De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 14 de abril de 2013

Black Mirror. CF de la buena


     Black Mirror es una serie británica de ciencia ficción, y aunque efectivamente se le nota lo segundo (lo de británica, por la ambientación, el estilo y la manera en que está rodada) no parece ni lo primero ni lo último.

     No parece una serie porque en realidad no lo es. Está formada por dos temporadas de tres episodios cada una, pero los episodios son completamente independientes, no comparten ni argumento, ni personajes, tienen un todo distinto cada uno, y ni siquiera se desarrollan en un “universo” común. Realmente son como pequeñas (de unos 45 minutos de duración) películas para TV independientes entre sí.

     Y no parece ciencia ficción porque aquí no hay naves espaciales, ni robots, ni viajes en el tiempo,... y sin embargo, es ciencia ficción. En general los episodios ocurren en un futuro muy cercano (te da la sensación de que los avances tecnológicos que se muestran en pantalla podrían estar disponibles a la vuelta de la esquina) e incluso algunos podrían ocurrir en el presente.  Porque la CF es un género fundamentalmente de ideas, de preguntarse “¿Que pasaría si....?¿Cómo sería el mundo?¿Cómo viviríamos?

     Y esto es lo que hace la serie. Realmente lo más interesante de cada episodio no es la historia que cuenta en si, sino el debate que abre o puede abrir. Porque lo que tienen en común todos los episodios es nuestra relación, un poco (o más bien bastante) enfermiza con la tecnología, con los medios de comunicación, con las redes, etc. y como por una parte somos totalmente dependientes de ellos y por otra los efectos perniciosos que pueden llegar a tener según como las usemos.


     No voy a meter demasiados spoilers ni a revelar el final de los episodios, pero si quiero contar que va cada uno, revelando el planteamiento inicial de su argumento, así que avisados quedáis....

     El primer episodio se titula El himno nacional, y probablemente es mi preferido, por lo verosímil que resulta, y porque no se desarrolla en el futuro, ni siquiera cercano: no es necesario ningún avance tecnológico que no tengamos ya para que pudiese ocurrir lo que aquí se cuenta, que fundamentalmente es la retorcida reacción que puede llegar a tener la gente gracias a los medios de comunicación tradicionales (la televisión) y a las redes sociales ante una situación extrema.
     La historia que plantea es que un miembro de la familia real británica, una princesa muy querida por el público, es secuestrada y el secuestrador sólo pide una cosa para liberarla, un acto de humillación extrema: el primer ministro tendrá que tener sexo con un cerdo, real, sin trucos ni dobles, y este deberá ser televisado ante todo el país, sin cortes.
     Ante esta nueva forma de terrorismo, como lo empiezan a denominar los medios de comunicación, la reacción de dichos medios es curiosa: primero deciden no informar, para no seguirles el juego, pero luego alguien rompe el fuego, y claro... la cobertura es masiva. Y la reacción del público, de la gente normal también evoluciona de una forma curiosa: primero es lógica y razonable (“¡Que barbaridad!, Pobre hombre, ¿pero cómo va a hacer semejante cosa? Es impensable"), luego de empatía (“Si finalmente llega a hacerlo, este hombre es un héroe, se está sacrificando en una humillación pública, está salvando a la princesa...”) y luego retorcida y perversa (“¡Pero que egoísta!, como todos los políticos, por su culpa van a matar a la princesa. Tampoco es para tanto ¡Que lo haga!, ¡que lo haga!”).

     El segundo episodio (15 millonesde meritos) es para mi gusto el más flojito de todos. Probablemente porque es el más típico, y quizás el más alejado del presente, de la actualidad. Es la típica distopía futurista, en la que vemos una sociedad de borregos completamente subyugada por los concursos de talentos televisados de del estilo de Factor X, American Idol y demás, en los que se somete a los concursantes al escrutinio y al escarnio del público voluble, que puede pasar de entronizarlos como ídolos a la humillación más absoluta, ayudados por el típico trío de jueces un poco cabroncetes.
      Además, los concursantes son conejillos de indias, como hormiagas en un terrario o ratones en una jaula, encerrados en una especie de  comunidad a lo Gran Hermano, en la que viven. Obtienen puntos (los famosos “méritos” a los que hace referencia el título) pedaleando día tras día en unas bicicletas estáticas (un detalle un poco absurdo para mi gusto: se lo podrían haber currado un poco más los guionistas), y gastan estos mismos puntos en pagar sus necesidades (como la comida que comen) o sus pequeños caprichos dentro de su jaula de cristal (los juegos que juegan, la música que escuchan, o incluso el porno que ven).

     Cuando uno de estos concursantes tiene “ahorrados” bastantes de estos méritos, puede pagar con ellos para costearse el ir al concurso de talentos, a cantar, a bailar, o a hacer un número de magia: lo que sepan hacer. Pero lo más retorcido es que ellos mismos, mientras son ratones en la jaula esperando saltar a la fama, son también parte del público del concurso, de los que, llegado el caso, juzgan y humillan a aquellos de sus congéneres que intentan pegar el salto.



      Tu historia completa, el tercer y último episodio de la primera temporada, plantea una cuestión curiosa: ¿Qué pasaría si todos nosotros tuviésemos implantado en nuestro cuerpo un chip, un dispositivo que nos permitiese grabarlo todo, lo que vemos y lo que oímos, y llevarlo siempre con nosotros, como un gran disco duro, con todo accesible y clasificado, de forma que cuando lo deseáramos pudiésemos recordando, reproduciendo, dónde y cuando queramos, las partes que nos apeteciesen? A priori, parece algo muy útil, pero ¿cómo lo usaríamos? ¿Se obsesionarían algunos con sus “mejores momentos” del pasado y los estarían viendo siempre?
    Pero eso de tenerlo todo grabado, todo disponible, puede ser fatal para alguien un poco paranoico: una mirada fugaz, o un gesto de tu pareja hacia otro puede avivar una sospecha... y algo que en condiciones normales probablemente olvidarías y te dirías a ti mismo que lo has malinterpretado, ahora, con ese chip, está siempre accesible, y puede ser revisado una y otra vez, sólo para asegurarte,... ese recuerdo, o cualquier otro relacionado, sólo para comprobarlo... en busca de lo que no hay, o de lo que puede que haya.


      La segunda temporada comienza con Ahora mismo vuelvo, y tiene un tono parecido al anterior.

      En un mundo completamente dominado por los teléfonos inteligentes, los portátiles y las tabletas, en las que todos estamos permanentemente conectados a redes sociales en los que llegamos a volcar parte de nuestra existencia, una parte virtual, ¿qué pasaría si existiese un programa que permitiese simular virtualmente esa personalidad a partir de los miles de comentarios y posts que una persona ha ido dejando en las redes? ¿Y si además de simular sus pensamientos y su personalidad hasta el punto de poder contestar correos electrónicos o de mantener una pseudoconversación coherente por chat, se pudiese simular su voz, o su imagen y sus gestos a partir de los cientos de videos que la persona ha ido subiendo a la red?

      Nuevamente a priori podría llegar a ser un servicio muy útil, por ejemplo para recordar a personas fallecidas, y que sus seres queridos puedan, al menos virtualmente, tenerlas presentes e interactuar cuando ya no están entre ellas.
     Pero ¿Y si se pudiera ir más allá? Podría llegar a resultar bastante enfermizo “hablar con los muertos” como si estuvieran vivos.

     Oso Blanco es uno de los episodios más perturbadores, por el estilo narrativo, y por lo que plantea: un retorcido sentido de la justicia, de la forma de hacer justicia.

     El episodio está planteado más como una historia de terror que de ciencia ficción: empieza con una mujer despertando desorientada en una casa, que no reconoce. No sabe donde está ni quién es, ni que ha pasado. Tiene flashes intermitentes en los que ve a un niñita que podría ser su hija, en la pantalla del televisor solo hay un extraño símbolo blanco sobre fondo negro,...
     Inquieta, sale de la casa y se cruza con un montón de gente que ignora sus peticiones de ayuda: son sólo mirones, que se limitan a hacerle fotografías o grabarla en video con sus teléfonos móviles. Pero pronto se encuentra con algunos personajes siniestros, encapuchados con un pasamontañas con el mismo símbolo que aparecía en el televisor, o con caretas ridículas de animales, y estos personajes simplemente tratan de matarla, ante su estupor y pánico, y ante la mirada impasible del resto de la gente, que se limita a fotografiarlo y grabarlo en video. Y comienza a huir de ellos, como una presa huyendo de sus cazadores.


      Y el último episodio, al menos por ahora: El momento Waldo, es otro de mis preferidos. Realmente podría desarrollarse en el presente, con la tecnología actual. ¿Qué pasaría si un programa de TV de entretenimiento creara un personaje virtual, una imagen generada por ordenador, al que da vida y personalidad un cómico con su voz y sus gestos? Este es el famoso Waldo, un muñecote, una especie de oso color azul turquesa, gamberrete, soez, grosero, deslenguado, y muy cachondo.
      Todo un éxito de la cadena, al que el público adora por su desenfado y por no tener pelos en la lengua, capaz de poner en apuros a cualquiera durante una entrevista virtual, por ejemplo a un político, pues no tiene reparos en decir cualquier cosa (que en el fondo puede ser lo que todos piensan pero una persona real no se atrevería a decirlo a la cara) y no duda en poner en ridículo y descolocar a quien sea.

       Pero lo interesante de la historia viene cuando un político local dimite por un escándalo y hay que re-elegir al nuevo representante del distrito, y a la elección se presentan los políticos profesionales de siempre, una joven novata un tanto ingenua intentando cambiar las cosas,... y también Waldo ¿por qué no? Las normas no lo prohíben, puede presentarse, participar en debates con los otros candidatos, la gente puede votar por él,... y la gente lo adora. La cadena de TV piensa que puede ser divertido, una  buena broma para poner en evidencia la política y el sistema.
     Pero claro, otros, de los poderosos, de los que mandan de verdad y manejan los hilos detrás de la cortina, sin que nadie los elija ni los vote, se dan cuenta de que esto puede resultar muy útil, que puede ser un arma de demagogia muy poderosa. Y el cómico que le da vida a Waldo también se da cuenta de que lo está utilizando y de que la broma puede que esté llegando demasiado lejos, pero él puede negarse... o no, al fin y al cabo, es sólo un personaje, y cualquier otro con menos escrúpulos que él puede darle vida.
      Por cierto, me encanta el final de este episodio, oscuro, sombrío,... una muestra de lo que podría llegar a pasar si... (es decir básicamente como ocurre con todos los episodios de la serie).


3 comentarios :

  1. Actualización Diciembre 2014: el especial navideño "White Christmas" es sencillamente magistral. Uns olo episodio con tres historias (aparentemente) independientes. Para mi gusto mejor que cualquiera de los episodios anteriores. Mejor que cualquier película que haya visto este año.

    ResponderEliminar
  2. Halaaaaa, superar a los anteriores?? No veo la hora de echármelo a los ojos.

    ResponderEliminar
  3. Definitivamente Charlie Brooker, el creaqdor de esta serie, es un tipo brillante. La tercera temporada no es que esté a la altura de las anteriores, es que en muchos casos la supera. Para muestra, el final de este episodio ¿Se puede contar más usando tan poco (aprovechando los títulsod e crédito finales)? Por cierto, SPOILER si no habeis visto el capítulo, mejor abstenerse.
    https://youtu.be/j184FPzAzeE

    ResponderEliminar

Ya que has llegado hasta aquí, no te cortes y deja tu opinión: será bienvenida.