De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 27 de abril de 2014

Izquierda y Derecha para Dummies (1 de 2)


    Iba a titular esto Izquierda y Derecha para torpes, pero me parecía un poco ofensivo; aunque el caso es que normalmente cuando se habla de política, estos dos conceptos se suelen simplificar muchísimo. Se nos aplica según nuestra forma de pensar una etiqueta: eres de derechas o eres de izquierdas. ¿Pero que significa esto realmente?

   No voy a tratar aquí de dar explicaciones históricas, ni economicistas, ni mucho menos aplicar las etiquetas facilonas: una significa igualdad, otra opresión y cosas parecidas (sobre todo porque dependiendo de quien hable y de su forma de pensar le aplicará, con la misma seguridad, los adjetivos positivos o negativos a una u otra ideología).

     ¿Y entonces? Pues básicamente el pensamiento de derechas o de izquierdas tiene que ver con dos cosas: con lo que para ti significa realmente el concepto de Libertad, y con el que para ti debería ser el papel que tiene que jugar el estado en la vida de las personas. Simplemente eso. No hay más.

Voy a tratar de explicarme:

      Hay una concepción del mundo y de la sociedad según la cual, esta, para ser comprendido, debe ser ordenada de acuerdo con una serie de convenciones que inventan los hombres. El orden es un pacto, un artificio. Los hombres, libremente, se ponen de acuerdo unos con otros, establecen un orden y velan porque se cumpla. Claro que eso implica una postura relativista: al ser arbitrario y artificial, ese orden es relativo a la comunidad que lo creó y al tiempo en el que se creó, y por supuesto puede cambiar -y de hecho cambia- con el tiempo si los hombres que establecen el pacto cambian de opinión. Esa es la razón por la que leyes y costumbres que ahora nos parecen intolerables en su momento fueron perfectamente normales. La sociedad evoluciona y se adapta a los cambios.

     Pero claro, si todo se basa en pactos hay que tener en cuenta que un pacto, para ser válido debe ser hecho libremente, sólo puede hacerse entre iguales: al superior se le obedece, al inferior se le impone. No se puede pactar realmente con ellos, porque el pacto estaría viciado en origen al tener una componente de coacción. Solo se puede pactar libremente entre iguales.

Ergo, la Libertad es, en esencia, Igualdad. Si la segunda no está asegurada, la primera no se da.

    Según otra concepción del mundo y de la sociedad, distinta de la anterior, ambos tienen sus propias reglas internas,  reglas que se  pueden llegar a conocer por medio de la razón. En el mundo hay un orden propio, absoluto, independiente de quien lo observa y que se puede llegar a conocer y descifrar.

     Esta concepción lleva a pensar que existen unas leyes o normas (de la naturaleza pero también del comportamiento humano) que podemos llegar a descubrir mediante la razón, y también llevan a pensar que existe algo así como una  "Ley Natural" absoluta. A esta conclusión se puede llegar siendo un científico determinista completamente ateo, o un hombre religioso que cree que existe una ley divina. En el fondo -para el tema del auq hablo, claro- es lo mimo, porque ambos se basan en una concepción no relativista, se basan en algo dogmático (o axiomático si no queréis la carga peyorativa de ese término).

     ¿Y las leyes que escriben los hombres? ¿Esos pactos de los que hablaba antes? En esta concepción del mundo las leyes que crean los hombres son interpretaciones de ese orden natural, o de esa “Ley Natural” y serán más perfectas cuanto más se acerquen a las leyes naturales.

      Por tanto, el orden no lo impone la sociedad, sino que es parte de la realidad y si hay una diferencia entre la Ley Natural y las Leyes de los Hombres (podrían llegar incluso a contradecirse),  los individuos dispondrían de libertad para incumplir y desobedecer las segundas según su libre albedrío, si las consideran injustas y no acordes a la Ley Natural.

Ergo la Libertad es libre albedrío, la capacidad de cada individuo para elegir entre las diferentes opciones la que considera mejor.

     Pero no todo lo que se hace es una elección. Cuando se actúa forzado o influido por algo o alguien no se está eligiendo. Cuando se actúa por instinto o por impulso tampoco se está eligiendo, solo se está reaccionando. Para elegir hay que razonar (es lo que convierte una acción en una elección) y no hay que forzar, violentar o influenciar al otro, al que elige.

     Es decir, de acuerdo con esta manera de pensar, para ser libres no hay que actuar forzado o coaccionado por otros, mientras que con la primera, para ser libres no se puede ser superior o inferior a otros, sino iguales.

     En esencia, de la primera concepción del mundo deriva el pensamiento de izquierdas, mientras que de la segunda deriva  el pensamiento de derechas.



Un pequeño inciso; esta concepción relativista o dogmática tiene un efecto curioso:

     Para el pensamiento de izquierdas la “norma” y la moral son acuerdos arbitrarios, son relativas. Lo que nosotros, nuestra sociedad o nuestra civilización acuerde aquí y ahora es válido para nosotros, pero lo que otros, otra sociedad, otra civilización “pactase” en forma de normas o de moral en otro lugar o en otro tiempo será válido para ellos, aunque no lo sea para nosotros aquí y ahora. Es una postura relativista, y curiosamente puede llevar a justificar prácticas –presentes o pasadas- que nunca aprobarías para ti o en tu país, por mor de la diversidad cultural o del  relativismo moral. Resumiéndolo con una frase: “puede que a nosotros no nos gusten esas ideas o esas prácticas, pero hay que respetarlas en razón de la libertad y la autonomía con la que fueron establecidas o pactadas por esa sociedad”.

      Por el contrario, para el pensamiento de derechas hay valores absolutos independientes del contexto, prácticas que son completamente malas o completamente buenas independientemente del momento o del lugar. Es una postura dogmática y curiosamente puede llevar a justificar el uso de la violencia, la fuerza o la influencia (las que en teoría tanto condena el pensamiento de derechas) en otras sociedades o en otros países, para doblegar su voluntad y forzarlos a vivir bajo ideas externas (las nuestras), si consideramos que atentan contra esas libertades y contra esa Ley Natural. Resumiéndolo con una frase: “no hay que tolerar  prácticas que se alejen de la moral, de lo que está bien, y que atenten contra las libertades, y si esa sociedad, esa cultura o esa civilización contempla tales prácticas, leyes, costumbres o normas, no es porque sean buenas para ellos, es porque esa sociedad no ha sabido interpretar la Ley Natural. Y no hay razón para no de “liberarlos” de sus gobiernos opresivos.”


    Pero volvamos al significado ligeramente diferente que la derecha y la izquierda dan a la palabra Libertad.

  Para la izquierda libertad es igualdad, pero lamentablemente los hombres no nace iguales porque según el momento, el lugar o la familia en la que nazcan se encontraran en una situación de inferioridad o de superioridad con respecto a otros hombres. Y como vimos antes sólo se puede pactar libremente entre iguales.

     Existe una jerarquía social basada en la riqueza o en el poder (que para este caso son sinónimos), pero esa jerarquía, ese orden social, no es más que un tipo de orden, y como todos los órdenes, una convención, es decir algo fijado por los propios hombres (siempres según esta filosofía). En el fondo lo que se deduce de esta manera de pensar es que si un individuo se encuentra en una posición de superioridad o de inferioridad con respecto a otros es porque el resto de la sociedad “lo ha decidido así”, por convenio, que se expresa mediante bienes materiales, símbolos de estatus, riqueza, etc.

    Para el pensamiento de izquierdas si todos tuviéramos las mismas cosas, la misma riqueza, todos seríamos iguales.

    Para la derecha libertad es capacidad de elegir, pero como vimos antes la elección, para ser tal implica razonamiento. Como todos los hombres nacen con la capacidad de razonar, todos los hombres nacen iguales y en las mismas condiciones, independientemente del lugar o la familia en el que nazcan, o de las posesiones y riquezas de sus padres.

    Para el pensamiento de derechas todos los hombres son iguales independientemente de sus posesiones.

    Por eso para el pensamiento de izquierdas los gobiernos tienen la capacidad de otorgar o grantizar Igualdad a las personas, pero para el pensamiento de derechas no.

    Para el pensamiento de izquierdas tus oportunidades en la vida están condicionadas por tus posesiones y por la clase social en la que naces. ¿Se puede cambiar de clase social? ¿Se puede progresar y ascender?

    Bueno, indudablemente para el pensamiento de derechas más ortodoxo, sí, sin duda: tu mayor inteligencia y tu mayor capacidad de trabajo te harán progresar sin ningún problema, porque razonando tomarás las mejores decisiones par ti. El estado, el gobierno, no tiene nada que ver en ello: tu capacidad de razonar es tuya, la tienes de nacimiento. Cada hombre es dueño de su destino y puede cambiar sus circunstancias y hacerlo de manera independiente y sin intervención de la sociedad.

    Pero para el pensamiento de izquierdas más ortodoxo no siempre está tan claro ¿por tu cuenta y sin ayuda? Puedes cambiar tu posición en el orden social bien porque la sociedad te ha otorgado de alguna manera una nueva posición, luego realmente no lo has conseguido por tu cuenta (por ejemplo te haces con una herencia, te toca la lotería, te casas con un millonario/a...), o porque hayas conseguido engañar de alguna manera al orden social preestablecido y si has superado tu posición de partida probablemente sea a costa de los demás: tu riqueza implica el empobrecimiento/explotación de otros.
     O también puedes cambiar tu posición social gracias a que sea el orden social el que cambie, es decir, a que sea el estado, el  gobierno, el que mediante la redistribución de la riqueza lleve a alcanzar un nuevo pacto entre los hombres.

     Para la izquierda lo que posees, lo material, va a determinar tu lugar en el mundo, es la causa de tu mayor o menor libertad y sólo la sociedad, conjuntamente, es capaz de cambiarlo. Para la derecha, en cambio, sólo tu libre albedrío (las elecciones que haces individualmente, aplicando tu inteligencia) cambia tu lugar en el mundo y lo que posees, lo material, es sólo una consecuencia de ello.

    Por lo tanto, según pienses de una forma u otra, hay dos maneras posibles de ordenar la sociedad, según el papel que creas que debe jugar el estado:

    Para el pensamiento de izquierdas el estado tiene que tener los recursos necesarios para velar porque ese pacto social arbitrario que han fijado los hombres se cumpla, para asegurar la igualdad de los ciudadanos, para redistribuir la riqueza. Esto da lugar a estados con una estructura grande (el estado necesita recursos para hacer cosas, por lo tanto necesita ingresos: impuestos) y a un estado intervencionista (el estado tiene que regular el funcionamiento de la sociedad, intervenir en ella) y a un estado proteccionista (que garantiza ciertos derechos, proporciona ciertos servicios, subvenciona ciertas cosas).

    Para el pensamiento de derechas el estado no tiene que ordenar la sociedad (ya vimos que el orden natural ya existe en el mundo), como mucho tiene que proteger la libertad de elección de los individuos, no más. Esto limita el papel del estado como mucho a los fuerzas del orden que impidan que alguien someta o fuerce la voluntad de otros, y a los tribunales que lo castiguen caso de producirse. Y según cuanto de derechas sea tu pensamiento, ni eso.

    Esto lleva básicamente a pensar que el mejor estado que existe es el que tenga una estructura más pequeña, el que menos intervenga en la sociedad y el que menos se entrometa en la vida de los ciudadanos. Dejar hacer, no intervenir. Por lo tanto esto lleva a estados "pequeños", que no necesitan muchos recursos (muchos ingresos en forma de impuestos) para funcionar, y que no proporcionan ni garantizan casi ningún servicio a la gente, porque no es su función. En este tipo de concepción que la gente tenga que servir al bien común o sacrificarse por él es algo no sólo impensable sino también perverso.

    Mientras que con una política de izquierdas se considera que el estado debe velar por el bien común y los ciudadanos tienen derecho a que les suministren ciertos servicios, las políticas de derechas son más el reino del individualismo y del “buscaste la vida”: no esperes nada del estado, salvo que se meta lo menos posible en tu vida y regule lo menos posible la sociedad. Y por supuesto que no me quite el dinero en forma de impuestos, aunque sea para ayudar a los más desfavorecidos: ya decidiré yo si quiero ayudar o no a los demás. El dinero donde mejor está es en el bolsillo de la gente para que lo gaste como y en lo que quiera, no en manos del estado para que se gaste en lo que unos pocos consideran que es necesario o mejor para todos, aunque realmente lo sea.

    ¿Y cual es la mejor de las ods opciones? Pues, como todo en este mudo,  depende de quien te lo cuente:

   Si te lo cuenta alguien de izquierdas, esa idea de libertad del pensamiento de derechas en el fondo lo que significa es libertad para los que tienen dinero, para que hagan lo que quieran, y los que no lo tienen no están realmente en igualdad con ellos, y los intercambios entre ambos no son realmente libres (las ovejas y los lobos no pueden negociar en igualdad de condiciones sobre que van a cenar).

   Pero si te lo cuenta alguien de derechas, no es correcto forzar a otra persona a actuar de una determinada manera bajo ningún concepto, por lo tanto cuando el estado regula, regula, recauda impuestos, en el fondo está forzando la voluntad de los ciudadanos y por lo tanto los estados de izquierda conducen inexorablemente al totalitarismo y al autoritarismo, y más rápidamente cuanto más de izquierdas sean.

     Una analogía que ilustra estas formas de pensar contrapuestas es lo que podríamos llamar La teoría de la valla.

Ilustración: Pawel Kuczynski. 
Si te gustan sus ilustraciones pudes ver más aquí.
      Según esto, la sociedad está dividida por una valla o un muro: los que te tienen más, los que tienen poder están a un lado; el resto, la mayoría al otro. Esto no deja de ser una simplificación (probablemente podríamos decir que no sólo hay una valla separando a la gente en dos, sino que hay varias, escalonadamente, separando a la gente en varias clases sociales), pero para ilustrar el ejemplo vale.

   Alguien de izquierdas seguramente dirá (y en la historia no han faltado ejemplos que le dan la razón) que, en el fondo,  los que están en el lado bueno del mundo, en el lado correcto de la valla, piensan que las normas (no tanto la letra de la ley, sino cómo se cumple y como se castigan sus incumplimientos) y el trato deben ser distintas para unos y para otros: no se puede tratar como iguales a los desiguales.

   Por supuesto, alguien de derechas (coherentes con las ideas que he expuesto antes, no los cínicos) te dirá que eso es completamente falso, y que, incluso admitiendo que exista esa valla (o esas vallas, tanto da), no hay nada que impida a cualquier persona, sólo con su esfuerzo, su inteligencia o su trabajo, pasar de un lado a otro, es decir, prosperar.

   Curiosamente, cuanto más cerca se esté de la valla, más se creerá esto segundo, pero cuanto más alejado de la valla se esté más se creerá lo primero. Dicho de otra manera, la derecha “pura” piensa que la valla se puede saltar, mientras que la izquierda más “pura” piensa que la valla se debe derribar.

   Sin embargo, todo esto de derecha e izquierda no deja de ser una simplificación, y por lo tanto no es un buen modelo para explicar la realidad. En fin, otro día seguiré (para no hacerlo más largo de lo que es y aburrirte más aún) hablando de este tema y contando cómo hay modelos un poco más complicados pero que explican mejor el pensamiento político.



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