De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

viernes, 13 de junio de 2014

Guerra Interminable/Paz Interminable. Joe Haldeman


    Hoy quiero hablar no de uno sino de dos clásicos de la ciencia ficción que, la verdad, es que tardé bastante en leer (no porque sean largos, aunque no son precisamente cortos. Me refiero a que tardé bastantes años en decidirme en empezar a leerlos).

    Y los dos se podrían clasificar en el género de Ciencia Ficción Bélica, (o pacifista, según se mire) si es que tal género existe, aunque ha habido muchos autores que han tratado este tema. Algunos, como Robert Heinlein con Tropas del espacio, desde un punto de vista que engañosamente ha sido etiquetado como literatura juvenil (aunque el libro contiene algunas ideas “interesantes” como trasfondo). Otros como Orson Scott Card en el Juego de Ender, con una perspectiva más profunda y espiritual.


    Guerra interminable (The Forever War en el original) está a medio camino entre ambos. Formalmente es la historia de un soldado, William Mandella, a lo largo de su –largo- paso por el ejército. De hecho el libro está dividido en grandes partes o capítulos que llevan como título la graduación que va teniendo en cada momento de la acción: Soldado Mandella, Cabo Mandella, Sargento Mandella,...

Imagen tomada de aquí
     En el mundo futuro de Guerra Interminable, la humanidad ha tenido un primer contacto con una raza extraterrestre cerca de una estrella de la constelación de Tauro, por lo que los llaman los Taurinos, y si previo aviso ni comunicación la nave de exploración terrestre fue destruida. Como resultado se declara una guerra sin cuartel. En la Tierra se hace obligatorio el reclutamiento, pero sólo de los mejores (físicos, ingenieros, matemáticos,... todos con un coeficiente de inteligencia superior a la media) para servir en el ejército durante un periodo de 10 años. 10 años para ellos, en tiempo subjetivo, pero aunque las naves viajan por la galaxia saltando a través de “agujeros” llamados colapsares que los llevan instantáneamente de un punto a otro, para llegar a un colapsar tiene que pasar meses o incluso años acelerando a muchas G y viajando casi a la velocidad de la luz, por lo que en realidad pasan décadas o siglos para los que se quedan en la Tierra.

    Así que básicamente la vida de los soldados de Haldeman es esperar. Esperar mientras viajan protegidos en unas vainas llenas de fluido, y también ellos mismos con las cavidades internas de sus cuerpos rellenas de fluido que impide que la aceleración los aplaste, esperar mientras en el planeta de destino construyen una base, esperar a que los taurinos les ataquen... Y librar probablemente una única y corta batalla por campaña... o durante su vida, porque las batallas son terribles. A pesar de ir protegidos con un traje que aumenta sus capacidades hasta casi convertirlos en superhombres, a pesar de ir armados hasta los dientes, con mucha suerte uno de cada tres es una baja, y eso si la batalla ha sido un éxito.

     Pero el principal aliciente de la novela no es describir la dura vida del soldado y su entrenamiento. No, lo más original consiste en que para los soldados de Haldeman, la guerra en verdad parece interminable: debido a los efectos relativistas del viaje en el tiempo, para cuando recalan en una base entre salto y salto han pasado siglos, para cuando vuelven a la Tierra han pasado milenios... Sí, son ricos (las pagas que no han podido gastar, acumuladas durante siglos con un interés compuesto les hacen millonarios) pero todo está pensado para que los pocos supervivientes vuelvan a alistarse, aunque sea como instructores o en puestos administrativos: nadie les va a poner fácil obtener un trabajo, sus conocimientos han quedado completamente desactualizados, sus amigos y familiares han muerto hace décadas... y sobre todo, la sociedad y las costumbres han cambiado tanto mientras ellos han  estado fuera, que ya no se sienten parte de ella.

    El libro explora una serie de ideas curiosas. Por ejemplo, el ejército es completamente mixto, y no se persiguen las relaciones sexuales entre los soldados, es más, se fomenta la promiscuidad, pero no los emparejamientos: hay la mitad de literas que soldados, y está mal visto que cada noche no se rote y se cambie de pareja.

    Otra idea interesante es como evoluciona la sociedad al margen de los combatientes, desde distribuir libremente marihuana a los ciudadanos hasta fomentar la homosexualidad en el planeta como un mecanismo efectivo para el control de la natalidad: los niños ya no nacen, son incubados en la cantidad necesaria para reponer las bajas.

    De hecho uno los momentos más curiosos del libro tiene lugar cuando Mandella, superviviente de múltiples batallas (y por lo tanto un caso atípico), acaba comandando un batallón de nuevos reclutas... pero nacidos milenios después de él, en un momento en que en la Tierra los heterosexuales son vistos poco menos que como desviados. Desviación que puede “curarse” fácilmente, lo que hace que sean aún peor vistos por no querer someterse a un sencillo tratamiento que les cure de su heterosexualidad. Él, acostumbrado a la promiscuidad sexual del ejército que conocía,  es el único hetero encerrado en una nave durante años con un batallón homo.

    Cosas como estas son la esencia del libro: el desarraigo del soldado reclutado forzosamente cuando vuelve a una sociedad completamente distinta a la que dejó.

    Joe Haldeman, es un autor norteamericano de ciencia ficción que ha logrado ganar en repetidas ocasiones todos los premios importantes de ese mundillo: 5 premios Hugo (incluyendo uno para Guerra Interminable y otro para Paz Interminable), otros 5 premios Nebula (también incluyendo uno por Guerra Interminable y otro por Paz Interminable), 1 premio Locus, etc.

    Si en Guerra Interminable, publicado al final de la Guerra de Vietnman, en 1974,  describía una guerra que nadie sabe porqué se produjo (les atacamos porque nos atacan y nos atacan porque les atacamos) y que dura milenios, Paz Interminable es distinta. Se publicó 23 años después, en 1997, y no es propiamente una continuación. Los personajes no son los mismos, la historia no es la misma, ni siquiera el “universo” en el que se desarrolla es el mismo.

     En Paz Interminable no se lucha contra extraterrestres en el espacio, se lucha en la Tierra, contra otros humanos. El mundo está completamente polarizado, pero no entre este y oeste, entre capitalismo y comunismo,... sino entre norte y sur, entre ricos y pobres.

     En el norte (en Europa, Estados Unidos y algún que otro país “aliado”) se ha alcanzado el estado de bienestar cuasi perfecto que cubre todas las necesidades de los ciudadanos. Nadie necesita trabajar, porque la nanotecnología proporciona cualquier cosa que se pueda fabricar. Millones de máquinas microscópicas trabajando juntas (en las llamadas nanofraguas) fabrican cualquier cosa material imaginable: máquinas, joyas, comida... siempre que se tenga acceso a ingentes cantidades de energía (reactores de fusión) y a los elementos químicos que componen lo que se quiere fabricar. Y los países ricos tienen acceso a ambas cosas, y les dejan usar sus nanofraguas a países amigos no tan ricos como ellos.
     Esto, lejos de ser una situación idílica provoca problemas sociales, la gente no es que no tenga que trabajar, es que no puede trabajar, (salvo aquellos que realizan algún trabajo intelectual) luego son un ejército de desocupados, a las que el estado proporciona el sustento y cubre sus necesidades básicas. En el norte rico se vive en un mundo donde todo está racionado: no por escasez, sino por planificación y para no cubrir los “caprichos” de los ciudadanos, o al menos, hacerlo controladamente.
     Por otro lado en el sur pobre (Sudamérica, África, el sudeste asiático) no hay nanomáquinas, y ven al norte como el cáncer del mundo. Y lo combaten... en las junglas de Centroamérica y de África central. Pero combaten en una situación de desigualdad: los unos, guerrilleros y revolucionarios usan tácticas y armas convencionales, incluso las nucleares, los otros... combaten a distancia.

     Porque los soldados de Paz Interminable están a kilómetros del campo de batalla, encerrados en unos sarcófagos con conexiones neuronales desde las que controlan a máquinas de combate, verdaderos robots gigantes armados hasta los dientes, a los que llaman “soldaditos”. Los soldaditos se mueven como los pilotos “piensan” en moverse ellos, aunque estén inmóviles, y los pilotos ven lo que lo ven los soldaditos, oyen lo que ellos oyen, y sienten lo que ellos sientes, incluyendo dolor cuando son alcanzados.

Imagen tomada de aquí
     Pero el combatir “a control remoto” dista de ser algo seguro para los pilotos: la operación por la que se hacen los implantes neuronales provoca la muerte de uno de cada diez, y los nueve restantes son propensos a sufrir colapsos, derrames, y otras secuelas, por lo que muchos no acaban bien.

    Nuevamente lo más interesante del libro no son las batallas, sino las ideas curiosas que explora. Los soldados no sólo están conectados a sus soldaditos, sino que también están conectados mentalmente entre ellos. Es decir, todo lo que uno sabe, recuerda, experimenta o siente, el pelotón completo lo sabe, recuerda experimente y siente también. Hasta el punto por ejemplo de que los soldados hombre sienten los dolores menstruales de las soldados mujeres.

    Esta conexión tan íntima, más íntima incluso de la que tienen los amantes provoca problemas en la vida personal de los soldados, pero también en sociedad: la misma tecnología que aplicada militarmente permite esto, florece en el mercado pirata para el entretenimiento sexual: la prostitución que triunfa en este mundo futuro es la que permite conectar al cliente con la prostituta. Todas las prostitutas tienen un implante.

   Además, como todos influyen en todos, los mandos son muy cuidadosos a la hora de formar los pelotones: hay pelotones de cazadores/matadores, formados por verdaderos sicópatas que hacen el trabajo sucio, y hay pelotones de exploradores. Incluso dentro de los pelotones es necesario incluir “moderadores”, es decir, soldados con una especial empatía que permita moderar al resto.

    Y el verdadero trasfondo del libro, la verdadera historia, es ¿qué pasaría si el hecho de estar permanentemente conectado a alguien tan íntimamente como los implantes permiten hiciese que llegases a empatizar con él tanto como para considerarlo no sólo tu igual sino parte de ti mismo? ¿Qué pasaría si todo el mundo pudiese llegar a sentir esa conexión? ¿Eliminaría eso el odio y garantizaría la paz?

    Y todo ello mezclado con un experimento científico que, de llegar a producirse, podría no sólo destruir el mundo, sino acabar con el universo conocido. Ahí es nada.

     Es curioso como la experiencia personal del autor le ha servido de inspiración para varios de sus libros, incluidos los dos que he comentado aquí. Haldeman se graduó en Física y en Astronomía en la universidad (como sus protagonistas, los soldados Mandella –de Guerra Interminable- y Class –de Paz Interminable-), fue reclutado por el ejército y destinado a Vietnam, donde sirvió en el cuerpo de ingenieros, construyendo trincheras y fortificaciones (como el soldado Mandella). Allí fue herido, de bastante gravedad, condecorado y licenciado, y en muchas de sus novelas (incluyendo Guerra Interminable) se trata el tema de las dificultades que él mismo tuvo para volver a adaptarse a la vida de civil.

     En 1999 publicó la que sería la tercera novela de la serie: Libertad Interminable (Forever Freedom), esta sí, una verdadera continuación de Guerra Interminable, pues cuenta como el veterano Mandella, descontento con la sociedad en la que vive, decide “viajar al futuro” (aprovechando, como pasaba en la primera novela, que un viaje a velocidades relativistas de unos pocos años de duración, para el que viaja, se traduce en un lapso de varios milenios para los que se quedaron atrás), y ver lo que encuentra allí.

     Posteriormente también ha escrito algunos cuentos cortos ambientados en este particular universo suyo: A Separate War, en 2006, que sería una continuación de The Forever War, situada cronológicamente antes que Forever Freedom, y Forever Bound, que sería una precuela de Forever Peace, contando el reclutamiento y entrenamiento del  protagonista de la misma, Julian Class.

    La verdad es que esta tercera no me la he leído, al menos todavía, ni tampoco los cuentos cortos, así que no os puedo dar mi opinión. Pero Guerra Interminable y Paz Interminable son dos libros que deberías leer si te consideras aficionado a la Ciencia Ficción.


1 comentario :

  1. Me considero aficionada a la CF. Lo malo es que me considero terriblemente aburrida del tema bélico. Vida de soldados no me llama nada la atención.

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