De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

jueves, 24 de enero de 2013

El nombre del viento


      No soy un lector demasiado aficionado a la literatura fantástica (de esa de magia y brujería, capa y espada) entre otras cosas porque, a diferencia de lo que ocurre con la Ciencia Ficción (de la que si me considero un lector asiduo), en la que no hay un autor o autores que despunten tan claramente sobre el resto, estando la cosa mucho más "dispersa" y "repartida", creo que la Fantasía moderna (quiero decir, dejando de lado cosas como la literatura gótica del romanticismo, las paranoias de Lovecraft  y cosas así) tiene el grave problema de que a mediados del siglo pasado llegó un señor llamado Tolkien y les puso a los demás el listón demasiado alto.

      A partir de El Señor de los Anillos, los nuevos autores tiene que luchar o bien por no imitar a Tolkien, cosa difícil a la par que arriesgada) o por imitarlo y que por muy bien que lo hagan se arriesguen a ser calificados con un "Sí, pero... no es Tolkien." Aunque evidentemente no estoy diciendo que todo desde entonces haya sido dessdeñable ni que no pueda haber libros que merezcan la pena.


     Este libro de Patrick Rothfuss llegó a mis manos  no tanto por su gran éxito como best-seller, -del cual, todo sea dicho, no era demasiado consciente- sino porque varias personas sin relación entre ellas me lo recomendaron insistentemente. Así que estas pasadas Navidades, como disponía de tiempo libre, me puse a ello.

¿De que va el libro?

     Bueno, pues básicamente es una historia narrada en primera persona, y en pasado, a modo de un gran flash-back, sobre los primeros años de la vida de Kvothe, el protagonista. Kvothe es una figura legendaria, un héroe casi mítico, de la que se cuentan multitud de historias y hazañas, con un halo cuasi mitológico, en las que nadie sabe muy bien cuanto hay de verdad y cuanto de exageración.
“Sí, soy un mito. Un mito muy especial que se crea a sí mismo. Las mejores mentiras sobre mí son las que yo mismo he contado."
      Sin embargo Kvothe sigue vivo, escondido o viviendo de incógnito por propia voluntad una vida anodina de ciudadano anónimo. Hasta que lo encuentra y lo identifica otro personaje, una especie de escribano itinerante, llamado Cronista, que recorre el mundo registrando historias, y que lo convence para que le cuente su verdadera historia, la real, libre de adornos, mentiras, medias verdades y exageraciones.
“Existe una conexión fundamental entre lo que uno parece y lo que uno es. Todos nos contamos una historia sobre nosotros mismos. Siempre. Continuamente. Esa historia es lo que nos convierte en lo que somos. Nos construimos a nosotros mismos a partir de esa historia”
      Y este es el grueso del libro: la historia de sus primeros años, y sus andanzas como artista en una troupe de artistas de feria itinerante, como mendigo, como ladronzuelo, como niño prodigio, como músico y como aprendiz de mago (o arcanista, por seguir la terminología del libro) en la Universidad (que es como se denomina en el libro justamente a eso: una institución donde se reúne, compendia y enseña el conocimiento y el saber). Tampoco quiero ser más específico ni contar mucho más para no desvelar la trama y estropeársela a los futuros lectores.

      Si que os puedo decir que la historia se desarrolla en un mundo fantástico y ficticio, con su propia geografía, historia, lenguas, culturas, reinos e imperios, en el que la magia está presente como algo residual y semioculto, conocida y manejada sólo por los arcanistas, y a los que los demás, el común de los mortales, mira con cierto recelo, aunuqe se aprovechen y usen en su vida diaria sus frutos: cosas que sólo los arcanistas pueden fabricar. Es decir que la magia no es lo que domina ese mundo de fantasía, pero si es un elemento importante dentro de la historia.

      Me recuerda en cierto modo a Ursula K. Le Guin y sus historias sobre Terramar, donde la magia se basa en conocer el verdadero nombre de las cosas. No el nombre que los hombres les dan en sus distintas lenguas, sino el nombre verdadero de las cosas, y esa es la sabiduría de los magos: una vez se conoce el nombre de algo, se le puede invocar, y ejercer cierto control sobre ello. Pues aquí es parecido, pero con los arcanistas. De hecho de ahí viene el título de la novela: el protagonista anhela conocer el nombre del viento para poderlo llamar y controlar.
“Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. Los nombres tienen poder, y las palabras también. [...] Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. Un nombre es el fuego en sí.”
      Pero además aquí la magia se mezcla con elementos y explicaciones más o menos “científicas”, a falta de un adjetivo mejor, como por ejemplo los vínculos que los arcanistas aprenden crear entre cosas similares (por su semejanza, su composición, o por ser la una parte de la otra) y las transferencias de energía de una fuente de energía (de calor) a un objeto o persona (a través de los vínculos), o el estudio de las runas y su efecto sobre las cosas donde se graban, o el estudio de lo que podríamos llamar química o alquimia, etc. Y esas son el tipo de enseñanzas que se imparten en la Universidad a la que el protagonista aspira a ir, y finalmente consigue asistir.

      También supongo que puede haber ciertas semejanzas con la saga de Harry Potter,  por aquello de que al fin y al cabo son historias sobre un niño prodigio que asiste a una escuela/universidad para aprender magia/el arcano, y donde despierta a partes iguales recelos o envidias y simpatías entre sus profesores y compañeros. Pero no creo que la semejanza pase mucho de ese punto, aunque tampoco lo se, pues no he leído a J.K. Rowling.

     Las comparaciones con George R.R. Martin también pueden hacerse, pero creo que son aún menores los puntos de coincidencia: las tramas (y sobre todo los personajes) de Canción de Hielo y Fuego me parecen mucho más elaboradas, ricas y complejas que las de este libro.

      Y por supuesto queda la comparación por antonomasia: con Tolkien. En este caso se parecen en el hecho de intentar crear un mundo con una mitología, un folklore, una geografía y una historia propias, y por ser una historia de crecimiento y transformación personal del protagonista, de maduración al fin y al cabo. Pero por un lado Tolkien es mucho más exhaustivo, en todo. Donde él te cuenta con pelos y señales las dinastías, las batallas o los personajes históricos, Patrick Rothfuss apenas te los insinúa y esboza. Mientras que Tolkien se explaya a gusto describiendo el territorio, la geografía y los accidentes de la Tierra Media, aquí apenas tienes nociones de donde están las cosas o las distancias entre ellas (de no ser por el consabido mapita al inicio del libro que además dista bastante de ser detallado). Esto no tiene porque ser un demérito en si mismo para el libro, de hecho imagino que para muchos será al revés, porque lo convierte en algo más liviano, accesible y fácil de leer si lo comparas con las prolijas y copiosas descripciones y disgresiones de Tolkien.

      Porque eso si que hay que reconocérselo. El libro es muy ameno y fácil de leer. A pesar de ser un tocho considerable de más de 800 páginas. Pero la forma de narrar que tiene Rothfuss y la estructura (con capítulos muy cortos que más que alentarte a dejar de leer te alientan a comenzar una nuevo en cuando has acabado el anterior) favorecen el que se lea muy rápido, incluso para mi, que habitualmente soy un lector más bien lento.

      Lo cual no quiere decir que el libro no tenga ideas ni pensamientos profundos (algunos lo son, y bastante), sino que está escrito de manera sencilla y muy abordable (de hecho a veces usa expresiones muy coloquiales –bueno, la traducción- del estilo de “salir a toda pastilla” y similares, que me desconciertan bastante por la falta de costumbre en este tipo de libros, normalmente más solemnes) con un estilo, en general, poco enrevesado...
“Los huesos sueldan. El arrepentimiento perdura para siempre.”
“El día en que empezamos a preocuparnos por nuestro futuro es el día que dejamos atrás nuestra infancia.”
“Una llamada de ayuda atrae a los depredadores como el olor de la sangre transportado por el viento.”
... a veces humorístico...
“—Hoy, maestro, he aprendido por qué los grandes amantes tienen mejor vista que los grandes eruditos.
 —Ah, ¿sí? Y ¿por qué es, Bast?
[...]
—Verás, Reshi, todos los libros interesantes se encuentran en lugares interiores y mal iluminados. En cambio, las muchachas adorables suelen estar al aire libre, y por lo tanto es mucho más fácil estudiarlas sin riesgo de estropearse la vista.”
... y otras muy poético:
“Espero que pasaran esas últimas horas a gusto. Espero que no las malgastaran en tareas tontas como encender el fuego o trocear las verduras para la cena. Espero que cantaran juntos, como solían hacer. Espero que se retiraran a nuestro carromato y que pasasen un rato el uno en los brazos del otro. Espero que después se tumbaran lado a lado y hablasen en voz baja de cosas sin importancia. Espero que estuvieran juntos, amándose el uno al otro, hasta que llegó el final. Es una esperanza pequeña, y en realidad absurda, porque de todas formas están muertos. Pero yo lo espero.”
      En general, y pese a que quizás en algunos momentos pueda parecer que la historia esté un poco más “diluída” de lo que debiera, merece la pena. Ahora bien, de ahí a compararlo con Tolkien (bueno, con El señor de los anillos y El Hobbit, claro, con el resto no hay problema: sale ganando) o con R.R. Martín y pretender que salga ganado en la comparación me parece un poco exagerado. Con Le Guin no sabría que decir, pues  la Le Guin que escribe historias de Fantasía no es mi favorita: refiero con mucho su faceta como autora de CF.

      En cualquier caso, está muy bien, y más para ser una primera novela, pues al parecer es el primer libro que escribe (o al menos que le publican) el tal Rothfuss. Eso si, una de las partes negativas que tiene es que se trata de una trilogía. De hecho el antetítulo del libro es Crónica del Asesino de Reyes: Primer Día, y al poco de comenzar a leer nos enteramos de que cuando Kvothe accede a contar su historia a Cronista, le deja muy claro que va a tardar 3 días en hacerlo. Lo que le cuenta durante el primer día es básicamente el contenido del libro, de ahí el título.

      Y además es una trilogía de las que te deja completamente a medias (o más bien a tercias en este caso, si es que el palabro existe) al terminar la primera parte: no hay final de la historia, hay que continuar con el siguiente si quieres saber en que queda la cosa. Pero no hay problema: yo ya le tengo echado el ojo al segundo, El temor de un hombre sabio, que es aún más largo que el primero: más de 1200 páginas. En cuanto al tercero, que yo sepa, aún no se ha publicado.




 

1 comentario :

  1. A mí me encantó, me parece un libro sobresaliente, y creo que con el tiempo se convertirá en uno de esos libros imprescindibles. De hecho creo que ya tiene esa etiqueta ganada a pulso.
    Eso de comprarlo con Tolkien me parece demasiado excesivo.
    Me leí la segunda parte en cuanto acabé este primer libro, y la verdad es que es muy bueno, pero baja un poco el listón.
    A la espera estoy de que saquen el tercer tomo, a ver como acaba la historia.
    Saludos!!

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