De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 12 de noviembre de 2012

Deadwood. El salvaje (y sucio) oeste


      Con el florecimiento de las series de TV “de calidad” era sólo cuestión de tiempo que las cadenas se decidieran a desarrollar tramas de otros géneros distintos del drama y la comedia o de las ficciones biogáfico-históricas, poco tratados habitualmente por las series, como en este caso el Western. Fue la HBO la que se decidió a asumir el riesgo y hacerlo, y lo hizo a lo grande con Deadwood.

      Deadwood fue (y es) un pueblo real en Dakota del Sur, que empezó siendo en la década de 1870 un asentamiento ilegal en pleno territorio de los Lakota (vamos los indios Sioux de toda la vida), para los mineros que acudían de todas partes del país por la fiebre del oro y acampaban en las montañas cercanas buscando el preciado metal, y que con ellos atraían a toda clase de personajes: tenderos para satisfacer sus necesidades, dueños de saloon también para satisfacer sus necesidades, prostitutas para satisfacer sus otras necesidades, predicadores, barberos/cirujanos, inmigrantes chinos… y toda una caterva de buscavidas, pistoleros,  jugadores, etc.


       En pocas palabaras, una ciudad sin ley al más puro estilo del viejo y salvaje oeste. De hecho, he leído en alguna parte que en sus inicios Deadwood tenía un promedio de una muerte al día por causas violentas, y que se estima que, de su escasa población femenina 9 de cada 10 mujeres eran prostitutas.

      En este lugar es donde se desarrolla la serie, en concreto durante los años 1876-1877, o sea poco después de que se fundara la ciudad, justo cuando la zona estaba a punto de ser anexionada al recién creado Territorio de Dakota, y justo después de que esta anexión se produjera (unos años antes de que finalmente el Territorio pasara a convertirse en un Estado más de la Unión).
      Es decir  la serie tiene un trasfondo histórico muy fuerte, casi podríamos añadirle la coletilla de “basada en hechos reales”, pues mezcla su trama con acontecimientos históricos reales, y de hecho muchos de sus personajes son personajes históricos que realmente existieron: el sheriff Seth Bullock y su socio Sol Star, el cantinero y dueño de un prostíbulo Al Swearengen, el pistolero Wild Bill Hickcok (sí, si, el famoso, el  que murió al recibir un balazo durante una partida de poker en la que llevaba lo que desde entonces se conoce como la mano del muerto: una doble pareja de ases y ochos) y sus camaradas Charlie Utter y Calamity Jean (Juanita Calamidad), Wyatt Earp (que también fue sheriff), E.B. Farnum (dueño del único hotel y luego alcalde), el pistolero Jack “nariz rota” McCall, George Crook (un oficial de caballería famoso por su intervención en las guerras contra los indios) o el que después fuera millonario (se hizo rico con las mimas de oro) y senador George Hearst (el padre del magnate de la prensa William Randolph Hearst, el Ciudadano Kane de Orson Welles).

    Todos estos personajes deambulan por la serie, algunos en papeles secundarios y otros como protagonistas absolutos y sus historias personales ficticias se mezclan con sucesos y acontecimientos históricos reales.

    Pero Deadwood no pretende ser realista sólo  por la acumulación de personajes históricos, sino también por la ambientación. Muy lejos de la versión casi aséptica de los westers clásicos (que como mucho eran un poco polvorientos) aquí se recrea con todo lujo de detalles lo que debió haber sido una ciudad sin ley como aquella: violenta, sangrienta, sórdida, y sucia, muy sucia, con calles que no eran otra cosa que cenagales embarrados y alcantarillas al aire libre, con mineros borrachos, con prostitutas baratas, etc. Un lugar donde el doctor (o el barbero/cirujano que hiciera las veces de médico) tenía su garito en el mismo callejón en el que los comerciantes chinos alimentaban a sus cerdos (y no siempre con comida para cerdos, pues eran un medio rápido y muy apropiado de deshacerse de inoportunos cadáveres a los que había que quitar del medio rápidamente). Y sí, la verdad es que ese ambiente sórdido, sucio y embarrado está bastante conseguido en la serie.

      Se supone que el protagonista de Deadwood es Seth Bullock que deja su trabajo de sheriff en Montana y llega a Deadwood para establecerse junto con su socio judío, Solomon Star, y abrir una tienda, una especie de almacén o ferretería para abastecer a los mineros. Pero Bullock pronto empezará a tener enfrentamientos con el hombre más poderoso del pueblo: Al Swearengen.

     Y digo que se supone que el protagonista es Bullock, porque el personaje realmente interesante (como suele pasar, por otra parte) es del malo de la película, en este caso Al Swearengen, interpretado por Ian McShane.

   McShane se come la pantalla y les roba protagonismo a todos los demás actores. Su personaje es uno de los mejores malos que he visto: Swearengen es el dueño del Saloon del pueblo, llamado La Gema, un lugar donde los mineros se pulen las ganancias obtenidas en las montañas: se bebe y se juega en el piso de abajo, y se pasa un rato con una prostituta en el de arriba, y no siempre en ese orden o de forma separada. Pero Swearengen es mucho más: desde su local domina completamente la ciudad, manipula, engaña o roba a los mineros o a sus viudas, ordena quitar del medio a alguien inconveniente, influye en los representantes del gobierno que llegan dado que la ciudad se va a incorporar al Territorio de Dakota,…  Como le dice a un juez:
“- ¿Quiere una mamada mientras hablamos?
- No
- No le estaba ofreciendo hacérsela personalmente.”

      Swearengen controla a casi todos (al dueño del hotel, al dueño del periódico local,…) y lo hace a través de sus hombres y de alguna de sus chicas “de confianza”, sobre todo Trixie, una de sus putas.

      Los primeros problemas entre Bullock y Swearengen se producen cuando el segundo intenta timar a Garret, un hombre de negocios de Nueva York recién llegado a la ciudad, al venderle una concesión para buscar oro en una parcela, y Alma, la mujer de Garret acaba pidiendo ayuda a Bullock.

      Pero no son los únicos dolores de cabeza que va a tener Swaerengen a lo largo de la serie, por ejemplo la llegada al pueblo de Cy Tolliver (basado en el personaje real Tom Miller) le va a plantear el problema de la competencia, pues éster abre el Belle Union Saloon, un local de juego/burdel mucho más lujoso que el local de Al, y con putas “de categoría y con clase” capitaneadas por la compañera de Tolliver y madame Joannie Stubbs.


      El caso es que llegas a empatizar con él incluso más que con el sheriff Bullock, porque ninguno de los personajes son planos y maniqueos en absoluto. Swearengen es un cabrón redomado, pero tiene sus motivaciones y su propio (aunque escaso) código de moralidad, y Bullock tampoco es un hombre exactamente modélico y es un bastante irascible y violento pese a ser un “hombre de la ley”.

      La serie tuvo sólo 36 capítulos divididos en tres temporadas de 12 cada uno, que fueron emitidas entre 2004 y 2006. Cada episodio, de algo menos de una hora de duración, cubre normalmente un día completo, del alba a la noche, de “tiempo interno de la serie”, de forma que cada temporada cubre más o menos dos semanas, la primera ambientada a mediados de 1876, la segunda a principios de 1877 y la tercera a mediados de 1877.

      Después de una primera temporada realmente lograda (que incluso logró hacerle la competencia entre los fans de la HBO a la consagrada Los Soprano, por aquel entonces un poco estancada en su  5ª temporada y que daba algunas muestras de necesitar nuevo brío) vinieron otras dos temporadas también muy alabadas por la crítica, aunque para mi gusto la tercera temporada es más floja que la primera. Aunque nunca tuvo tanto éxito de público como otras series de la  HBO como los mencionados Los Soprano o  A dos metros bajo tierra, si que logró crear un grupo considerable y fiel de acérrimos seguidores, hasta casi convertirse en una serie de culto.

      Sin embargo, a mediados de 2006 cuando todavía se estaba emitiendo la 3ª temporada, la cadena anunció que cancelaba la serie: los elevados costes de producción de cada capítulo, mucho mayores que otras series como las citadas, no justificaban la audiencia que lograban. Dado que la historia y las tramas que se desarrollaban seguían abiertas al final de la 3ª temporada, antes de la cancelación la HBO ofreció al creador David Milch la posibilidad de completar la serie con una 4º temporada más corta, de sólo 6 episodios, cosa que Milch rechazó. No obstante si que acordaron realizar 2 películas para televisión que permitieran cerrar las tramas abiertas, cosa que finalmente, y para disgusto de los fans más incondicionales, tampoco se hizo.
      Pese a que la serie no acaba (no está cerrada) y a que en mi opinión la 3ª temporada es bastante más floja, sólo por la primera temporada merece la pena ver una de las series que se ha acabado convirtiendo en uno de los buques insignias y producciones estrellas con el marchamo de calidad de la HBO, junto con otras de la talla de Los Soprano, The Wire, Breaking Bad o A dos metros bajo tierra.


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