De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

martes, 4 de diciembre de 2012

Touch. El hilo rojo del destino


     Pocas veces he visto una serie que comience de una forma tan potente, con un capítulo piloto tan prometedor, y caiga en la monotonía por repetición una y otra vez del mismo esquema y por estiramiento artificial de la trama que esta. Y no ha hecho falta ni segunda temporada: sólo con ver algunos capítulos de la primera ya te empiezas a preguntar ¿pero vais a resolver algo o sólo iréis acumulando coincidencias imposibles episodio tras episodio? Y con unos cuantos más empiezas a sospechar la respuesta: No.

     Pero el primer capítulo es brillante. Francamente notable.
     Así que vamos a comenzar por lo bueno: Existe una leyenda oriental que viene a decir que al nacer, los dioses atan un hilo rojo al tobillo de las personas que están destinadas a encontrarse en un futuro, en alguna circunstancia particular para ayudarse o influirse de alguna manera. Este hilo invisible siempre mantiene en contacto (“in touch”, de ahí el nombre de la serie) a las personas  predestinadas y se puede estirar y tensar según las circunstancias, pero nunca se puede romper. Y básicamente de eso va la serie: de coincidencias imposibles... imposibles a no ser que creas la leyenda, claro.




      Martin, interpretado por Kiefer Sutherland, es un viudo cuya esposa murió en las torres gemelas el 11-S, y que trabaja en el aeropuerto, en el departamento de equipajes. Tiene un hijo de 11 años, Jake que no habla (nunca lo ha hecho desde que nació) ni permite que nadie (ni siquiera su padre) le toque.

      El niño, (que supongo que padece algún tipo de autismo, aunque en la serie no lo aclaran demasiado) está obsesionado con los números, los patrones numéricos..., y con los móviles: se pasa el día escribiendo números y se dedica a jugar con los teléfonos móviles perdidos y no reclamados que su padre le trae de su trabajo.

      Jake está durante el día en un centro especial, mientras su padre trabaja, del que ya se ha escapado varias veces, siempre a la misma hora (3:18) sin que nadie sepa muy bien por qué ni para qué. Su padre, Martin, se pasa la serie intentando convencer a los servicios sociales de que no le quite la custodia de su hijo, y de que pese a ser un padre viudo, puede cuidar perfectamente de él.

      Aunque Jake no ayuda demasiado: sigue escapándose y no parece hacer ningún progreso para comunicarse con los demás (o permitir que le toquen), ni siquiera su propio padre. Aunque eso si, demuestra ser tremendamente hábil y es capaz de resolver tests o puzles y de utilizar sin problemas gadgets tecnológicos como las tablets.

      Martin acaba dándose cuenta de que hay asombrosas coincidencias numéricas que son sobre las que su hijo le llama la atención con su comportamiento, como si el niño quisiera que su padre hiciera algo para hacer posible la coincidencia, hacer que dos personas se encuentren, o impedir que algo ocurra. Y convence de ello también a una de las asistentes sociales que cuidan del niño en el centro, Clea, a la que convierte en su aliada en su lucha por mantener su custodia frente al estado, y también frente a su inquietante cuñada, la hermana de su difunta esposa, que también quiere tener la custodia del niño.

      Si quieres disfrutarla, la serie te pide que te conviertas en creyente. Creyente en el sentido de aceptar sin cuestionártelo demasiado las imposibles (más que improbables) coincidencias que se dan entre la vida de las personas repartidas por todo el mundo: un operadora de atención al cliente de una compañía telefónica en Dublín, cuyo hobbie es cantar, un muchacho en Iraq que para conseguir dinero para comprarle un horno nuevo a su madre acaba relacionándose con terroristas, un ejecutivo que viaja por todo el mundo, un par de lolitas japonesas vestidas a lo cosplay que graban y suben videos a internet, un antiguo bombero de los que participó en el rescate del 11-S y que lleva 11 años jugando obsesivamente  a los mismos números de la lotería,.... y así sucesivamente.

      Todas estas personas están de alguna manera relacionadas, en contacto, predestinadas a influir las unas en las otras sin ni siquiera conocer de su existencia. Como metáfora perfecta, hay un móvil perdido en el aeropuerto donde trabaja Martin, un smartphone con cámara, que va dando tumbos por el mundo de forma aparentemente casual y en el que cada persona que lo encuentra graba un vídeo y ve los videos que los demás han dejado, como una especie de “testimonio” antes de “pasarlo” para que acabe en manos de otro.

      De hecho todas estas personas están relacionadas por medio de ese misterioso hilo rojo del destino del que hablaba la leyenda, y aunque Martin no los conoce, ni sabe de sus existencia, acaba conociendo a Teller, un misterioso profesor ya retirado interpretado por Danny Glover, que le revela que ciertas personas, ciertos niños especiales, si que son capaces de percibir esos hilos, de reconocer patrones ocultos, y que actúan con las personas de la misma manera que los controladores aéreos con los aviones: manteniéndolos “encaminados” y en su senda correcta, es decir, procurando que el contacto se produzca cuando debe.
       Y su hijo es uno de esos niños, y todo lo que hace lo hace para llamar la atención del padre sobre cosas que debe hacer o evitar que ocurran, para favorecer tales contactos en el momento oportuno.

     El creador de esta serie es Tim Kring, el mismo que creó Héroes (serie que se prolongó de 2006 a 2010), y mucho me temo que va a repetir todos los vicios de aquella, otra vez.
     Si entras al juego, y no te cuestionas demasiado la verosimilitud de la historia, el capítulo piloto llega a resultar fascinante, peeeero....
     El pero viene porque son una docena de capítulos en la temporada, que se emitieron en 2012, y ya han renovado para, al menos, una segunda. Y cuando capítulo tras capítulo te vuelven a presentar otro nuevo conjunto de vidas cruzadas, otro conjunto de números diferentes y de coincidencias inverosímiles, y al pobre Shuterland intentado pelear por la custodia al tiempo que aguanta las tonterías del niño intentando adivinar qué coño quiere que haga en esta ocasión, pues que queréis que os diga, la cosa se vuelve un poco repetitiva, por muy bonitas (que lo son) que sean las historias. Jake, el niño, que empieza dando un poco de grima, se acaba convirtiendo simplemente en odioso: dan ganas de ponerle una correa al cuello para que no se escape y de arrearle dos buenos sopapos para que diga que cojo### quiere de una vez. Hablar no habla, pero cada capítulo comienza y termina con un monólogo del niño, una parrafada místico-filosófica que ya aparecía en cada capítulo de Héroes, ¡igualita!, ¡clavadaza! Muy bonita y trascendente, pero perfectamente superflua.
      No es que la serie se derrumbe ya en el segundo episodio. No,  no es eso. Es más bien algo gradual. Para irle dando un poca de vidilla al espectador, historias personales de algunos personajes que parecía que habían quedado abandonadas en episodios anteriores, reaparecen, de forma que vas identificando algunos personajes secundarios recurrentes que sirven para ir hilvanando una trama, un argumento general a lo largo de toda la temporada, que va más allá de la trama episódica de cada capítulo y que hacen que te preguntes por ciertos misterios que se van sugiriendo (¿los números aparentemente aleatorios forman una secuencia con un significado oculto?) , y revelando, sobre todo por parte de Teller, como por ejemplo ¿hay más personas como Jake?
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     El problema es que a fuerza de repetir esquemas en cada capítulo se va volviendo repetitiva, y que, por supuesto, esa trama general de la serie no se te va a desvelar, y vas a llegar a un último episodio completamente abierto: lógico pues hay que estirar más la cosa con una segunda temporada, y mientras la audiencia aguante, una tercera o una cuarta y así sucesivamente...

     Y así lo que comienza siendo algo notable y brillante, poco a poco va pasando a interesante, y a pasable, calificativo con el que me quedo, al menos de momento, con una única temporada emitida. O sea justo lo que pasaba con Héroes, la serie anterior de Kring: una idea original y brillante prolongada, alargada y repetida hasta la nausea puede llegar a convertirse en algo cansino.


4 comentarios :

  1. OK, me hago a la idea con lo que dices de Héroes (en cuanto empezó la 2ª temp la tuve que dejar por aburrimiento).

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  2. A mi me ha gustado la primera temporada aunque si es verdad que durante varios capitulos peca de repeticion de lo mismo, aunque si es verdad que en los ultimos avanza un poco en la historia de fondo. Espero que la segunda temporada mejore en ese aspecto, porque la serie me parece mas que decente.
    Como dices el capitulo piloto es sensacional.
    Y destacar la banda sonora y la cabecera de la serie, me encantan!.
    Saludos!.

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  3. me gustó la primera temporada, espero que la segunda se mucho mejor ya que me encanta ver este tipo de tramas.

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    Respuestas
    1. Ojala la segunda sea buena, Rosario. Saludos

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