De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

jueves, 13 de diciembre de 2012

Enter The Void ¿Se puede filmar la propia muerte?


       No se si se puede filmar la experiencia de la muerte de uno mismo y contarla desde dentro, en primera persona, y salir airoso, pero eso es lo que Gaspar Noé intenta hacer en Enter The Void, una de las películas más raras e inclasificables que he visto nunca.

    La historia es aparentemente simple: Óscar es un joven occidental que sobrevive en Tokio desde hace algún tiempo, buscándose la vida y trapicheando a veces con drogas, para poder pagárselas, pues también es consumidor.
      Tiene un grupo de amigos y conocidos también occidentales con los que se relaciona, entre ellos Alex un pintor medio hippie, y Victor que vive con sus padres.

   Óscar es huérfano desde niño, cuando sus padres murieron en un accidente y tiene una hermana menor, Linda a la que está muy unido y de la que prometió que nunca se separaría, pero que acabaron en hogares de acogida distintos al quedarse huérfanos.

      Una vez establecido en Tokio, Óscar convenció a su hermana para que se viniera a vivir a Japón con él, y desde hace algún tiempo ella trabaja como bailarina en un club de striptease llamado Sex Money Power, con cuyo dueño está liada.




      Una noche Victor lo cita en un garito de mala muerte llamado The Void (algo así como “el vacío”) para venderle droga, pero es una trampa: por venganza (debido a algo que no desvelaré pero que se cuenta en la película) Victor ha avisado a la policía que los está esperando. Cuando la policía va a detener a Óscar, a este le entra pánico y en parte por su imprudencia y la estupidez de su reacción y en parte por accidente, acaban disparándole en los servicios.

      No os preocupéis demasiado, lo que he contado no llega ni a cubrir los primeros 30 minutos de una película que dura más de 150, y además gran parte de ella la ocupan una escena de los cuelgues de yonki de Óscar y una escena en la que Victor comenta con su amigo Alex el Libro tibetano de los muertos (el Bardo Thodol).
      Desde que Linda (interpretada por Paz de la Huerta, a la que descubrí en Boardwalk Empire, donde es la amante de Nucky Thompson) llegó  a Tokio, Alex pretende, sin mucho éxito, ligársela, y mientras habla de ella con su hermano para que le facilite las cosas, le va explicando e interpretando a su manera el Bardo Thodol, libro que le ha prestado a  Victor para que lo lea.

       Se supone, o eso es lo que le explica Alex, que el libro detalla los estados por los que se transita el alma una vez se ha producido la muerte, desde la contemplación de uno mismo fuera del cuerpo hasta la reencarnación pasando por la visión de la luz interior, el recuerdo de la vida pasada, el errar por el mundo apegado a los seres queridos, etc. Además también nos enteramos de que Óscar, siempre curioso y deseoso de probar nuevas drogas, ha conseguido finalmente probar el DMT, a la que llama la droga más potente que existe. Según parece el DMT (Dimetiltriptamina) se encuentra de forma natural en la ayahuasca, y los indios de la amazonia lo usan como alucinógeno en ceremonias rituales, extrayéndolo de las lianas de dicha planta. No en vano ayahuasca significa literalmente “la soga de los muertos” porque los indios creen que es la cuerda que mantiene atado el espíritu al cuerpo y que, cuando se consume, le permite salir de él sin que el cuerpo muera, y experimentar lo que experimentaría un espíritu sin cuerpo, mientras que cuando una persona muere, el espíritu se libera porque esta cuerda se ha roto.

      Cuento todo esto porque lo que pretende Noé poner en imágenes es precisamente esto: no sólo la experiencia alucinógena de la droga, sino la experiencia “real” del espíritu liberado del muerto, y a la que el consumo de la droga, al parecer, se asemejaría bastante.

      Las películas (pocas) de Noé siempre han sido muy impactares y no sólo visualmente: las primeras, Carne y su continuación Solo contra todos contaban con rudeza una historia ruda; la más conocida, Irreversible, polémica sobre todo por la famosa escena de la violación (que a mi no me pareció de hecho lo más duro de la película) ya introducía una forma de narrar muy particular: música y ruidos estridentes, encuadres poco convencionales, orden cronológico inverso, y además con ritmo decreciente (las primeras escenas, es decir las últimas cronológicamente, tiene un ritmo desenfrenado y mareante, y a medida que nos vamos acercando a las últimas, o sea las primeras cronológicamente, cada vez es más lento, pausado y relajante).

      Como os podéis imaginar, esta no es una excepción, porque lo que define a la película y donde está su mayor interés es en la manera tan peculiar de narrar en imágenes que usa Noé, ya desde los títulos de crédito inciales: estroboscópicos, parpadeantes, estridentes, y no recomendables para un epiléptico.

   Durante la primera parte, todo lo que el espectador ve y sabe lo hace a través de la perspectiva del protagonista, bien porque lo veamos todo desde su perspectiva subjetiva (la cámara es el punto de vista de Óscar), bien porque sabemos lo que piensa gracias a una omnipresente voz en off que nos va narrando sus pensamientos.
     Rara vez vemos la cara del protagonista, y cuando la vemos es porque él se ve a sí mismo reflejado en un espejo. Lo único que vemos es o bien lo que él ve, o lo que él percibe consumiendo la droga, o bien su nuca, pues la cámara (siempre cámara en mano, incluso en los travelings) sigue a Óscar desde atrás.

      A partir del momento del tiroteo, esa voz en off que es la conciencia desaparece, y empieza la orgía visual.

     A partir de ahí hay largísimos planos-secuencia que nos van llevando a través de la noche de Tokio acercándonos a escenas en la que aparecen los amigos de Óscar y vamos viendo lo que les sucede: se supone que lo que vemos es lo que ve el espíritu de Óscar, todavía apegado a sus seres queridos.

      La mayoría de estas escenas están rodadas en perspectiva cenital, usando planos picados, y así “volamos” viendo las calles de Tokio desde arriba, o las habitaciones cerradas donde ocurren las escenas, también desde “el techo”.




      El Tokio que se enseña en esta película no es exactamente el que verían los turistas normales (vamos, que esto no es Lost in Translation, ni lo que aparecería en el publireportaje que haría Woody Allen si hiciese un “Midnight en Tokio”  o un “A Tokio con amor”).

     Aquí no aparecen hoteles de lujo, monumentos o karaokes, aquí aparece el otro Tokio, que si eres un turista un poco “aventurero” puedes llegar a entrever: clubs nocturnos, tugurios, Love Hotels, etc.



       Siguiendo con la idea de mostrarnos las etapas por las que pasa el espíritu tras la muerte, también vemos escenas pasadas de la vida Óscar, su infancia con su hermana, el accidente de sus padres, la “luz interior”, hasta vemos una sesión de ginecólogo y la concepción de una nueva vida.... Y todo ello “desde dentro” y en primera persona, en una orgía de imágenes alucinante…



      Como dije al principio es una de las películas más inclasificables que he visto nunca.

       Filmaffinty lo intenta y la encuadra dentro de los topics: Drogas (si, trata de los efectos de las drogas), Cine experimental (desde luego), Surrealismo (por la orgía de imágenes también podría ser), Película de culto (también podría llegar a convertirse en una), y Erótico (bueno, hay escenas de sexo explícito, y de desnudos, al fin y al cabo Linda trabaja como bailarina de striptease, pero creo que Paz de la Huerta aparece más tiempo desnuda en Boardwalk Empire que aquí, por ejemplo, así que no, no creo que sea una película erótica). 

      En cualquier caso, inclasificable, no se si buena o mala, pero no te dejará indiferente: al menos merece el calificativo de "interesante".
     






No hay comentarios :

Publicar un comentario

Ya que has llegado hasta aquí, no te cortes y deja tu opinión: será bienvenida.