De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 25 de agosto de 2014

Dollhouse. Muñecas de alquiler


http://www.filmaffinity.com/es/film435029.html    Mucho antes de dedicarse a dirigir películas como Los Vengadores, allá por finales de los 90, Joss Whedon era un guionista y director de TV que se hizo famoso por crear la serie Buffy Cazavampiros, serie que sinceramente no he visto, salvo capítulos sueltos: creo me pilló un poco crecidito por la temática y el público al que iba dirigida.


     La que si que vi fue la que hizo unos años después, Firefly (hablé aquí en su momento de ella) una serie divertida, desenfadada y sin muchas pretensiones que mezclaba ciencia ficción con western, que es la serie preferida de Sheldon Cooper de la grandiosa Big Bang Theory, y que fue cancelada.

     Con cada vez más ciencia ficción y menos aventura o fantasía, la siguiente tenía buena pinta y un título sugerente: Dollhouse, casa de muñecas, un thriller de ciencia ficción en la que se pueden alquilar durante un tiempo limitado a personas (muñecos), con la personalidad que queramos, para vivir con ellos la fantasía o aventura que queramos.

     El punto de partida es bueno ¿verdad? Existe una poderosa megacorporación (la Rossum Corporation), una de cuyas divisiones ha desarrollado la tecnología necesaria para poder extraer y grabar los recuerdos y la personalidad de una persona en un disco duro externo, y poder “vaciarla” dejándola en un estado semi-infatiloide en el que no recuerdan nada, no tiene personalidad ni sentimientos y lo más que saben hacer es satisfacer sus necesidades básicas: dormir, comer,... (ya sabéis)

     Cualquier otro con estos mimbres habría tejido una historia postapocaliptica en la que una malvada corporación hay reducido a la raza humana a esclavos descerebrados, pero Joss Whedon quiso darle una vuelta de tuerca al asunto. La misma tecnología que permite “vaciar” la mente de una persona permite “llenarla” con otra. Es decir, implantarle una personalidad, unos recuerdos, unas experiencias y unas habilidades completamente nuevas. A esto se le llama en la serie la impronta.

    Pues bien, la Rossum Corporation decide hacer negocio con esto. Por un nada módico precio, puedes elegir a un muñeco (una persona) grabarle la impronta (la personalidad) que tu quieras dentro de un catálogo, y alquilarlos durante unas horas o días. Ni que decir tiene que este negocio es ilegal, clandestino, y muy muy caro, con una lista de clientes muy selectos.

   ¿Y que impronta querrías grabar?¿O que querrías hacer con tu muñeco? Pues eso ya depende del capricho de cada cliente, y es lo que se dedica a explorar la serie en cada capítulo.

     Si tu mujer murió y conservas una impronta suya, puedes pasar una noche con ella o con alguien que se le parezca (y desde luego con sus recuerdos y su personalidad) cada aniversario.
     Si tu fantasía sexual es tirarte a un maromo con los músculos de mister universo, o a una modelo vestida de colegiala católica, o ser sometido por una dominatrix puedes alquilarte al muñeco o muñeca correspondiente y pasar una noche lujuriosa.

     Pero no todo tiene que ver con el sexo. Por ejemplo en un episodio, a un millonario le secuestran a su hija pequeña y el buen hombre se alquila a un muñeco como negociador/rescatador, al que le han grabado la impronta de un superagente secreto, medio 007 medio Bruce Lee.

     Y por supuesto los muñecos también pueden dedicarse a cometer malas acciones: si utilizas la impronta adecuada con las habilidades adecuadas podrías por ejemplo utilizar a tu muñeco para participar en un atraco a un banco.

     El límite no es tanto lo delictivo o amoral del uso como el precio (que el cliente pueda pagar la impronta) y la conservación de la mercancía (que no se dañe la muñeca). Obviamente la corporación no es tonta y no quiere que sus muñecas sufran daño, por eso cada una tiene asignado una especie de guardaespaldas, un cuidador llamado “gestor”, que la monitoriza permanentemente a distancia (sin intervenir ni ser visto para no estropear la fantasía del cliente, pero lo bastante cerca para intervenir si hay problemas) en cada  misión que tenga.

     Lo más original del plantemiento de la serie es que todo es voluntario. Rossum puede que no sea un ejemplo de moral, pero no es la megacorporación malvada. Las “muñecas” y “muñecos” (los hay de ambos sexos) son voluntarios, al menos en teoría.

    Firman un suculento  contrato de varios años con la compañía, durante los cuales su verdadera impronta es guardada en lugar seguro y ellos son mantenidos en un estado de complaciente estulticia, en la que se los llama “pasivos”, como idiotas felices sin personalidad (vacíos de impronta). Cuando un  cliente paga por ellos y tiene una misión pasan a ser “activos”.

   El genio informático de turno, Topher (uno de los personajes más curiosos de la serie) carga la impronta correspondiente, y el activo sale a su misión escoltado por su cuidador. Hasta que vuelva a casa, se le vuelva a vaciar la impronta (en una operación a la que Topher llama hacer “tabula rasa”) y el ciclo se repita.

     Porque la “casa de muñecas” del título es el lugar donde mantiene a los pasivos entre misión y misión. Donde duermen (en una especie de nichos/ataudes en el suelo), comen, se duchan, hacen ejercicio y poco más.

    En la serie se menciona que Rossum tiene muchas casas de muñecas repartidas pro el mundo (se dice que más de 20), pero en la historia se desarrolla en la de Los Angeles. Mientras viven en la casa de muñecas los pasivos no tienen nombre, su nombre original está archivado junto con su imprenta, y a cada uno se lo conoce con una letra del alfabeto militar: Alfa, Bravo, Charlie, Eco, Delta...

     Y así hasta que el contrato acabe, cuando la personalidad original sea reintegrada, y no haya recuerdos de los años pasados como muñeca.... o eso se supone. Porque claro, lógicamente además de la trama particular de cada episodio, hay un arco argumental a lo largo de toda la serie, en la que seguimos a la protagonista (una muñeca llamada Eco) y dos de sus amigos (si es que puede llamárseles así cuando no se recuerdan entre ellos): Sierra y Victor. Y aun agente del FBI que sospecha de la existencia de la Dollhouse (aunque no tiene ni idea de lo que es realmente) y se pasa toda la serie intentado rescatar a Eco, que para él es una chica desaparecida llamada Caroline.

     Y lógicamente también hay problemas con los pasivos: algunos parece que tiene ciertos problemillas y son sacados de la circulación y enviados, como los juguetes viejos a un lugar llamado “el ático”, en otros casos parece que la operación de tabula rasa no es tan perfecta como dicen y hay ciertos recuerdos o reminiscencias de una vez para otra, etc.

     Al parecer el creador de la serie (Whedon) y la cadena de TV (la Fox) tuvieron sus más y sus menos. Whedon estaba más interesado en explorar el mundo de las fantasías de los clientes en cada capítulo, más que en la parte de thriller, pero claro la mayoría de las fantasías (aunque no todas) eran de tipo sexual, y aunque la Fox tiene fama de una cadena “atrevida” en el fondo es todo fachada, no deja de ser una TV en abierto en una sociedad bastante mojigata en la que se pueden desarrollar, o mostrar abiertamente, temas violentos, pero no temas sexuales. El caso es que la Fox estaba más interesada en la parte de thriller y de aventuras de la historia, y se nota: acabó habiendo más capítulso “de aventuras” y menos de “fantasías”.

    Aunque se emitieron dos temporadas (una en 2008 y otra en 2009) al final la serie fue cancelada después de 26 episodios, aunque curiosamente se rodaron 27 y no se llegaron a emitir originalmente todos: El piloto inicial (titulado Eco) acabó desechándose, (aunque algunas escenas fueron usadas en otros capítulos) y fue rodado de nuevo. No obstante, aunque no emitido, puede conseguirse de las ediciones en DVD. Y por otro lado, el episodio 13 (el que iba a ser el final de la primera temporada), titulado Epitafio Uno, nunca llegó a emitirse en Estados Unidos (aunque si en otros países) y está completamente fuera de la trama: Se desarrolla en un futuro cercano, mediante un flashforward, en un mundo distópico y postapocalíptico en el que la tenconología necesaria para grabar y borrar las improntas ha caído en malas manos y ha convertido a la población en un ejercito de idiotas controlados por unos pocos tiranos contra los que luchan los personajes que conocemos de la serie.
     Después de este episodio en flashforward la segunda temporada vuelve a la normalidad con otros doce episodios, y existe un decimotercero llamado Epitafio Dos que retoma la historia del Epitafio Uno donde se quedó, como si fuera otra serie (una serie dentro de una serie).

     Lo mejor de la serie hay que decir que es el planteamiento, trata un tema arriesgado, original, morlmente cuestionable,... Luego, cuando se convierte en una serie episódica (en la que en cada capítulo se desarrolla y se cierra una historia) el esquema empieza a repetirse un poco. Se ve con agrado, pero no pasa de ser eso... pasable, con capítulos más interesantes y otros menos. A lo mejor si la Fox hubiera dejado libertad a Joss Whedon para desarrollar sus ideas a su manera el resultado hubiera sido distinto.

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