mínimo y casi sin intervención en la vida de los ciudadanos.

    Aunque es más conocida,  por su novela anterior El Manantial (en el que trataba el tema del pensamiento individualista que no debe rendirse ni someterse a las corrientes de pensamiento imperantes en cada momento), ella misma consideraba que La Rebelión de Atlas era su obra maestra. Originalmente iba a tener el descriptivo título de "La Huelga", pero finalmente se la cambió a “Atlas se encogió de hombros” (para ilustrar la idea central de ¿que pasaría si quien sostiene al mundo decidiera dejar de hacerlo?), que en las ediciones en español fue traducido por el mucho más grandilocuente de “La Rebelión de Atlas”.

      El libro es largo, denso, farragoso y espeso como pocos. Un auténtico ladrillo de algo menos de 1300 páginas, con enormes monólogos y largísimas reflexiones (dialogadas o interiorizadas) de los personajes.
      Por ejemplo hay un discurso que ocupa unas 80 páginas en el libro, y que se supone que es radiado: no se cuanto tiempo sería necesario en la realidad para emitir un discurso así, pero me imagino que sería del estilo de los antiguos discurso de Fidel Castro, de 8 o 9 horas.
      Literariamente hablando es, siendo benévolos, mediocre, por mucho que le pesa a la propia autora y a la legión de seguidores que tiene, y es porque, en el fondo, la novela no es más que un vehículo que ella utiliza para exponer su filosofía e ideas político-económicas. Y no es que en esto último le falte talento: tonta no era y argumentar utilizando la lógica sabía hacerlo (si quieres un ejemplo sobre como darle completamente la vuelta a una lema aparentemente inocente, mira este texto), lo que pasa es que podría tratar de ser menos didáctica y más amena, la verdad.

      Decía que tiene una legión de seguidores, porque al parecer hay una encuesta por ahí circulando que dice que éste es el libro (después de la Biblia) que más ha influenciado o cambiado las vidas de los que lo han leído. Me he encontrado por la red con esta irónica foto (porque no me puedo imaginar a ningún niño leyéndo esta novela) y no me resisto a ponerla aquí.


10 comentarios :

  1. Uuff, que hartazgo de leer burradas ¿no? Esta señora era una auténtica hija de satanás, no puedo estar más en desacuerdo con todo lo que dice.

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    1. Al margen de mi acuerdo/desacuerdo con las ideas manifestadas, hay que reconocer que ofrece un punto de vista completamente diferente de la lucha de clases. Estamos acostumbrados a que se nos muestre que los derechos son algo que hay que "arrancar" de las manos del patrón opulento y opresor. Pues bien, este libro muestra exactamente la misma situación, pero opuesta, cuando la balanza se desequilibra y el empresario es explotado por la mayoría autoritaria que justifica sus acciones con su propia mayoría y donde los titiriteros del tema son los que manejan dicha mayoría eludiendo toda responsabilidad.

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  2. Pues aunque el tema me resulte interesante, creo que este peazo tocho lo reservaré para otra vida posterior, con haber leído los párrafos que has sacado me basta para hacerme una idea.
    A mí todo esto me suena a extremismo y los extremismos (sean del signo que sean) no me van. No todo es blanco o negro en esta vida, hay una gama amplísima de grises que unos cuantos deberían de explorar...
    ;)

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  3. Por cierto, debe ser toda una experiencia que los Reyes Magos te traigan este regalito en la infancia jajaja...

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  4. Wen, tu si que tuviste infancia :-)

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  5. No, para la infancia lo leí tarde jajaja, pero parece que tuve adolescencia, tb me leí el Ulises, casi muero, pero me lo acabé por mis ovarios xD
    A mí sí me gusta Ayn Rand, y mucho, los que me conocéis mínimamente sabéis por qué derroteros van mis ideas, y no casan demasiado con lo que pensaba ella, pero siempre he sentido debilidad por la gente que expone bien lo que piensa y es coherente. Y además yo creo que lo suyo hay que entenderlo en función de la época que vivió y sobretodo de en dónde y cómo vivió. Pero es como todo, para gustos...

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  6. Lo del Ulises lo he intentado 2 veces y nunca he pasado de la página 50.
    De Rand me he leido esta y el Manantial, y hombre literariamente son pobres, hay bestsellers mejor escritos, pero lo que cuenta si que me parece interesante.

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  7. La Rebelión de Atlas. Simplemente patético

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  8. Estoy a las antipodas de l pensamiento de Rand, pero su critica al estado es bastante certera:

    “Cuando no hay suficientes criminales, los inventamos. Se declaran conflictivos tantos actos que es imposible que la gente viva sin quebrantar alguna ley. ¿Quién quiere una nación de ciudadanos respetuosos con la ley? ¿De qué sirve eso? Pero si uno dicta leyes que nadie puede respetar, que es imposible hacer cumplir, y que no pueden interpretarse de manera objetiva, inmediatamente se crea una nación de transgresores y, en seguida, se puede caer sobre los culpables.”

    Y es que cuando las carceles se privatizan causan ganancias a los inversores a medida que mas ciudadanos son encarcelados. Por no hablar del deseo de todo politico de freir a impuestos a los ciudadanos, en este casp a traves de multas.

    Estar en contra de Rand no lo convierte a uno en estatista, creo que el mercado y el estado son 2 caras de una misma moneda, instituciones que deben eliminarse junto a muchas otras.

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