De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

domingo, 19 de abril de 2015

Better Call Saul. Hay vida después de Breaking Bad

http://www.filmaffinity.com/es/film203401.html
Better Call Saul comienza en blanco y negro y con música de los años 30. Estamos en el presente, en una anodina cafetería de un centro comercial de una fría y nevada cuidad vemos la rutina de un tipo fabricando bollitos de canela. 

Un tipo con gafas y un poblado mostacho que mira nervioso a cualquiera que le parece sospechoso mientras atiende a los clientes... y que cuando llega a casa saca una cinta de video de su escondite y se sienta a ver viejos anuncios de un abogado barato que acaban siempre con el eslogan Better Call Saul (mejor llama a Saul). Un tipo que en el pasado fue ese abogado: Saul Goodman.


Pero pronto saltamos unos cientos de kilómetros al sur, a la cálida Albuquerque en medio del desértico Nuevo México, y una década atrás en el pasado, cuando todavía faltaban algunos años para que Saul Goodman conociera a Walter White y a Jesse Pinkman.
 
Normalmente desconfío bastante de las segundas partes y continuaciones, pero más aún de los spin-offs en el caso de las series. La idea de desarrollar una serie completamente nueva a partir de un personaje secundario de una serie conocida casi nunca logra igualar a la serie original y a menudo no suele dar buenos resultados. Y esto es precisamente lo que intentan hacer con Better Call Saul: no es exactamente un precuela de Breaking Bad, aunque ocurre antes cronológicamente, ni se desarrolla del todo en el “universo” de Breaking Bad. Pero si se aprecian algunas de sus características.

Saul Goodman (Bob Odenkirk) no es todavía Saul Goodman, sino Jimmy McGill, un aspirante a abogado que tiene su despacho y su vivienda en un cuartito trastero de un salón de belleza vietnamita, y que malvive como abogado de oficio defendiendo a pequeños delincuentes mientras intenta conseguir clientes más provechosos.

Tiene un hermano, Chuck, un tanto peculiar. Importante abogado y cofundador de un prestigioso bufete de abogados, HH&M, pero que ahora vive en un encierro autoimpuesto en su casa, como un ermitaño, temeroso de las radiaciones electromagnéticas y privado por voluntad propia de electricidad, microondas, y de cualquier otra cosa que genere o utilice campos electromagnéticos.

Y tiene su propia némesis, su archienemigo: Howard Hamlin, otro de los duelos y fundadores de HH&M, y el típico abogado melifluo y bien vestido que en el fondo es lo que aspira a llegar a ser Jimmy, aunque piense que Howard es un capullo integral y un inútil redomado.

La verdad es que esto no es Breaking Bad, que nadie se llame a engaño. No es tan brillante como aquella serie, y sobre todo lo faltan los personajes más carismáticos de la misma: Walter, su mujer, sus cuñados, Jesse...

    Pero tiene destellos de lo que fue Braking Bad: su peculiar sentido del humor, a veces negro negrísimo, su ritmo, su concepción de no contar una historia por episodio sino la de contar “la historia” a lo largo de la temporada, sin prisas, pero también sin pausas, sin aburrir al espectador ni meter minutos de relleno, ni subtramas que no llevan a ninguna parte más que para acumular episodio tras episodio y alargar la serie. O al menos así ha sido durante los 10 episodios de los que consta la primera temporada.

La serie plantea cómo era conocer el pasado de uno de los personajes secundarios de Braking Bad, pero una de las cosas más curiosas que tiene es que no se limita sólo a su protagonista, Saul Goodman, sino que algunos de los personajes de Breaking Bad también aparecen aquí, una década antes. Pocos, de momento, aunque supongo que irán sumándose algunos a mediad que las temporadas avancen.


Así es curioso volver a ver a Tuco Salamanca, el pequeño traficante de drogas, aquí más pequeño aún. O a Mike, el que fuera mano derecha primero de Saul y luego de Walter, al que aquí descubrimos como un expolicía que trabaja en una garita de vigilante en el parking de los juzgados. Resulta interesante ver cómo se conocen él y Saul, y como –contra todo pronóstico- van tramando amistad.
 
Además de la historia principal, que avanza a lo largo de los 10 episodios, la serie usa la técnica de los flashbacks para informarnos del pasado de los personajes principales, como el de Mike, un antiguo policía de Filadelphia, o el del propio Jimmy, alias “Jimmy el resbaladizo” un timador de poca monta de una fría ciudad del norte que de vez en cuando usaba el apodo de Saul Goodman –“So all good, man”- algo así “todo está bien, tío”, y que, por circunstancias del destino acaba de abogado en la cálida Albuquerque.

Lo dicho. No esperéis Breaking Bad, pero no lo es. Pero si que es una buena serie, disfrutable al máximo si te olvidas de su origen y a la que merece la pena darle una oportunidad. Parece que después de todo hay vida después de Breaking Bad.



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