De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

miércoles, 10 de junio de 2015

Rectify. Puede que merezca una tercera oportunidad, pero...


http://www.filmaffinity.com/es/film579976.html
   En esto de las series de TV no es oro todo lo que reluce, lamentablemente. Con el resurgimiento que la televisión ha tenido durante los últimos años -décadas ya de hecho- como el lugar donde está la calidad a la hora de contar historias (a lo que, dicho sea de paso, también a ayudado bastante el que el cine parezca interesado casi exclusivamente en contar otra vez las historias de hace 20 o 30 años o en gastar presupuestos multimillonarios en hacer películas de superhéroes), podría parecer que todo lo que se hace como serie de TV es una maravilla excepcional: nada más lejos de la realidad.

   Sí, evidentemente las hay, y bastantes. Como también las hay (series quiero decir) más honestas, que no tratan de engañar a nadie y juegan a ser lo que siempre fueron, productos de entretenimiento descartable y olvidable una vez usado. Pero también hay series que se revisten de cierto halo de respetabilidad y seriedad (eso es cierto que lo intentan), para acabar siendo mediocres.

   Rectify en mi opinión es uno de esos casos.

    Rectify es una serie dramática, no de género (no es un thriller de asesinos en serie, no es fantástico, no es terror, no es “cine negro” policial,...) Nada que objetar a eso en principio, pero hay que ver el resultado.

   Cuenta la historia de Daniel Holden a partir del momento justo en el que sale de la cárcel, más concretamente del corredor de la muerte donde ha pasado casi los últimos 20 años.

   Cuando era un adolescente en el último año de instituto fue acusado, juzgado y condenado por la violación y asesinato de su –igualmente- joven novia Hanna. Ahora, tras pasar 19 años en el corredor de la muerte esperando su ejecución, nuevas pruebas de ADN invalidaron el juicio original, y por lo tanto es exculpado y liberado.

   Es una buena noticia para algunos: evidentemente para él, pero también para su madre, y para su hermana menor, Amanda, que siempre creyó en su inocencia y que ha pasado toda su juventud luchando por demostrarla junto con un nuevo abogado, con el que de hecho ha acabado teniendo una relación.

   Pero no es motivo de alegría para todos. Daniel vuelve a su ciudad natal, Paulie, donde han continuado viviendo sus familiares, pero también los familiares y amigos de su antigua novia, como su hermano.

   Y no sólo él es el que no está demasiado feliz de verlo. Tampoco la mayoría del pueblo parece alegrarse mucho: ni el sheriff que lo detuvo, ni los fiscales, para los que la invalidación del juicio ha supuesto una derrota, ni el senador del estado que se ha tomado como algo personal el lograr que Daniel, “el asesino de esa pobre chica” vuelva a estar entre rejas, que es donde debería estar.

   Hasta aquí todo es más o menos esperable para Daniel, pero quizás es la desconfianza de otros, menos evidente a priori, la que más daño hace. Su madre enviudó y se volvió a casar con un buen hombre, que, junto con su hijo Teddy, ahora el hermanastro de  Daniel, regenta el negocio familiar: un concesionario.
   No es que Teddy dude de la inocencia de Daniel (¿o sí?) pero no está muy contento de cómo puede afectar a las ventas de su negocio (que por otra parte no deja de ser el negocio de Daniel realmente) el tener al “asesino” rondando de nuevo por allí... ya sabéis, es una ciudad pequeña y tal.


   Tampoco ayuda mucho la fascinación –mutua- que su mujer, Tawney parece mostrar por Daniel. Tawney es una joven esposa, buena cristiana y profundamente religiosa, muy religiosa, siempre dispuesta a no prejuzgar y a practicar los preceptos más nobles de su religión con todos, incluido el propio Daniel.

   Y Daniel parece un personaje completamente desnortado tras pasar 19 esperando la muerte. Puede que sea comprensible, pero desde luego es una de las cosas que más me molesta de la serie: esa permanente desorientación del personaje, como si no supiera a donde ir, que esperar (ni de sus familiares ni de sus vecinos) o que hacer con su reciente libertad.

   El primer episodio, y casi si me apuráis el segundo también, es buena televisión. Muy buena de hecho. Pero lamentablemente, a medida que avanza los episodios se va desinflando, va perdiendo interés, hasta que parece más bien una de esas películas independientes que todo el mundo (por lo menos la crítica) se dedica a poner por las nubes (por algo la cadena original de la serie es la SundanceTV). Vamos que –para mi gusto- acaba convirtiéndose en una mala película indie.

   El problema real es que no pasa nada... literalmente nada, durante los 6 episodios que dura la primera temporada. De hecho prácticamente esos 6 episodios se arrastran durante la primera semana de libertad de Daniel. Y eso intercalado con flashbacks de su estancia en prisión, y con alguno de los sucesos que lo llevaron allí.

    La serie tampoco parece definirse y es como si quisiera jugar a dos bandas: cuando crees que el tema serie va a ser la redención, la necesidad de rectificar por los errores del pasado, se empieza a vislumbrar que quizá Daniel si es inocente, y que no fue el asesino de su novia. Pero también vuelve a cambiar el rumbo y a insinuarse que quizás no, que aunque puede que no fuera el único responsable, si que participase de alguna manera. Y el problema es que esto, que podría ser un punto a favor, al final llega a no importarte demasiado: si es inocente, si es culpable, si estuvo implicado,...

    De todas formas le di una segunda oportunidad, y pacientemente me tragué los 10 episodios de la segunda temporada. Lejos de mejorar, continúa con la línea descendente. Ritmo lento, nulo interés por resolver el misterio, y pocas cosas que contar en esos diez episodios (aunque alguna si que hay) sobre lo que le pasa al desnortado de Daniel en esos diez episodios.
    Puede que merezca una tercera oportunidad (este verano se estrena la tercera temporada) pero en mi caso particular no se la voy a dar.


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