De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 19 de enero de 2014

12 años de esclavitud. Si la llega a hacer Polanski se habría titulado El Violinista.

http://www.filmaffinity.com/es/film554692.html
     Esta es –todo parece indicarlo así- la Película del Año. La que gusta a todo el mundo, la que trata un tema serio y además contundentemente, la que tiene a uno de los actores (Fassbender) y a uno de los directores (McQueen) de moda, aquella de la que todo el mundo habla y que probablemente arrase en los Oscars, porque tiene todos esos elementos que tanto gusta para esto de los premios: una historia de injusticia, de superación personal, de tesón....

     A mi particularmente me ha gustado. Me parece una buena película. Excelente a veces, excesiva en muchas ocasiones. Pero no me parece una película sobresaliente, ni una obra maestra. Voy a tratar de explicar porqué.

     Cuando te tratas de acercar en el cine a un tema serio, pero “serio, serio” hay dos manera se hacerlo: una que podríamos llamar la melodramática a la manera de Spielberg y otra que podríamos llamar la dramática seca a la manera de Polanski.



      Bueno también está la manera cómica. Voy a poner un ejemplo con otro tema “serio, serio” para que veáis la analogía: El holocausto y los nazis.

     Si tiras por el camino cómico (apuesta muy arriesgada por cierto) te puede salir una cosa ñoña y azucarada hasta el punto de estar prohibida a los diabéticos como La vida es Bella. O bien eres un gamberro irreverente como Tarantino y te sale Malditos Bastardos.

     Pero lo normal no es tirar por la vía humorística, lo normal es tirar por la vía seria, y aquí hay dos maneras de hacerlo: Una es la manera Spielberg, la manera húmeda (por la lagrimita que busca siempre en el espectador), la manera melodramática. Mucha música sensible de violines, hábiles efectos de montaje o de guión que busquen poner la sensibilidad a flor de piel.... ya sabéis a lo que me refiero. No deja de tener su riesgo. Si no eres Spielberg o aún siéndolo no te pilla muy inspirado, si te pasas o si no llegas te sale una ñoñeria edulcorada y que gente va a percibir como manipuladora y tramposa. Pero si te sale bien... amigo mío, si te sale bien tienes La Lista de Schindler.

      Y la otra forma seria/dramática de tratar el tema es la que yo he llamado seca, por la violencia seca y sin contemplaciones que se muestra. Aquí no hay lagrimita fácil, aquí no hay trucos, aquí no se paran a explicarte el PORQUÉ del mal, simplemente te enseñan, con todo detalla, el CÓMO. O sea un poco lo que hizo Roman Polanski con El Pianista.

      Bueno, pues si en lugar de hablar de nazis y holocausto hablamos de esclavitud, si tiras por la vía gamberra te sale Django Desencadenado, si tiras por la vía húmeda/spielberiana te puede salir algo como Amistad (en esta ocasión el amigo Steven no estuvo muy inspirado) o como Raíces, y si tiras por la vía seca, entonces te sale 12 años de esclavitud.

    Si esta película la hubiera dirigido Roman Polanski se podría haber llamado perfectamente El Violinista, porque es al esclavismo lo mismo que El Pianista fue al holocausto.

      La película es implacable, a veces hasta excesiva (por ejemplo en la duración, dura bastante más de dos horas) y contundente. Aquí no se trata de buscar la lagrimita fácil con música de violines, aquí se trata de enseñar, tal cual, seca, asépticamente, barrabasada tras barrabasada, maldad tras maldad, y podría haber seguido acumulando escena de maldad tras escena de maldad 2 o 4 horas, daría igual la duración, porque lo que pretende es acongojar por acumulación, y por la naturalidad con la que ocurren las cosas en pantalla: vejaciones, azotes, ahorcamientos, castigos.....

     En vez de acompañar del sonido emotivo de un cuarteto de cuerda los amargos llantos de una madre esclava cuando la separan de su hija a la que venden a otro amo, simplemente uno de los personajes pregunta sinceramente sorprendido "¿por qué llora?".

     Es abrumador ver la naturalidad con la que los personajes viven la maldad, tanto los que la ejercen, como los que la sufren. Te hace pensar en cómo era esa sociedad y esa época: para una esclava era normal ser examinada desnuda antes de que su amo la comprase, o que se encaprichase de ella para calentarle la cama. Y para el amo también era la cosa más normal del munod. No había nada de malo en ello, ni legal ni moral ni religiosamente hablando.   

      Esta acumulación tarde o temprano causa su efecto a algunos se los causa antes y a otros después. Por ejemplo en El Pianista, la película que estoy usando como analogía recurdo que me impresionó una escena en la que los nazis hacían una incursión en el gueto subían al piso donde vivía un anciano en silla de ruedas y lo arrojaban por la ventana. Así de natural, así de simple, sin diálogos, sin música, sin siquiera cambiar el encuadre de la cámara que se limita a enfocar desde la calle, a la puerta de entrada y al balcón.
       Pues con 12 años de esclavitud pasa lo mismo. Se van acumulando barrabasada tras barrabasada, que probablemente ya las hemos visto antes en el cine, pero no de una forma tan cruda y tan seca, y McQueen se encarga de que la acumulación te llegue a causar efecto.

      La verdad es que por primera vez puedo decir que me gusta una película del tándem Steve McQueen-Michael Fassbender: las otras dos que he visto, Hunger y Shame me parecieron bastante regularcillas, y eso siendo generosos. Pero esta no. Esta es una película contundente.

     Y el hecho de que encima sepas de está basado en una historia real, que ocurrió de verdad, le ayuda.

      La historia supongo que la conocéis Solomon Northop es un ciudadano negro, culto y músico (toca el violín) con una familia que, pese a vivir en Estados Unidos a mitad del siglo XIX (mal lugar para ser negro) lo hace en Nueva York, un estado no esclavista. Pero es secuestrado llevado al sur y vendido como esclavo fugado. Cosa que teóricamente es ilegal, pero a ver quién va a creer en el sur a un esclavo negro fugado.

     La película es la historia de los 12 años que el hombre pasó como esclavo, sin perder nunca la esperanza de que podría volver a ver a su familia, aprendiendo a doblegarse para sobrevivir.

    Y una de las cosas que más me gusta es que, dentro de su asepsia, lo es tanto con los amos buenos como con los amos malos.

      Por ejemplo, tenemos a Fassbender, que hace el papel del amo cabrón. Es una especie de Amon Goetz en la plantación: el mal absoluto y, sobre todo, arbitrario.

    Pero también tenemos al amo bueno, interpretado por Benedit Cumberbach, que para mí siempre será Sherlock. Bueno, pues el director es igual de aseptico con uno que con el otro. Sí, el segundo lo trata bien, le da un violín, pero, en el fondo... en el fondo estos gestos de bondad están tratados en la película tan asépticamente y tan faltos de emoción como los gestos de maldad. Es coherente.

     Una de las cosas que quizás me parece más metida con calzador es la aparición de Brad Pitt. Me imagino que como es el productor había que darle al hombre un papelito y que saliera. Aunque más que su aparición es sí, lo que me chirría es el discurso con moralina anti-esclavista que suelta, sin venir a cuento. Y más soltándoselo al cabrón de Fassbender. Y más soltándoselo cuando hay esclavos presentes....

     Y entonces porqué decía que no me parece una obra maestra de película. Bueno, pues, volviendo al ejemplo, porque yo, si está bien hecha, si sale bien, prefiero La Lista de Schindler a El Pianista, lo cual no quita que reconozca que 12 años de esclavitud o El Pianista son buenas películas.



No hay comentarios :

Publicar un comentario

Ya que has llegado hasta aquí, no te cortes y deja tu opinión: será bienvenida.