De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Carretera. Dios no existe y nosotros somos sus profetas

       Pasó la famosa y fatídica fecha del  21-12-2012 y el apocalipsis maya no llegó (ni ningún otro). Así que para compensar un poco tanto subidón de dulzura y buenos sentimientos navideños que nos han invadido una vez nos hemos olvidado del fin del mundo, de los mayas y de su calendario, voy a hablar de un libro apocalíptico (y su adaptación al cine) que me leí hace algunos años.
 
El libro

     The Road, La Carretera en su edición española, está ambientada en un mundo postapocalíptico, donde el mundo ha sufrido un misterioso cataclismo que ha arruinado el planeta por completo. El cielo es siempre gris y plomizo, el sol raramente brilla, la tierra está calcinada y los bosques son sólo grandes cementerios de árboles muertos. Llueve ceniza habitualmente, las estaciones se han reducido a un invierno más o menos frío según la época del año, y cada año que pasa los inviernos son más duros. Las plantas han muerto casi todas, y las que aún no lo han hecho lo están haciendo, y como consecuencia los animales también lo están haciendo. Y con ellos la civilización.

      La humanidad ha sido casi exterminada por completo, y los que no han muerto desearían haberlo hecho ya en su mayoría, pues se saben muertos en vida, viendo un tiempo prestado hasta que todo acabe definitivamente, agarrándose a la supervivencia desesperadamente y luchando contra el hambre y el frío desesperadamente.


      En este mundo desolado, un hombre y su hijo pequeño vagan por una carretera interminable hacia el sur, siempre hacia el sur, con la difusa e insegura esperanza encontrar inviernos menos duros y de alcanzar el mar, luchando por mantenerse vivos un día más, por encontrar comida, por hallar un refugio seguro cada noche,... y por no encontrarse con otros.


      Porque en este mundo el hombre no es más que otro depredador para el hombre, pero no en un sentido metafórico. Una vez despojados de nuestra delgada capa de seres civilizados, la humanidad, los escasos representantes que aún quedan de ella, vagan por este mundo desolado como pequeñas manadas de animales supervivientes, aún a costa de otros grupos o seres solitarios que quedan y que tengan la mala fortuna de cruzarse en su camino. Los más débiles, los viejos, los enfermos, los solitarios, son presa fácil. Los más fuertes han formado grupos de bandidos, manadas de depredadores, que no dudarán un instante en tratarte como una presa. Estos bandidos no solamente te robarán la poca comida que puedas llevar si es que tienes la suerte de tener alguna, porque tú mismo eres la fuente de comida más obvia y abundante que tienen a su alcance.
“-¿Qué es lo más valiente que has hecho nunca? -escupió una flema sanguinolenta en la carretera.
–Levantarme esta mañana –dijo.”
     Así es el mundo en el que se desarrolla La Carretera, uno de los libros más devastadores desasosegante y deprimentes que he leído. En este escenario los protagonistas son un padre, su hijo, y el amor que siente por él y que es lo único que lo mantiene vivo, luchando, y le da fuerzas para no rendirse, como tantos otros (incluida su mujer) hicieron mucho tiempo antes que él.
“Sólo sabía que si hijo era su garantía. Dijo: 'Si el no es la palabra de Dios, es que Dios nunca habló'”.
      Porque él suyo es un mundo sin dioses donde sólo su hijo es su esperanza: “Donde los hombres  no pueden vivir, los dioses no salen mejor parados”.

      Como el padre le dice al hijo, ellos son “los buenos”, los “portadores del fuego” frente a los otros, los malos tipos que pueblan lo que queda del mundo:
“-Tienes que llevar el fuego.”
- No se cómo.
- Si, lo sabes.
- ¿Es real?¿El fuego es real?
- Sí lo es.
- ¿Dónde esta? No se dónde está.
- Si que lo sabes. Está dentro de ti. Siempre ha estado ahí. Puedo verlo.”
      A lo largo de las doscientas páginas escasas que tiene el libro los protagonistas son el padre, el niño, y el hambre, o mejor dicho la necesidad omnipresente de encontrar algo que comer, o de conservarlo todo lo posible una vez se ha encontrado, representada por un destartalado carrito de hipermercado que empujan cargado con todo lo que han encontrado y les puede ser útil.

     Prácticamente no hay nada vivo que cosechar, recolectar y cazar, así que buscan desesperadamente conservas en despensas de casas abandonadas, en antiguos supermercados, en máquinas expendedoras de gasolineras... cualquier cosa que haya podido quedar abandonada, y que milagrosamente nadie haya encontrado ya antes. Los diálogos entre los personajes son cortos y aparentemente escuetos,  engañosamente sencillos, en especial las respuestas del chico, que suele acabar las conversaciones con un lacónico “vale”, como si no fuera necesario decirse mucho más entre ellos. Pero son más profundos de lo que parecen. Un ejemplo: “Dios no existe y nosotros somos sus profetas”.
“- ¿Y cómo vive?
 - Voy tirando. Sabía que esto iba a pasar.
 - ¿Sabía que iba a pasar?
 - Sí. Esto o algo parecido. Siempre creí en ello.
 - ¿Intentó prepararse?
 - No. ¿Qué se podía hacer?
 - No lo se.
 - La gente siempre se afanaba para el día de mañana. Yo no creía en eso. Al mañana le traía sin cuidado. Ni siquiera sabía que la gente estaba ahí.
 - Imagino que no.
 - Aunque supieras que hacer luego no sabrías que hacer. No sabrías si querías hacerlo o no. ¿Y si no quedaba nadie más que tú?¿Y si te hacías eso a ti mismo?
 - ¿Usted desearía morir?
 - No. Pero quizá desearía haber muerto entonces. Cuando estás vivo siempre tienes la muerte ahí delante.
 - O quizás desearía no haber nacido nunca.
[...]
 - Cómo lo sabría si fuera el último hombre sobre la Tierra? –dijo.
 - No creo que pudiera saberlo. Lo sería y ya está.
 - Nadie lo sabría.
 - Eso  no tendría ninguna importancia. Cuando mueres es como si todo el mundo se muriera también.
 - Supongo que Dios si lo sabría, ¿no?
 - Dios no existe.
 - ¿No?
 - Dios no existe y nosotros somos sus profetas.”
        Y también están los otros... los que se van encontrado por el camino, siempre de forma no deseada, pues son una continua amenaza, real o potencial: o bien son bandidos dispuestos a tenderles una emboscada, o bien supervivientes tan desesperados como ellos  que considerarán robarles si creen que pueden salir bien parados, o bien gente con la que no pueden cargar. Porque una de las cosas más deprimentes de la historia es ver como el corazón del hombre se ha endurecido tanto por la necesidad de sobrevivir que ya no distingue a “los buenos” de “los hombres malos”, en la terminología que usa con el niño: todo el mundo es una amenaza, porque aunque no pretenda robarles ni matarles, no pueden cargar con ellos. Como dice el hombre:
“Si los problemas llegan cuando menos te lo esperas entonces quizás lo que hay que hacer es esperarlos siempre.”
       Uno de los grandes aciertos de McCarthy es no ser específico en casi nada en cuanto a que ha pasado, dónde ha pasado y cuando ha pasado: la novela podría estar ambientado mañana mismo, o en un  futuro muy reciente, dentro de 10 años, o de 20, de la misma forma a como podría haberlo estado hace 10 años. Intuimos que están en algún lugar probablemente del centro de los Estados Unidos (aunque no se nos aclara) únicamente porque el camino más corto para llegar al mar, al Golfo de México, según el destrozado mapa de carreteras que el hombre del lleva consigo es ir hacia el sur. No conocemos que ha pasado para llegar a esa situación ¿una guerra nuclear? (no se habla de ella ni de sus secuelas como la radiación en ningún momento) ¿Una epidemia a escala mundial? (no se mencionan enfermedades, virus ni contagios) ¿Un desastre ecológico de algún tipo? (podría ser, pero tampoco se cuenta nada al respecto)... No hay nada más que la devastación presente, sin explicaciones. Digo que creo que es un acierto, porque probablemente si McCarthy hubiera incluido alguna de esas explicaciones, la historia se podría haber interpretado como un alegato antibelicista, o ecologista, y haberse teñido de algo que no es, de algo que el autor no quiere que sea. Al autor no le interesa eso, le interesa contarnos otras cosas.

      Por ello no creo que clasificarla como una historia de ciencia ficción sea demasiado acertado. Como tampoco lo es clasificarla como de terror, aunque haya situaciones que podrían encuadrar perfectamente  dentro de libro de terror, y desde luego la historia provoque horror entre otras cosas (aunque a mi lo que me provocó fue sobretodo desasosiego y desesperanza, si es que existe esa palabra). En cualquier caso es un libro bastante  inclasificable, en el que debajo de una historia con estructura de aventura poco menos que épica para los personajes y elementos de horror se esconden también matices casi líricos.

     Por no decirnos, no se nos dicen ni los nombres de los protagonistas. Son solamente el hombre y el chico, el padre y el hijo. Lo poco que el autor nos revela (hace más o menos 10 años que todo empezó, no sabemos cuanto exactamente pero fue en la época en la que nació el niño) lo sabemos por los recuerdos del padre, que lo suelen asaltar en forma de sueños, o más bien de pesadillas, que él trata de evitar, de olvidar:
“-Sólo recuerda que las cosas que pongas en tu cabeza estarán ahí para siempre.-dijo- Puede que quieras pensar sobre eso.”
-Pero olvidas algunas cosas ¿no?
-Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar.”
       Leí esta novela por primera vez hace unos años porque un amigo me recomendó entusiastamente al autor Cormac McCarthy, como uno de los mejores escritores actuales. De hecho lo que me recomendó fue que leyera Meridiano de sangre, o alguna de su Trilogía de la Frontera (Todos los caballos bellos, En la frontera, Ciudades en la llanura) pero yo buscaba No es país para viejos, pues acababa de estrenarse su adaptación al cine (por los hermanos Coen) que acababa de ver y me había gustado. No obstante, con la que primero me topé en la librería fue con La Carretera, probamente porque era su último libro, publicado el año anterior, y que acabada de ganar el premio Pulitzer... No me arrepentí de habérmelo llevado a casa.

La película

      Después me enteré de que iban a hacer una adaptación al cine, y me temí lo peor. Lo primero que pensé es que iban a hacer una película del estilo de El último hombre vivo, o de Soy leyenda (algún día hablaré de cómo se puede llegar a masacrar y desvirtuar tanto un buen libro como ese al hacer una película), es decir, algo así como un mundo tipo Mad Max, poblado de seres semi-zombies o algún disparate similar.

     Poco después me enteré de que el protagonista iba a ser Viggo Mortensen (vale, no pinta mal), y Charlize Theron (¿cómo? ¡Chungo! ¡Pero si no sale ningún personaje que se pueda clasificar como protagonista femenino?) y que la iba a dirigir un tal John Hillcoat (bueno, mira, esto no estaba mal, porque resulta que este tipo no era un total desconocido para mi: había dirigido La Propuesta, una película australiana que era una especie de western atípico, violento y descarnado que se desarrollaba en la Australia de finales del siglo XIX que yo había visto y me había parecido, al menos, interesante.)

     Y la verdad es que cuando se estrenó La carretera (película) y fui a verla mis peores temores no se hicieron realidad.
      Es una de las adaptaciones más fieles al libro que he visto nunca, probablemente porque al ser un libro corto, y con pocos personajes, al convertirlo en guión de cine no han tenido que renunciar a demasiadas cosas para pasar de un medio a otro, como suele ocurrir.
<<<  ¡Atención, Spoilers! >>>
Quién no haya visto la película no debería leer esto. Pero si has visto la película y no has leído el libro, puedes seguir leyendo: ya te has desvelado tú solito lo suficiente del libro como para que no importe.


      Probablemente lo más sobresaliente y lo grado de la película sea la ambientación (las imágenes que he usado para ilustrar el post están sacadas de la película): ese tono grisáceo, oscuro y deprimente que impregna todo el libro se traslada a la pantalla mediante una fotografía apagada, plomiza y oscura, pero que le va perfectamente al tono de la historia. La devastación, la precariedad y la carestía están muy bien reflejadas. además añade el sonido y los silencios, esos crujidos y ecos en los parajes muertos y abandonados, que o no están o no se remarcan tanto en el libro.

       De los actores, sin duda me quedo con Viggo Mortensen, que está bastante convincente en su papel del padre (habría merecido por lo menos estar nominado al Oscar), y con Robert Duvall, que tiene el papel secundario y breve de “El viejo”. Charlize Theron no lo hace mal tampoco, pero la verdad es que es un añadido, casi en su totalidad, un invento de la película.

       Y el niño al menos no desentona, cosa bastante habitual en el cine con los niños, probablemente porque durante toda la historia (como en el libro) se nos lo retrata en un estado como de perpetuo shock, de no saber muy bien que ha pasado ni que va a pasar, sin ganas de hablar demasiado, porque tampoco hay mucho que decir. Sin  embargo cuando su personaje se revela y tiene que reaccionar, el actor no lo hace mal.

      Probablemente quien busque una película con “acción” saldrá decepcionado, y pensará que en esta película no pasa nada o casi nada. Eso es porque respeta el espíritu del libro: casi más importante que las peripecias que les pasan al padre y al hijo (que las hay) es su historia de amor incondicional. Casi más importante que la acción son los interludios y los silencios que hay entre ellas. Digamos que si que pasan cosas, pero no en la superficie.

    He preferido hablar de la película y del libro en el mismo post porque de hecho son muy parecidas, mucho. ¿Cuáles son las diferencias? Pues son pocas, pero alguna hay:

   La principal es la madre (Charlize Theron) metida aquí mediante flashbacks en los recuerdos y ensoñaciones del padre, y que está mucho más presente que en la novela, donde prácticamente no existe.

     También está más explicado (aunque no se si mejor), más detallado, más didácticamente como la permanente necesidad de sobrevivir del padre y de proteger a su hijo está pasándole factura, y lo está deshumanizando. En un momento dado de la película el niño le recuerda  al padre que él siempre le está diciendo que son los buenos, los “portadores del fuego” y que son diferentes de los otros, de los malos, pero cuando el padre, por desconfianza crónica y por egoísmo nacido de la escasez y la necesidad no quiere ayudar a otra buena persona, el niño se lo reprocha y le dice que quizás ya no sabe distinguir a los buenos.

       Hay escenas de tensión y de verdadero horror, relacionadas con los bandidos que sobreviven gracias al canibalismo (en particular la de la granja del sótano), pero curiosamente, para ser una película relativamente lenta en lo que a escenas de acción y de terror se refiere, se deja alguna de las que están en el libro, que son incluso más fuertes e impactantes que esa (recuerdo por ejemplo la de la hoguera con el espetón para asar que encuentran abandonada). Son escenas de horror no tanto por lo gore de lo que se ve, sino por lo que implican si lo piensas detenidamente.


     No obstante, y aunque lo intenta, la película no siempre consigue trasladar toda la intensidad y la profundidad del libro, como por otra parte suele ser habitual. Sin embargo, no es una mala película en absoluto.

     Tanto la película como el libro tiene un final relativamente esperanzador, pues la primera ha respetado el del segundo, pero también lo suficientemente abierto: siempre le puede quedar al espectador la duda de si la familia del final (padre madre y dos hijos) es una salvación, al menos temporal, o si es una trampa y lo que quieren es comida. Particularmente pienso que es lo primero, y más en el caso de la película, que ha incluido el detalle del perro, no presente en el libro ¿qué clase de gente iba a tener perro aún estando muriéndose de hambre, sino “buena gente”?.

      No es que se trate de un final feliz exactamente: parece que lejos de estar organizándose en algo vagamente civilizado, la humanidad se está desintegrando. Incluso nada nos garantiza que los pocos supervivientes que quedan, buenos o malos no acabe muertos al cabo de meses o años. Básicamente el mundo se ha ido a la mierda y ya nada volverá a ser como era antes, por mucho que lo añoremos, lo perdimos para siempre:

"Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo.”
  

3 comentarios :

  1. Seldon, como siempre, excelente análisis de libro y peli.
    Pues sí, como has comprobado en mi blog, el libro no me gustó nada...el abuso (para mí) de repetición de frases y expresiones hizo que no me metiera como es debido en la historia y me provocó rechazo...y mira que el libro es corto, pero no me quedaron ni ganas de releerlo a ver...
    Este es uno de los pocos casos en que la película me gusta bastante más que el libro (otro es, por ejemplo "La pianista" de Jelinek, versión en cine de Haneke). La película sí me transmitió todo lo que el libro (conmigo) no consiguió, para no repetir, pues todo de lo que tú hablas en tu entrada. Y es cierto es una adaptación muy buena, supongo que como dices, por lo corto que es el libro.
    Pues eso, por mi parte recomiendo la peli pero no el libro...por otro lado, es sólo mi opinión.

    Lo que tengo claro es que si me pilla algún día un Fin del Mundo de estos, por favor que yo caiga rápido porque por todo eso no quiero pasar...
    ;)

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  2. Seldon, por cierto, aunque no tenga mucho que ver con este libro...a ver si por causalidad te has leído tú un libro muy inquietante que leí hace tiempo y no conozco a nadie que lo haya hecho, se llama "Bajo la pies" de Michel Faber. Es de esos libros que si se leen sin saber casi siquiera de qué van muchísimo mejor. A mí me gustó y me sorprendió mucho.
    Te dejo el enlace de mi blog para que veas por lo menos la portada ya que no es casi ni reseña porque no supe cómo contar algo sin contar nada jaja...
    Diría que mezcla la ciencia ficción y el terror (o por lo menos yo lo sentí).
    A lo mejor lo leíste, ya me dices...
    ;)

    http://viajesdesdelsillon.blogspot.com.es/2008/10/bajo-la-piel-de-michel-faber.html

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  3. Genial, mi película y libro favoritos bien analizados.

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