De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 18 de febrero de 2013

Hitchcok. ¿Y si un buen director hiciera una película de terror?

      No entiendo el porqué de algunas críticas tan malas que se está llevando esta película. Evidentemente, no es una película de Alfred Hitchcock, ni por su estilo ni por su calidad, pero eso ya lo sabíamos. Ni siquiera es una película sobre el personaje del orondo director (uno de los mejores de toda la historia del cine universal), porque realmente no es un biopic al uso, y no te cuenta su vida y circunstancias de forma exhaustiva: si te acercas a esta película esperando aprender mucho sobre Don Alfredo puede que te lleves un chasco, aunque algo sí que aprenderás. En realidad Hitchcock es una película sobre una de sus obras maestras: Psicosis. Hitchock es el making-of, convertido en ficción de, Psycho, su 53ª película (o la 49ª si exceptuamos las perdidas y las incompletas de sus primeros años).

      Con 60 años cumplidos, en la cumbre de su éxito (acababa de estrenar un taquillazo de la época: Con la muerte en los talones), rico (sin llegar a ser millonario), tremendamente popular (hacia su aparición en una serie de televisión semanal, algunos de cuyos episodios dirigió él mismo), y convertido en un verdadero icono en todo el mundo, Alfred Hitchcock empieza a buscar un tema para su próxima película, normalmente entre novelas u obras de teatro, pues no demasiadas veces usaba guiones originales: Hitchcock era un Director, punto. No producía, no escribía, no componía la música... simplemente dirigía.


      Y la inspiración aparece cuando llega a sus manos la última novela, recién publicada, de un prolífico pero poco apreciado (literariamente hablando) escritor de terror, crímenes, fantasía y ciencia ficción: Robert Bloch, habitual de las ediciones populares en rústica; vamos lo que en nuestros días sería un escritorzuelo de best-sellers. La novela era Psycho, (como de costumbre en Bloch, escabrosa)  y estaba basada lejanamente en los crímenes del asesino en serie Ed Gein, muy conocidos por le juicio que había tenido lugar un par de años antes, incluso por el propio Alfred Hitchcock, pero a él le llamó la atención la novela, no la historia verídica. Curiosamente esta película empieza con Ed Gein y su hermano, como si se tratase de una película sobre él, y hace un homenaje a la famosísima serie de televisión Alfred Hitchcock Presenta, con la aparición del propio director hablándole a la cámara y dirigiéndose directamente al espectador, tal como ocurría en TV.

      Cuando rescata una sinopsis, ya descartada por el departamento de guiones, Hitch queda prendado ante el informe en el que se detalla el motivo por el que la descartaron:
"Elementos gráficos de violencia brutal, voyeurismo, travestismo e incesto. ¡Que bonito!"
      Y aquí es donde empiezan los problemas. Sólo Hitch cree en el proyecto, nadie más, ni su mujer Alma, ni sus colaboradores. En un diálogo de la película se dice:
-  ¿Estás seguro? No es propio de ti.
-   Ese es precisamente el motivo, querida.
     Ni por supuesto, las distribuidoras. Los ejecutivos de la Paramout, a la que por contrato debía una película, desdeñosamente descartan su proyecto porque la película iba sobre...
"...un marica que mata a gente vestido con la ropa de su madre."
     Gracias a su obstinación, a su prestigio y a su propio patrimonio (hipotecó su casa) llega a un acuerdo con la Paramout para financiar él mismo la película, y que la distribuya la compañía.

      A los primeros a los que tiene que convencer es a su propio entorno. Sus colaboradores piensan que no es una película de su estilo, pero Hitchcock quiere innovar:
"El estilo, querida, es un mero autoplagio."
      Y también está Alma Reville, su esposa, la mujer de su vida, con la que compartió todo desde que se casó a los 27 años hasta que murió a los 80.
      Ella siempre fue su ayudante y colaboradora, pero siempre en la sombra, fue la verdadera “alma” (perdón por el juego de palabras facilón) de muchas de sus producciones, colaborando en los guiones, en los rodajes, en el montaje, pero nunca acreditada desde que  su marido abandono Inglaterra y comenzó su carrera americana. Y de hecho la película es más sobre Alma que sobre Alfred.
      O mejor dicho, sobre su matrimonio, ya largo por aquella época (35 años) y sobre las tensiones entre ambos, las manías y obsesiones del director, y las frustraciones de su esposa. Bajo la trama principal del making-of de Psicosis se esconde la historia de este peculiar matrimonio de vejetes y sus problemas, celos y rencillas.

     De hecho Alma también opina que es un proyecto arriesgado e impropio de su marido ¿una película de terror?, Pero como el propio Hitch le dice:
"Pero... ¿y si un buen director hiciera una película de terror?"
     La película (Hitchcok, no Psicosis) es entretenida, de hecho muy entretenida. con un guión lleno de réplicas ingeniosas. Probablemente lo sea aún más para los fans del director y para los amantes Psicosis, pero no creo que haya que ser ninguna de las dos cosas para disfrutarla. Funciona y es razonablemente buena por si sola, por eso decía al principio que no entiendo muy bien la negatividad de algunas críticas. Durante las peripecias del rodaje muestra muchos de los tópicos y elementos que esperas encontrar sobre Hitchcok...
...sus manías (sí, nuevamente queda muy claro su obsesión con las actrices rubias. Resulta que al hombre le gustaban las tías rubias macizas más jóvenes que él,...¡pero que tío tan raro debía ser!, a no ser que por ser inglés, calvo, viejo y barrigón no pudieran o debieran gustarle, claro.)
...su humor socarrón (cuando intenta obtener el sello de aprobación para distribuirla acreditando que cumple con el código de censura, el código Hays, el censor se indigna al enterarse de que quiere mostrar en pantalla un inodro, y cuando Hitch le explica que es vital para la trama, y el porqué necesita mostrarlo, se produce este diálogo:
-Ninguna película americana ha necesitado jamás mostrar un inodoro. Y mucho menos tirar de la cadena, señor Hitchcok.
- Entonces, a lo mejor deberíamos hacerla en Francia y mostrar un bidé.
...O su consumado talento para vender su producto al público y hacer que el público lo desee. Por ejemplo, es bien sabido que como Janet Leight, la protagonista de Psicosis moría en el primer tercio de la película, cosa sorprendente que nunca se había hecho, el director obligó a las salas en que se exhibía  la película a no dejar entrar (ni salir) a la gente una vez comenzada la proyección, incluso aunque tuvieran que contratar guardias de seguridad extra, para que no se desvelara el misterio. Lo que normalmente no se dice tan a menudo (y aquí sí que se explica) es que esto no fue más que una estrategia comercial a la desesperada para que el boca a boca funcionase: Hitchcock se encargó de publicitar esas instrucciones mucho y de forma muy efectista, porque cuando la Paramount vio la película terminada, decidió distribuirla a un número bajísimo de salas. Hitch necesitaba desesperadamente que la gente hablase de su película aún antes de haberla visto.

      Y por supuesto, mientras nos cuentan los problemas de la vida personal del director y su mujer en su matrimonio, vemos la recreación de las escenas más famosas de Psicosis.

    Cine dentro del cine,  con una atención especial a la famosísima escena de la ducha, que fue un quebradero de cabeza desde que Hitchcock tuvo que convencer al censor con su proverbial humor socarrón (“No estará desnuda. Llevará un gorro de ducha.”) hasta a la propia Janet Lieght (“¿Cómo lo va a hacer? De aquí para arriba [señalando a su pecho] no soy precisamente plana ¿sabe?”), y finalmente provocando el estado de terror necesario en la actriz para que resultase creíble.



      En cuanto a los actores, precisamente uno de los que menos me gusta es Anthony Hopkins.

    Mientras que Helen Mirren está impresionante haciendo de Alma -y confirmando aquello de que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer- creo que se trata de un icono tan conocido y reconocible que disfrazar a Hopkins con papada, barriga y calva postizas no es suficiente para convertirlos en Alfred Hitchcock.

     Y no es que lo haga del todo mal, pero...

 
     Del resto las interpretaciones me gusta sobre todo Scarlett Johansson haciendo de Janet Leight.

    Jessica Biel está correcta como Vera Miles, y en cuanto a James D’Arcy la verdad es que realmente creo que se dedica a interpretar más bien a Norman Bates, el personaje, que a Anthony Perkins, el actor que le dio vida.

     No me resisto a comentar mi escena favorita de todo el film: en el estreno de Psicosis, el maestro sale de la sala, y se queda esperando en el vestíbulo, atento a oír la reacción del público ante la icónica escena de la ducha. Nosotros no vemos la escena de la película, sólo vemos a Hitchcock gesticulando, como si un director de orquesta se tratara, dirigiendo las oleadas de gritos que se oyen –en los momentos precisos en el que él los quería provocar- procedentes del interior del patio de butacas, intercalado con planos de las caras de horror de los espectadores. Y todo ello ante la atónita mirada de un empleado del cine que estaba barriendo el vestíbulo. Sencillamente magistral, no se puede decir más con menos.

     ¿Qué Hitchcock no es demasiado exacta? ¿Qué no es muy precisa biográficamente hablando? ¡Pues claro hombre!, es una película, no un documental sobre Alfred Hitchcock. Por supuesto que tiene incoherencias e inexactitudes.

      Quizás haya una parte importante de ficción en la película que la aleja de la veracidad de un documental, como por ejemplo las intervenciones de su esposa: una cosa es que Alma ayudara y otra que, como lo pintan en la película, prácticamente fuese la que decidió cosas tan importantes como incluir la famosísima música de violines de Bernard Herrman en la escena de la ducha, o que casi le hiciera el montaje a su marido.

    O sin ir más lejos: Pat, la inseparable hija del matrimonio, que hasta apareció interpretando un papelito en Psicosis: aquí se olvidan completamente de ella, como si Alma y Hitch fueran un matrimonio sin hijos.

    Pero todo esto, aunque le reste exactitud a la película, no le resta valor, ni la hace menos entretenida, ni más aburrida...

      Por cierto, no os perdáis el chiste final, (no os preocupéis, no lo cuento ni es un spoiler) cuando el maestro del suspense se vuelve a dirigir a la cámara para confesarle al espectador que está falto de inspiración y no acaba de encontrar tema para su nueva película, pero que ya se le ocurrirá algo: al más puro humor estilo Alfred Hitchcock.




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