De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 1 de octubre de 2012

A cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad.



     La frase "A cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad." forma parte del ideario del pensamiento de izquierdas desde el siglo XIX, y aunque se hizo famosa por ser utilizada como slogan por Marx, para los marxistas y los comunistas realmente representaba más bien una idea socialista, que no era sino un estado de transición (imperfecto e incompleto) hacia el comunismo pleno. De hecho, el origen de la frase es anterior, y se atribuye al socialista francés (curiosamente madrileño de nacimiento, pues su padre era inspector de hacienda en el gobierno de José Bonaparte) Louis Blanc, quien la utilizó en uno de sus escritos en 1839. (Aunque hay quien se remonta más atrás, incluso hasta la filosofía incluida en el Nuevo Testamento).

        En cualquier caso es un slogan con el que, a priori, parece fácil estar de acuerdo: es moralmente aceptable, evoca la justicia social y la unión de los intereses personales y particulares de cada individuo para lograr el bien de la comunidad. 
     Sin embargo, como todas las consignas, tiene el inconveniente de ser una simplificación, y diseccionándola y desarrollándola hábilmente, a todo se le puede dar la vuelta y mostrar la otra cara de la moneda…

     En este caso, la vuelta se le da contando una historia, una especie de cuento con moraleja, de lo que pasaría si se aplicase realmente esa filosofía. La historia es relatada por un trabajador de una gran fábrica, próspera y productiva, y comienza cuando es legada por el antiguo empresario, dueño de la misma, para que la autogestionen sus trabajadores, democráticamente, a modo de gran familia, o de cooperativa:

    “Creíamos que era bueno, o mejor dicho, pensamos que se esperaba de nosotros que lo consideráramos bueno. Consistía en que cada empleado en esa fábrica trabajaría según su habilidad o destreza, y sería recompensado de acuerdo con sus necesidades.”
    “De cada uno según sus capacidades, para cada uno de acuerdo con sus necesidades... Nos dijeron que formábamos una gran familia, que todos participábamos en la empresa juntos [...] ¿Cómo establecer, de un modo exacto, la capacidad de unos y las necesidades de otros?”

“Acabamos decidiendo que nadie tenía derecho a juzgar sus propias necesidades, y que era mejor votar sobre ello.”
“...nos habíamos convertido en mendigos, en unos mendigos de mala muerte, gimientes y llorones, ya que nadie podía reclamar su salario como una ganancia lícita, nadie tenía derechos ni sueldos. Su trabajo no le pertenecía, sino que pertenecía a ‘la familia’, mientras que esta nada le debía a cambio y lo único que podía reclamarle eran sus propias ‘necesidades’.”
     “Tenían que declarar sus miserias porque la moneda de aquel reino eran las miserias y no el trabajo, así que se convirtió en una competencia de seis mil pordioseros , en la que cada uno reclamaba que su necesidad era peor que la de sus hermanos.”
     “La producción de la fábrica había disminuido [...] y se llegó a la conclusión de que que alguien no había trabajado ‘de acuerdo con su destreza o capacidad’. ¿Quién era? ¿Cómo averiguarlo? La ‘familia’ votó también sobre eso. Así se determinó quienes eran los más capacitados, y a estos se les sentenció a trabajar horas extras. Horas extra sin paga, porque no se pagaba por el tiempo trabajado, ni por la tarea realizada, sino tan sólo según las necesidades.”
     “Empezamos a ocultar nuestras capacidades y conocimientos, a trabajar con lentitud y a procurar no hacer las cosas con más rapidez o mejor que un compañero. ¿Cómo actuar de otro modo, cuando sabíamos que rendir al máximo para ‘la familia’ no significaba que fueran a darnos las gracias ni a recompensarnos, sino que nos castigarían?”
     “¿Para qué teníamos que trabajar? Sabíamos que el salario básico se nos entregaría de todos modos; trabajáramos o no recibiríamos la ‘asignación para casa y comida’, como se la llamaba, y más allá de eso no habría oportunidades de recibir nada, no importaba cuanto se hubiera uno esforzado.”
      “La producción de niños fue lo único que no disminuyó, sino que, por el contrario, se hizo cada vez mayor. La gente no tenía otra cosa que hacer y por otra parte, no había de que preocuparse, ya que los niños no eran una carga para sus padres, sino para ‘la familia’. En realidad, la mejor posibilidad para obtener un respiro durante algún  tiempo era recibir una ‘asignación infantil’, o enfermarse gravemente.”
     “Pronto nos dimos cuenta de cómo funcionaba aquello. Quien quisiera jugar limpio debía privarse de todo, perder el gusto por los placeres, aborrecer el tabaco o los chicles, preocupado de que hubiese alguien que necesitara más esas monedas. Sentía vergüenza de la comida que tragaba, preguntándose quién la habría pagado con sus horas extras, pues sabía que esa comida no era suya por derecho propio y prefería ser engañado antes que engañar.[...] No se casaba, ni dedicaba demasiado tiempo a ayudar en su hogar, para no ser una carga para ‘la familia’.
      "Además si conservaba cierto sentido de la responsabilidad, no podía tener hijos, puesto que no le era posible planear, prometer, ni contar con nada. Pero los desorientados y los irresponsables se aprovecharon. Trajeron niños al mundo, se casaron y trajeron consigo a todos sus indignos parientes que tenían en todo el país, y a cada hermana soltera que se quedaba embarazada; y con el fin de obtener ‘asignaciones por incapacidad’, contrajeron más enfermedades de las que cualquier médico podía atender, arruinaron sus ropas, sus muebles y sus casas, ¡total que importaba!, ‘la familia’ pagaba todo. Así, encontraron más modos de tener ‘necesidades’ que los que nadie hubiera podido imaginar...”
    “Se nos había dado una ley con la cual vivir y que llamaba ley “moral”, que recompensaba con castigos a quienes la cumplían. Cuanto más tratábamos de vivir de acuerdo con esa ley, más sufríamos, y cuanto más la burlábamos, mayores recompensas obteníamos. La honestidad era una herramienta entregada a la deshonestidad ajena. Los honestos pagaban, mientras que los deshonestos cobraban.” 

     El texto no es mío, sino que está incluido en la novela La rebelión de Atlas de Ayn Rand, y como era bastante más largo (varias páginas) he extractado sólo los párrafos más significativos, intentando mantener el sentido general de la historia.

     Como veréis, con la suficiente habilidad, a todo se le puede dar la vuelta… ¿o no, y es que las cosas funcionarían así de verdad?

3 comentarios :

  1. En mi opinión, no creo que haga falta mucha habilidad para darle la vuelta en 1957 a un slogan de primera mitad del siglo XIX.

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  2. Yo no lo comparto.
    Que cada uno reciba según sus necesidades no quiere decir que recibirá lo indispensable para lo básico, trabaje donde trabaje. Es obvio que la necesidad básica será recompensada con su valor. Pero se te puede asignar una exigencia mayor que a los demás, entonces aunque tus necesidades básicas son las mismas tus necesidades respecto a tu trabajo son mayores.
    Te encontrarás en otro área diferente al que no tiene esa capacidad tuya, cuyo valor de trabajo si es superior se verá incrementado en lo que recibes, ya que aunmenta la necesidad.
    Luego también puede ser mayor tu capacidad, pero puede no tener mayor valor tu función al de otra persona con menor capacidad. Por lo tanto recibirás lo mismo.
    Por lo tanto tu puesto de trabajo será según tus capacidades pero no sólo recibirás según tus necesidades básicas sino también dependiendo del valor que tenga la tarea que se te ha encargado.

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  3. Es lógico. Desde un punto de vista racionalista, para aumentar los beneficios según la premisa marxista es necesario aumentar las necesidades (las miserias y las desdichas) y disminuir las aportaciones al mínimo.

    Desde un punto de vista más humanista, existe el problema de determinar qué necesidades son prioritarias, tarea que asumen los dirigentes auto-otorgándose así el poder para extraer por la fuerza los bienes que han creado los ciudadanos. Y este poder lleva consigo el problema de la intencionalidad real del dirigente, el problema sobre la óptima asignación de recursos, y la agresión sobre el ciudadano al que se le arrebatan sus bienes sin su consentimiento, entre otros problemas.

    En cualquier caso, si esa premisa se lleva al extremo, se produciria un sistema donde aportar dinero o trabajo nunca se rentabilizaría, decaerían los incentivos para producir y las necesidades crecerían hasta ser imposibles de satisfacer.

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