De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 7 de abril de 2013

Rompe Ralph. Más Pixar que Disney


     Confieso que esta película ha sido toda una sorpresa para mí. Año tras año soy asiduo a los estrenos de Pixar, no me pierdo ninguna.

     Sin embargo, hace bastante tiempo que no acudo a los de la Disney: pese a la espectacular remontada que tuvieron con La Bella y la Bestia a principios de los 90, creo que la temática de las películas Disney sigue siendo demasiado infantil, demasiado previsible, demasiado “disney”.

     No es que no tengan calidad (unas más que otras) ni que no estén bien hechas (la mayoría) ni que no sean ideales para los niños. Pero en general les falta ese plus que las hace también interesantes para los adultos, y que otros estudios (como Pixar, o DramWorks con los primeros Shreks) si que saben darle a sus historias.


     Y así, resulta que el año en que Pixar hace su película más Disney: Brave (y de paso una de las más flojas de su filmografía, en términos relativos, claro), va la Disney y estrena su película más Pixar, y de paso también, una de las mejores de los últimos años.

    Rompe Ralph es todo un homenaje a los antiguos videojuegos de 8 bits, sí, esos con personajes pixelados, y con una paleta de colores muy reducida que se podían jugar a cambio de una moneda de 5 duros en las maquinitas de los recreativos allá por los años 80, y que en aquella época eran el no va más de la tecnología.

     Cuenta la historia de Ralph, un personaje de uno de esos juegos, de hecho el malo del juego, que, harto de hacer de malo y de que sus vecinos lo ignoren, decide “cambiar” de aires, y convertirse en el héroe, ganando una medalla, para que lo admiren y vitoreen a él también aunque sólo sea por una vez.

     Y cambiar de aire significa salir de su juego, y meterse en otro, primero en un shooter al estilo del Call of Duty, en alta definición comparado con sus pobres gráficos, para acabar luego atrapado en un juego infantil de carreras de coches llamado Sugar Rush Speedway, ambientado en un mundo de dulces, golosinas y caramelo, donde conoce al otro gran personaje de la historia Vanellope, un glitch divertidísimo, que al principio le hará la vida imposible. Y no cuento más para no revelarle demasiado a nadie que no haya visto la película.

     Sólo decir que es muy muy entretenida, y muy divertida. Tiene todo lo que cabría esperar de una película de Disney, con sus héroes y villanos, sus buenos sentimientos, sus gags y chistes más o menos dirigidos a los niños, etc... Pero también tiene todo lo que esperarías encontrar en una película de Pixar: una animación por ordenador en 3D espectacular, y sobre todo esa ambivalencia de los personajes que hace que la historia también interese a mayores, y funcione con ellos, no sólo con los más pequeños.

     Si ya por ejemplo en Monstruos S.A. los señores de Pixar daban la vuelta a la tortilla y mostraban como en realidad los monstruos que aterrorizaban a los niños por las noches no eran más que unos curritos que fichaban en su turno laboral y que estaban más asustados ellos de los niños humanos al revés; o también los señores de DreamWorks  en Shrek, donde el malo era el verdadero protagonista y héroe de la película.

     Aquí repiten un poco el esquema: los malos de los videojuegos (con Ralph a la cabeza) se plantean si de verdad despuéss de 30 años haciendo de malo no estaría bien cambiar los papeles, y asisten a reuniones de terapia en grupo al más puro estilo de Alcohólicos Anónimos.

     En definitiva, la mejor película de animación del año, que merecía dicho premio, arrebatado injustamente por Brave.



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