De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 21 de abril de 2014

Pórtico. Frederik Pohl


     Pórtico es uno de esos clásicos de la CF que tardé bastante en leer. Clásico no sólo por su antigüedad (la novela se publicó originalmente en 1977, luego ya va teniendo unos añitos) sino por su renombre y reconocimiento (ganó entre otros los dos principales premios del mundillo, el Hugo y el Nebula a la mejor novela de ese año).

     Aunque está situado en un futuro (indeterminado) diatópico, es decir una Tierra superpoblada, la población amenazada por la escasez de recursos, etc, no es realmente una novela distópica, eso es sólo el contexto para justificar la trama. Es más bien una novela sobre la (torpe) exploración del espacio que está empezando a llevar a cabo la raza humana gracias al descubrimiento de los restos que una civilización (los Heechee) mucho más antigua dejó atrás.

     En el futuro que se relata en Pórtico, grandes extensiones del planeta han sido devastadas para la explotación a cielo abierto de gigantescas minas de esquitos bituminosos: los hidrocarburos (el petroleo) obtenido trabajosamente de la pizarra y otras rocas no se dedican a combustible, sino que su función principal es procesarlos para elaborar proteínas, alimento para una población cada vez mayor y más hambrienta.


     Salvo un muy reducido grupo de privilegiados y escandalosamente ricos que se pueden permitir el lujo de vivir bajo las cúpulas que encierran un ambiente sano en las grandes ciudades, el resto de la población vive en un ambiente insalubre y contaminado. Y el panorama es aún peor si trabajas en una de las minas de alimentos, extrayendo hidrocarburos, que es donde trabaja el protagonista, Robinette Broadhead (Bob).

    Para estos desgraciados la vida es corta, las enfermedades derivadas de la contaminación y de su insalubre trabajo así lo dictan, y no es que no existan avances médicos que permitan regenerar y curar casi cualquier cosa: sólo unos pocos pueden costearse lo que en el libro llaman un Certificado Médico Completo, algo así como un seguro médico con todas las prestaciones.

     La única esperanza es ahorrar trabajosamente (cosa casi imposible) o que te toque la lotería (a la que todos juegan) para reunir el suficiente dinero y escapar de allí, Pero ¿escapar adonde? El dinero no permitiría vivir bajo una de las cúpulas como un privilegiado durante mucho tiempo.

    Años atrás, en Venus, se descubrieron una serie de túneles excavados por una civilización (los Heechee) que los dejó abandonados, hace cientos de miles de año, y que ha desaparecido sin rastro, dejando atrás algunas pocas baratijas que los científicos raramente comprenden, pero que a veces sirven de base para nuevos inventos.

    Poco, o más bien nada se sabe de los Heechee, simplemente los humanos se limitan a usar su tecnología sin comprenderla. Por la época en que Bob, el protagonista es un adolescente trabajando en las minas de alimentos, orbitando muy cerca del Sol, la humanidad descubre Pórtico. 

    Pórtico es un pequeño asteroide con los mismos túneles Heechee que hay en Venus, pero con decenas de naves espaciales ancladas a él. Pórtico es un puerto, un espacio-puerto. Nadie comprende bien como funcionan las naves espaciales, pero funcionan, y cuando lo hacen llevan a sus temerarios ocupantes a un lugar lejano de la galaxia. Pórtico es justamente eso, el pórtico del universo, una pasarela hacia otros lugares.

    Las naves espaciales viajan con una especie de piloto automático: se puede seleccionar el destino, pero se desconoce cual es ese destino, hasta que no se ha ido allí y se ha vuelto, pues las naves están programadas para volver... si es que vuelven. Porque el problema es que el destino puede ser un lugar peligroso (estar demasiado cerca de un agujero negro, o de una estrella), o simplemente estar demasiado lejos (no se conoce la duración del viaje hasta que no se ha probado, pueden ser días, semanas, meses...). Tan lejos que el viaje de ida, más el de vuelta, (las naves están programadas para volver automáticamente a Pórtico) consuma todos los alimentos de la tripulación, o todo el aire (momento llegado el cual algunos de los miembros deben empezar a sacrificarse, voluntariamente o no tan voluntariamente, para intentar dar una oportunidad a los demás). Aunque se llegue a algún planeta y se aterrice (las naves van equipadas con una cápsula de descenso) eso no garantiza la supervivencia: el planeta en cuestión puede ser tan peligroso que algunos o todos los miembros de la tripulación mueran.

     El resultado es que el número de bajas es altísimo: una de cada tres naves nunca vuelve, y de entre las que lo hacen es normal que la tripulación vuelva muerta o sin algunos de sus miembros.

     Bob, el protagonista, gana la lotería, e invierte el dinero en el costosísimo billete para viajar hasta pórtico, y enrolarse entre el grupo de exploradores, pioneros y temerarios, que se montarán en las naves Heechee para explorar el universo.

    ¿Y por qué lo hacen? Desde luego no por altruismo. La Corporación, como llaman a la empresa multinacional que administra Pórtico (y que está formada por los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Soviética, Brasil, lo que antiguamente fue China y la colonia humana independiente de Venus) ofrece cuantiosas recompensas según lo que se descubra: nuevas observaciones científicas, algo que permita decidir cómo se manejan las naves, o cómo se eligen los destinos, nuevos asentamientos Heechee (todos abandonados), artefactos Heechee que sean de utilidad para nuevas invenciones, cualquier cosa, lo que sea...

   Claro que la recompensa (si la hay, muchos viajes son infructuosos) se divide entre los supervivientes, si lo hay. La Corporación no obliga a nada: puedes estar en Pórtico tanto tiempo como tu dinero te dure, es decir mientras pagues el “per cápita” (una especie de alquiler diario). Puedes volver a casa cuando quieras, pobre, o inmensamente rico. Puedes elegir en que nave te embarcas, cuando te embarcas, y con que compañeros de viaje... (hay naves capaces para transportar una tripulación de 5 personas, otras para 3 personas, y otras para una sola persona, las que conllevan más riesgos, en todos los casos atestadas

     Y esa es la historia que se cuenta en la novela, porque cuando Bob Broadhead llega a Pórtico descubre que es lo bastante cobarde como para no asumir los riesgos de un viaje con altas probabilidades de morir, y muchas de no reportarle ningún beneficio, pero lo bastante pobre como para tener que hacerlo si no quiere volver pobre a la Tierra de donde escapó.

Frederik Pohl
    Fruto del momento en el que está escrita, la novela muestra algunos anacronismos, pero también algunas ideas interesantes: un mundo superpoblado y con unas desigualdades económicas enormes, pero también muy liberal en cuanto a costumbres como la promiscuidad sexual, por ejemplo.

    Además está contada de una manera curiosa: en los capítulos se van intercalando memorandums, informes de misión, trozos de conferencias o clases de entrenamiento a las que asisten los exploradores, o simplemente anuncios por palabras que ponen los habitantes de Pórtico.

    Pero además hay capítulos de dos tipos alternos: unos relatan la vida en Pórtico de Bob y sus compañeros (y fundamentalmente compañeras, sobre todo una mujer llamada Klara) y otros, situados en el presente, son las sesiones de psicoanálisis que Bob tiene con una máquina, una inteligencia artificial que hace las veces de psiquiatra, a la que él ha bautizado Sigfrid von Shrink.

    Bob es ahora multimillonario, vive cómodamente disfrutando de su dinero donde siempre había soñado, en la zona más exclusiva bajo la cúpula de la ciudad de Nueva York. Pero Sigfrid lo está tratando de algún tipo de complejo de culpabilidad, o complejo de superviviente. Así que por un lado ya sabemos que Bob sobrevivió y logró su objetivo, pero también vamos descubriendo que pasó y a que precio lo logró.

    El autor, Frederik Pohl (1919 - 2003), era ya un veterano con éxito en el mundo de la CF cuando escribió Pórtico, pero sin duda esta es su novela más conocida y de mayor éxito.

   Tanto que de hecho empezó a escribir continuaciones, y así, tras la primera en 1977 llegaron Tras el incierto horizonte (1980), El encuentro (1984), Los anales de los Heechees (1987) y Los exploradores de Pórtico (1990). Incluso un cuento corto (El muchacho que vivía para siempre) publicado póstumamente en una antología en 2004.

   Libros que en conjunto forman lo que se llama La Saga de los Heechee, y no he leído (aún), así que desconozco si están a la altura del original.

    Este, de momento, si que merece la pena. No es uno de mis clásicos preferidos de la ciencia ficción, pero hay que reconocerle que proporciona un rato muy entretenido.

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