De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

martes, 29 de abril de 2014

El viento se levanta. Hay que intentar vivir

http://www.filmaffinity.com/es/film835261.html

    Yo era un admirador del trabajo de Hayao Miyazaki incluso antes de saber quien era este señor, en la época en que de niño veía los dibujos animados de Heidi o Marco. Mucho después lo recuperé cuando tuvieron éxito películas como La princesa Mononoke. Y aún mucho después cuando ya arrasó en todo el mundo con El viaje de Chihiro, empecé a rastrearlo hacia atrás, recuperando películas más antiguas de su filmografía.

   Los que seáis aficionados a la obra de Hayao Miyazaki probablemente hayáis observado que, en su filmografía, hay un tema, secundario pero recurrente: la fascinación por volar y por las máquinas voladoras en general y los aviones en particular. Muchas veces está presente sólo de forma colateral (como en Nikki la aprendiza de bruja o en Nausicaa del valle del viento) o incluso muy secundaria, pero otras veces de forma más evidente y central (como en El castillo en el cielo o en Porco Rosso).

     No es extraño porque al parecer el padre de Miyazaki trabajó en una fábrica de timones de aviones. Así que tampoco es extraño que en su última película, El viento se levanta, entre a saco en ese tema y desarrolle la fascinación por volar contando la vida del personaje real Jiro Horikoshi.


    Jiro nació a principios del siglo pasado en Japón, y desde muy pequeño estaba fascinado por los aviones y quería pilotarlos, en una época en que la aviación era cosa de pioneros y sólo gracias a la Primera Guerra Mundial estaba desarrollándose y potenciándose. Pero su miopía le impediría ser piloto, así que tomo otro camino: ser ingeniero y diseñar aviones en vez de pilotarlos.

    Y esa es la historia que cuenta Miyazaki en su última película, la de Jiro, desde pequeño, pasando por sus estudios en la universidad, su entrada a trabajar en la empresa aeronáutica Mitsubishi, por sus viajes a Alemania y por su relación con el que sería el amor de su vida, Naoko. Hasta llegar al cenit de su carrera cuando logra diseñar para la Marina Imperial Japonesa uno de los aviones más famosos y exitosos de la Segunda Guerra Mundial, el caza Zero (aunque no fue el único que diseñó trabajando para Mitsibishi).

    Y toda la historia está imbricada con hechos reales de los años 20 y 30 en Japón, que juegan un papel relevante en la trama (como el terremoto que asoló la región de Kanto en 1923, o la gran depresión), y con la historia de amor entre Jiro y Naoko.

     Parece ser que Miyazaki ha anunciado que se retira, y que esta será la última película que dirige, lo cual la convierte en una curiosa manera de cerrar el círculo que abrió, junto con su socio Isao Takahata hace 30 años cuando fundaron el estudio Ghibli.  

     Por aquella época estaban produciendo Nausicaa del valle del viento (otra referencia en el título), y decidieron fundar un estudio propio porque, según sus palabras, estaba “soplando un viento nuevo” en el mundo de la animación en Japón. Así que le dieron el nombre de ghibli, que es como en el Sahara denominan al viento que en Europa se conoce como siroco.

   Pero más aún, Ghibli fue el apodo son el que los pilotos italianos que operaban en Libia tras su conquista por Italia dieron en 1936 al Caproni Ca.309, un avión de bombardeo y reconocimiento diseñado por Giovanni Caproni. Para cerrar el círuclo, Jiro, el protagonista y diseñador del Zero, era admirador del trabajo de Caproni, o al menos eso se nos cuenta en la película.

     Las películas de Miyazaki se suelen caracterizar por el lirismo que las impregna, así como por el pacifismo y el ecologismo que dejan entrever, así que no deja de ser curioso cómo, una historia que en el fondo es la fabricación de un arma de guerra, la convierte en algo lírico y bello.

    Y lo hace escudándose (o justificándose) en que desgraciadamente los aviones son algo con aplicación militar, pero también son máquinas bellas, y en la pasión que sienten los personajes por el vuelo y por diseñar estas máquinas.

     De hecho al parecer la película ha levantado alguna ampolla en ese sentido en Japón (donde no ha contentado ni a los partidos conservadores ni a los de izquierdas por ser un poco ambigua) y fuera de ella (los coreanos, que como muchos países asiáticos sufrieron a los japoneses durante las guerras de los años 30 y 40, al parecer la han visto como una glorificación del imperialismo militar japonés).

     E incluso de los grupos antitabaco, porque en la película se fuma, se fuma muchísimo: la corrección política imperante en occidente haría impensable que en una película de Disney por ejemplo el protagonista fumase, pero esto no es Estados Unidos.

     El viento se levanta está lleno de referencias literarias, empezando por el propio título, que es un verso de Paul Valery, y una especie de mantra en la película: “¡El viento se levanta! ¡Hay que intentar vivir!”. Pero también hay referencias por ejemplo a La montaña mágica de Thomas Mann, desde sanatorio para tuberculosos hasta el personaje de señor Castrop, que toma el nombre prestado del protagonista de esa novela.

     Técnicamente hablando la película puede que no sea perfecta, pero desde luego le falta muy poco: ese preciosismo en la animación y sobre todo en los fondos, esos pequeños detalles, minucias en realidad que le dan realismo a la animación (fijaos por ejemplo en las reglas de cálculo que usan los ingenieros).

     Quizás la técnica de animación tradicional en 2D, con la que está hecha la película, pueda llevarse aún más allá, pero desde luego no se quien lo ha hecho, y probablemente no lo haga nadie, porque la animación va por otros derroteros (animación generada por ordenador, con volumen, es decir en 3D, etc.)

     Sin embargo, en cierto modo, esta parece más una película de Takahata que una película de Miyazaki: es más adulta, trata temas más serios, no es una película infantil como lo son claramente otras de Miyazaki (estoy pensado en Mi vecino Totoro o en Ponyo en el acantilado, por ejemplo), y además renuncia a ese aire mágico y fantástico de sus grandes obras como El viaje de Chihiro o El Castillo Ambulante.

      O al menos renuncia aparentemente, y solo en parte, porque es cierto que la película se basa mucho en los sueños del protagonista: hay muchas escenas oníricas en las que el joven Jiro sueña, y comparte sueños, con su ídolo Caproni.

    Además si os fijais bien en el personaje de Castrop, en el fondo creo que no es más que una autoreferencia a otros personajes bondadoseos de Miyazaki, como por ejemplo Baba, la bruja buena de El viaje de Chihiro: hasta los rasgos del personaje tienen cierta similitud, salvando las distancias claro.

     Probablemente por eso esta no sea la mejor película del gran Hayao Miyazaki, y decepcione a algunos, sobre todo si no forman parte de su público incondicional.

    Para mi no es un problema que la película sea más adulta y menos infantil, pero si que es cierto que con Chihiro o El castillo ambulante logró mezclar magistralmente ese mundo fantasía que estaba presente en anteriores películas suyas, y hacer una maravilla de película que contentó a niños y adultos por igual. Además no es una película corta precisamente, y menos para ser una película de animación: son dos horas que puede que se hagan algo pesadas a según que tipo de público.
 
      El viento se levanta no es que esté muy lejos de sus obras maestras, pero no creo que llegue a su nivel. Lo cual no quiere decir que sea una mala película, en absoluto. No es su mejor película, pero si esta es la despedida de Hayao Miyazaki, no es una mala despedida.

4 comentarios :

  1. Leído. Me queda la impresión de que he hecho bien en no verla con los niños, tendré que encontrar el momento de ir a un pase sólo de adultos. Es así no? Los niños se aburrirán? Incluso los niños que se vuelven locos con Chihiro, Howl y Mononoke? Me interesa mucho que me valores este punto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En el pase al que fui había niños pero muy pocos. Los niños son muy duros y puede que no se aburran, sobre todo con las escenas oníricas y con la historia de amor, y con algún personaje secundario cómico, si son muy pequeños quizás 125 minutos sean muchos... Pero esto no es una película como Totoro o Ponyo esas son claramente infantiles. Si vas buscando eso no aciertas. Como digo, en muchos momentos parece una película de Takahata (aunque los ramalazos de Miyazaki no hay quien se los quite) , no tan seria como La tumba de las luciérnagas, pero si más cercana a Recuerdos del ayer, que por cierto me gustó mucho.

      Eliminar
    2. Ya sé que está más cerca de Recuerdos del ayer que de Totoro. Pero está más cerca de Takahata que de El castillo ambulante o Chihiro?

      Eliminar
    3. Creo que los niños disfrutaran la pelicula, aunque no puedan apreciar toda la historia y el trasfondo, creo que los sueños y el amor que hay en esta historia si que será valorada y apreciada por los niños. Además, studio ghibli tiene bastantes años ya, y creo que esta película tambien contempla a las personas que no son niños, y que han crecido con sus películas. No es perfecta, pero sin duda es preciosa, y plasma todos los sueños del autor, como cabía esperar de su ultima pelicula.

      Eliminar

Ya que has llegado hasta aquí, no te cortes y deja tu opinión: será bienvenida.