De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 9 de junio de 2014

Revenge ¿Placer culpable?


http://www.filmaffinity.com/es/film356432.html    Los anglosajones usan la expresión guilty pleasure (algo así como placer culpable) para referirse a algo que te gusta, pero que no lo confesarías, o como mucho, te avergüenza reconocerlo porque en el fondo sientes que su calidad es más bien mala y que no está a la altura.

    Cuando empecé a ver Revenge, había oído este adjetivo aplicado en varias ocasiones a esta serie, después de ver una temporada completa, con sus 22 episodios, puedo decir puede que para los demás sea acertado, pero para mi el calificativo es erróneo: culpable desde luego, pero ¿placer?

      Me he tenido que aguantar las ganas de mandar la serie a la m** durante  22 semanas, intentando darle otra oportunidad a ver si esto llegaba a algún término, mientras la historia se arrastraba y estiraba miserablemente, como un chicle ya sin sabor de lo baboseado que estaba.


       Vamos a ver, señoras y señores: esto no es más que otro culebrón (ni siquiera es el culebrón definitivo como pretende) contando la vida de niños ricos y pijos americanos, pero aquí en vez de preocuparse por si el zorrón de la capitana de las animadoras del instituto te hace caso o no, su máximo problema es que modelito se van a poner en la próxima fiesta, o si van a servir a los invitados raiz de loto con aire de limón, o mouse de paté al nitrógeno líquido.

      Porque esto se desarrolla en Los Hamptons, la zona de playas pijas, pero pijas pijas de verdad que hay en Long Island, a pocas horas de Nueva York, donde se supone que todos los millonarios que son alguien en la ciudad tiene luego una casita de veraneo en la playa (ya sabéis, la vida está hecha de pequñeos placeres: un pequeño yate, una pequeña mansión). Por si no os situáis es más o menos por donde El Gran Gatsby tenía su mansión.

      La reina del lugar es la mala malísima Victoria Grayson, a la que todos lamen el ***, en las fiestas y actos sociales que permanentemente organiza (bueno, ella en persona no, claro, para eso tiene contratada una tipa que se encarga de esas incomodidades). A la buena de  Madeleine Store la ha venido Dios a ver cuando le dieron el papel, porque parece que ya nadie se acordaba de ella (y desde luego no ha hecho nada bueno desde 12 monos). Pero desde luego aquí está impecable en su papel de arpía como el hielo (como si cagara cubitos) a lo  bruja malvada de Blancanieves.

      Y a la casita (bueno casoplón) de al lado llega una rubia que está como un queso, que es como 20 años más joven que ella, que empieza a tirarle los tejos a su hijito, y que desde luego alegra la vista una barbaridad a los espectadores de la serie.

    Ella no lo sabe, pero esta nueva pija en el vecindario (Emily), no es quien dice ser. Tranquilos, no es un spoiler: la serie ya se encarga desde el minuto 2 de decirnos que la tal Emily viene a vengarse de la familia Grayson y que no va a dudar en que rueden las cabezas que tengan que rodar (luego no es para tanto, la verdad, tantas vueltas y tonterías con lo fácil que sería contratar a un par de sicarios colombianos o del cartel de Sinaloa).

    De hecho la serie es tramposa hasta el extremo de empezar con una escena de asesinato que no ocurre, no hasta el final de temporada (eso tendría un pase), sino hasta poco después de la mitad... y luego sigue, y sigue, y sigue...
    Además está la permanente e irritante voz en off de la rubia que se encarga de empezar y terminar cada capítulo, y de recordarnos que esto es una venganza, por si no lo habías pillado por el título de la serie, lo malo que son los Grayson, y  lo mucho que puetearon al papá de la rubia cuando ella era niña. Vamos que lo único que le falta por decir es: “Hola, soy Amanda Montoya, digo Clarke. Tu mataste a mi padre, prepárate a morir”.

      O sea, querido lector. Esto no es más que un culebrón a lo Sensación de vivir, Melrose Place u Orange County, pero revestido de dramón por la historia de una venganza. No es que tenga nada en contra de estos culebrones (salvo que no me gustan), y hasta la idea de la venganza podría tener su aquel si no fuera por dos cosas:

     Primero porque es larguíiiisima. ¿tantos y tantos capítulos pa vengarse? Venga joder, que la venganza se come fría pero esto es demasiado.

    Y segundo porque todo resulta inverosímil, y nada creíble. La mayoría de los diálogos son manidos, las interpretaciones de cartón piedra. Ni los pobres del pueblo (Jack y su hermano dueños de la taberna del puerto) resultan creíbles aquí como los niños pobre enamorados de las niñas pijas.

     Es curioso porque también oí quien comparaba esta serie con El Conde de Montecristo, de Dumas, y ahí no puedo estar más de acuerdo: No es que sea una adaptación de la novela (ni siquiera muy libre).

      No, no es eso en absoluto. Y no es que está de acuerdo porque lo único que tienen en común es que se trata de una historia de venganza. Lo que de verdad tiene en común es que ambos son un folletín interminable, o mejor dicho largísimo y que lo mismo puede terminar cuando termina que durar el doble o la mitad: Si alguno ha tenido la curiosidad de leer el libro de Dumas (no una versión adaptada, sino el original) son como 1300 o 1400 páginas de culebrón artificialmente alargado (Dumas lo publicaba por entregas y cobraba por cada entrega, así que le convenía que fueran muchas) en la que la historia interesante y que todos conocemos ocupa sólo las 200 o 300 primeras páginas: el resto es solo relleno que en el siglo XIX se llamaba folletín y ahora telenovela.

    Pues Revenge es lo mismo. Con su pan se lo coman: con la cantidad de segundas temporadas de buenas series (pero de verdad) que empiezan ahora en verano no seré yo quien pierda más horas de mi vida con la segunda temporada de esta cosa.






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