De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

sábado, 1 de diciembre de 2012

10 estrategias de manipulación mediática


       Desde hace unos años circula por Internet un decálogo enumerando  las técnicas utilizadas por los medios de comunicación para manipular (y por ende controlar) al público. En la mayoría de los sitios se atribuye dicha lista a Noam Chomsky (cosa que él mismo ha negado), probablemente porque el nombre de Chomsky es conocido (más que el de su autor real, supuestamente un francés llamado Sylvain Timsit) lo que le daría cierta vitola de autoridad y ayudaría a confiar en una opinión “cualificada”. Además supongo que las ideas del decálogo son lo suficientemente afines o parecidas al pensamiento de Chomsky como para que resulte verosímil su autoría.

       Esta lista es bastante conocida, y la podéis encontrar en muchos lugares de Internet, así que si ya la conocéis, lo siento, no voy a desvelaros nada nuevo. También es uno de los temas predilectos de los amantes de la “teoría de la conspiración”,  sobre todo porque en muchos sitios la lista se suele complemntar ampliamente con citas y extractos del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas del que hablé en este post anterior.

       Pero dejando a un lado una visión simplista y conspiranoica, lo cierto es que hay similitudes inquietantes y bastante evidentes entre la lista recopilada por Timsit y lo que vemos cada día a poco que tengamos los ojos y los oídos abiertos.

       Que cada cual le de el valor que quiera darle y la verosimilitud que le merezca. Transfiero aquí (el texto en azul) el decálogo:


1. La estrategia de la distracción.


       El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

      ¿Cuántas noticias y publicaciones sobre la vida de fulanito de tal hay? ¿Cuántas veces un escándalo tapa otro? ¿Cuántas veces se lanza una oportuna cortina de humo o se amplifica una noticia, unas declaraciones, un suceso, para que el público se lance a hablar de ella, como un cebo,  distrayéndolo de otros temas? ¿No ha sido muy oportuno para quien gobierna en Cataluña que en durante las pasadas elecciones se hablase de la independencia en vez de hablar de su gestión al frente del gobierno, de los recortes que ha hecho y de las medidas que ha tomado?
   ¿Cuántas páginas de periódico, y horas de televisión y radio se invierten en hablar de fútbol, incluso en los informativos, aunque ni siquiera se haya jugado un partido? Que cada cual se alegre de lo que quiera, (dejando incluso de lado la irracionalidad que supone enorgullecerse de algo de lo que no se es responsable o en lo que ni siquiera se ha participado) pero ¡que bien viene que la gente sólo piense y hable de la victoria de su equipo, del Mundial, de la Eurocopa, o de la última victoria de Nadal o Alonso!


2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. 

       Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. 
      Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. 
     O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


      No hay nada mejor que crear una sensación de inseguridad, inestabilidad o peligro para que sea el propio público el que pida “medidas” y sacrifique libertad por seguridad, o sus derechos por una supuesta estabilidad.


3. La estrategia de la gradualidad. 
 
       Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

      No hay nada mejor que lanzar un globo sonda con una medida alarmante e inaceptable, para que la gente se encarnice e indigne hablando de ella (estrategia de la distracción) y así luego poder aplicar la medida que desde el principio se quería aplicar y suponga un recorte menor, pero “aceptable”. Ya se ha creado el clima propicio para que pensemos “por lo menos no es tan malo como parecía”.

      Si quieres bajar el sueldo un 20%, probablemente los afectados protestarán mucho y sonoramente. Es mucho más aceptable empezar congelándolo, luego bajarlo un 5%, al año siguiente quitar la paga extra, y así sucesivamente,.. Igualmente con la subida de los impuestos, del precio de la electricidad, el número de años necesarios para calcular el importe de tu pensión (hasta el 85 era de 2 años, hasta el 97 fue de 8 años, hasta ahora han sido 15 años, y ya está aprobado que para el 2022 sea de 25 años).


4. La estrategia de diferir.

        Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. 
    Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento. 

     Es jodido que te suban la edad de jubilación, pero aunque doloroso, es necesario (o mejor imprescindible) y bueno, al fin y al cabo todavía nos quedan bastantes años para que los sintamos en nuestras propias carnes ¿no?
          Y a lo mejor para entonces la situación ha mejorado, o al menos ya nos habremos hecho a la idea.


5. Dirigirse al público como a criaturas de poca edad.

       La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad mental, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante.


      No permitas que piensen como adultos, las cosas y los problemas son muy complicadas como para que “la gente” las entienda, y es por su bien que unos pocos seamos las mentes pensantes que entendemos el problema y podemos resolverlo. No hace falta que te preocupes de eso: es por tu propio bien y además no lo entenderías.
     Mensajes claritos y sencillos, para todos los públicos: en vez de hablar a los adultos de la subida del IVA, háblales que  van a subir el precio de las chuches (¿os suena?).

      En vez de discutir con el adversario político, utiliza siempre la técnica del “y tu más” cuando te critiquen por algo, como si de una pelea en el recreo en  un patio de colegio se tratara.


6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

      Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos… 
 
      Esto es casi la definición literal, de diccionario, de demagogia. ¡Siéntete orgulloso de tu país, de tu comunidad autónoma, de tu ciudad, de tu equipo o de tu selección! Quien lo critique, aunque sea fundamentada y razonadamente es un "anti-lo-que-sea".

      Si aquí estamos mal, es por culpa de otrom siempre: ellos son los malos, buscarse un enemigo externo siempre es bueno. Ese otro puede ser el que gobernaba antes (¿os suena lo de la “herencia recibida”?) o el que gobierna en otra parte (¿os suena lo de “España nos roba”?)



7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

 
      Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.


   No inviertas en investigación. Recorta en educación, de forma que la calidad mínima de la educación, la que reciben las clases sociales inferiores, baje, y que la única manera de que sea buena es que se la costee el que pueda hacerlo, de esa forma la brecha entre la educación que reciben las élites minoritarias y la que recibe la mayoría aumentará.
     Oculta el conocimiento económico profundo en la educación pública no vaya a ser que empiecen a comprender cómo funcionan las cosas realmente.
     No emitas documentales en los que se expliquen didácticamente los avances científicos o la tecnología: son aburridos, nadie los entiende y total la gente no los ve y no dan audiencia ¿no? Y si quieres tener una cierta aureola de cultura, emite documentales, pero que sea a horas intempestivas, o que sean de animalitos (los leones del serengeti acechando gacelas vienen muy bien para echarse la siesta) o docu-realities de pescadores en alta mar o de cuadrillas de leñadores lanzándose palabrotas entere ellos.


8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
 

      Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

      Ser culto no mola. El que sabe de algo o es un aburrido, o un friki, o peor, alguien que se cree superior… y por todo ello merece escarnio. Que la gente se enorgullezca  públicamente de “ser un negado para las matemáticas/informática/ciencia/lo-que-sea” no sólo es aceptable, es guay. Mola mucho más entender de moda, de “tendencias”,… donde va a parar. ¿No es mucho mejor que tus ídolos sean la princesa del pueblo, Paquirrín o un futbolista que no sea capaz de hilar dos frases seguidas que por ejemplo un premio Nobel?
      ¿No es mejor emitir un reality show o un programa con contertulios chillando e insultando que un documental una buena película o un concierto? Aunque tengas una docena de cadenas disponibles para ti solito:  Si no tenéis  evidencias suficientes, poned la tele, da igual que sea una cadena de la familia Tele 5, Antena 3, o casi cualquier otra.


9. Reforzar la autoculpabilidad. 

       Hacer creer al individuo que solamente él es el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. 

     Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución.

      ¿Os suena aquello de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”? Pues no creo que hagan falta muchos más ejemplos.


10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

       En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.


      No creo que se limite sólo a la biología o a la psicología. Poco a poco hemos ido suministrando información sobre nosotros, desde mucho antes de que existiera Internet, algunas veces por obligación (¿cuántos datos nuestros hay en los impresos de la declaración de hacienda, o en cualquier otra solicitud oficial?) y otras por propia voluntad (nuestros hábitos de compra deducibles al pagar con tarjeta, las tarjetas de fidelización de clientes, etc.).
     En este sentido Internet sólo ha facilitado las cosas, y las redes sociales aún más. Que cada cual las utilice como quiera, que se oculte tras un avatar y un pseudónimo o que vaya a cara descubierta. Quizás esta enorme mina de datos que ponemos a su disposición es otro mecanismo de control sobre nosotros, Internet está más sometida a control de lo que creemos y no es tan “libre” como pensamos y todo esto de las redes sociales no es más que un gran experimento de las elites para controlarnos. Se me está disparando el nivel de paranoia…
      Quizás sea al revés y precisamente sea un arma que podamos utilizar como defensa y por eso cada vez más hay críticas despectivas de los medios “tradicionales” sobre que hoy día cualquiera con un teléfono con cámara y con un blog o un twitter puede hacer de “periodista”, y que la información puede que no esté contrastada, o simplemente que sea intencionadamente maliciosa. ¿Acaso hay alguna diferencia en esto con un medio de comunicación tradicional? (Salvo el número de fuentes y el escaso control que tienen sobre ellos).

        Y este es el famoso decálogo.



       Antes de que me llaméis paranoico o conspiranoico, os recuerdo que ya dije al principio que hay que huir de la versión simplista que se desautoriza a si misma. Por “visión simplista” me refería a la idea de que haya una o varias personas que manejan todos los hilos en la sombra, hacen y deshacen a su gusto, y dominan el mundo y lo gobiernan como si se tratara de una máquina de precisión perfectamente engrasada. Evidentemente no es tan simple. La realidad es mucho más compleja, la ingería social dista tanto de ser precisa que casi no merece llamarse ingeniería, y las acciones y reacciones no son tan perfectamente predecibles.

Pero… algo hay. Evidentemente hay un grupo numeroso (pero relativamente pequeño si lo comparamos con el total de la población) de personas que son los verdaderos amos del mundo, la élite, que aunque puede que no controle, al menos si que influye bastante en el rumbo que toma la sociedad. Y lo hace a través de los medios de comunicación y de los gobiernos.

      No, no son los gobiernos los que nos gobiernan realmente. Estos se ven influenciados por el poder económico en la sombra y por las televisiones, radios o periódicos de cara al público. Pero lejos de la visión “romántica” e idealista del periodismo (de hace un siglo), como garante de la libertad y como contrapoder, más bien, hoy en día (aunque creo que fue así desde siempre) es al contrario: forma parte también del poder económico porque es el poder económico quién controla al periodismo: simplemente preguntaos, en última instancia tras la maraña de grupos de comunicación, sociedades participadas, bancos, etc ¿quién está detrás de las radios, los periódicos y las televisiones?

      Como dijo el periodista polaco Ryszard Kapuściński:

“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.”


1 comentario :

  1. Lo conocía. Te deja helado de lo verdadero que parece (porque lo es).

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