De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 24 de junio de 2013

Trance: Lamentablemente Boyle no es Nolan



     Tengo que reconocer que me gusta el cine de Danny Boyle. Incluso en sus películas más flojitas este hombre siempre trata de ofrecer algo nuevo u original, o al menos de contar una historia no tan nueva de una forma novedosa, por eso incluso sus películas más flojas me parecen como poco interesantes.

     Trance es de esas, es decir, no es de sus mejores películas, no cuenta la historia más original, porque la historia de un atraco o un robo (supuestamente) perfecto la hemos visto ya muchas veces en el cine, como el uso de los argumentos de la amnesia, hipnosis, y la mezcla de realidad, y de falsos recuerdos y los engaños de los personajes y al espectador también.
      


     Aún así es una película interesante de ver.

      La historia, como ya decía, la hemos visto muchas veces: James McAvoy (Simon) trabaja en una galería de subastas de Londres.

    Por sus manos pasan a diario obras de arte carisimas que van a parar a las manos de exclusivos coleccionistas de abultadas cuentas corrientes.

     Hasta que un día, una banda de ladrones con un plan perfecto irrumpe en la sala durante una subasta de un cuadro de Goya: Vuelo de Brujas, cuadro que de hecho existe y está en El Prado.

      (Por cierto, una curiosidad, he leído una noticia que dice que lo que lo que si se ha subastado realmente es el recibo, de puño y letra de Goya, con el que el pintor firmó la venta de ese y otros cuadros suyos, por el que le pagaron 250 pesetas de la época).

     Durante el protocolo que siguen los empleados de la sala para poner a salvo el cuadro en caso de robo, Frank (Vincent Cassel) el líder de la banda, logra interceptar a Simon y se lo arrebata… sólo para descubrir más tarde que le han dado gato por liebre, que se ha llevado un marco vacío, y que el bueno de Simon se ha quedado con el lienzo en sus narices.

     Así que Frank decide ponerle remedio, e ir a por Simon a arrancarle (literalmente) el paradero del cuadro. El problema es que Simon ha recibido un golpe en la cabeza durante el robo, tiene amnesia temporal  y ni él mismo recuerda donde lo ha puesto.

     El arranque de la película es magnífico, toda la escena del atraco está muy bien rodada, con ritmo y con ese estilo videoclipero tan característico de las películas de Boyle, con la voz en off del protagonista hablándole directamente al espectador, como Trainspotting o en La Playa… A partir de aquí la película cambia bastante.

     Simon recurre a una hipnoterapeuta, Rosario Dawson, que normalmente se dedica a ayudar a la gente a dejar de fumar o a dejar de comer, o en casos simples como tratar de encontrar las llaves, para intentar recordar, mediante hipnosis donde ha escondido el cuadro. Y ya tenemos montada la historia, con chica y triángulo amoroso incluídos.

     A partir de aquí todo es un juego de espejos, donde se nos enseñan escenas reales mezcladas con recuerdos falsos, escenas que no están más que en la mente de Simon (sugestiones hipnóticas) mezclados con recuerdos verdaderos… ¿o es al revés? De forma que ni los personajes ni el espectador saben muy bien qué es real y qué no lo es… y cuando creen (crees) saberlo, te lo vuelven a cambiar porque el argumento da un giro, y otro, y otro más.

     Y es aquí donde la película patina un poco: lamentablemente Danny Boyle no es Christopher Nolan, y este juego de “realidades” verdaderas y falsas no lo domina como hizo Nolan con Memento o con Inception. De hecho retuercen el argumento tanto que llega un punto en que sabes que lo que te están contando tampoco es verdad, y sólo esperas que al menos al final te lo aclaren todo y te lo cuenten… Y lo hacen, al final, al menos, le explican al espectador bien clarito que ha pasado de verdad, para que al menos no se vaya de la sala sin entender el argumento.

     Además de un thriller psicológico, la película es casi un film noir, o neonoir o como se diga, ambientado en un Londres de pisos lujosos y clubes nocturnos de diseño que le va muy bien al estilo particular de Boyle.

    Me recuerda un poco a Tumba Abierta, su primera película, o incluso, por su temática a las películas del también británico Guy Ritchie, pero eso sí, sin ese sentido del humor negro que tienen Snatch o Lock & Stock.

      De los actores me quedo con Cassel antes que con McAvoy. Aunque no me lo acabo de creer como villano, líder de la banda de atracadores. De hecho ni siquiera la banda de atracadores da mal rollito, y mucho menos él.

    Y luego está la exuberante Rosario Dawson, de la que el director nos regala un esplendoroso desnudo frontal integral, para alegrar la vista al personal. Por cierto, que bien mirado, y si prestas un poco de atención a la trama, la escena en la que Rosario Dawson aparece desnuda,  es un spoiler en si misma, así que ya sabéis, ¡no miréis esta foto! Advertidos estáis.

     Resumiendo. Es una película un poco fallida, no está a la altura de las mejores de Boyle, pero se deja ver y como yo particularmente tengo cierta debilidad por este tipo de historias y estas tramas enrevesadas, pues a mi, me entretuvo bastante.




1 comentario :

  1. Coincido en gran parte de lo que planteás. A mí también me gustan este tipo de historias salidas de la vaina y enrevesadas, sumado a que la peli es ágil y con mil vueltas de tuerca (quizás se le fue un poco la mano a Boyle con los giros, que algo me mareó, jeje).
    Saludos!

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