De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

lunes, 8 de febrero de 2016

El puente de los espías. Dos películas en una

http://www.filmaffinity.com/es/film255419.html
A estas alturas poco o nada tiene que demostrar Steven Spileberg: uno de los directores con más éxito de las últimas décadas, capaz de hacer tanto películas de puro entretenimiento como películas serias, y de hacerlas bien en ambos casos. Aunque no siempre.

Siendo uno de los grandes (como lo es) lo cierto es que también es un poco irregular, y lo mismo te hace taquillazos como Tiburón o Parque Jurásico, que se descuelga con “cosas” como 1941 o El imperio del Sol. Igual se saca de la manga un peliculón como Salvar al soldado Ryan o La lista de Schindler que te cuela un soporífero Amistad o Lincoln. 

 El puente de los espías no es ni lo uno ni lo otro. No pasara a la historia como una de las mejores películas de Spielberg, pero es solvente, entretenida y mejor hecha que la mayoría de las películas que se estrenan últimamente.



La historia que cuenta –al parecer- está basada en hechos reales: estamos a principios de los años sesenta, en plena guerra fría, de temor  sobre una inminente guerra (nuclear esta vez) con los rusos y de psicosis con los espías. Y en estas detienen a un viejecito con pinta de jubilado y cuya afición es pintar cuadros, pero que en realidad es un espía ruso. 

 Por otro lado, un abogado íntegro, honesto y cabal (Tom Hanks, que va camino de ser su actor fetiche) y que ahora se dedica a pleitear para una compañía de seguros, recibe el encargo del gobierno  de representar al espía como su abogado defensor. 

El problema es que todo el mundo (el gobierno, el juez, la opinión pública) considera que eso no es más que un paripé para mantener las apariencias de que en América todo el mundo tiene derecho a un juicio justo (aunque: el ruso en realizada ya está juzgado, considerado culpable y condenado por todos).
 
Todo el mundo menos Tom Hanks, que aunque al principio es reacio a aceptar el caso, luego decide tomárselo en serio: moleste a quien moleste.

Y claro, molesta a mucha gente: a sus jefes, a la CIA, incluso a su familia, que no comprende porqué hace lo que hace y tiene que ver como todo el mundo los mira mal por ser el tipo que defiende al malvado ruso mientras que sus camaradas están a punto de lanzar bombas nucleares sobre ellos.

 
Es curioso porque a la mayoría de la gente creo que les molesta esta parte de la película porque la consideran la típica americanada con moralina: “que grandes y que buenos somos nosotros los yankis” y todo eso… 

Bueno, realmente si se piensa bien, el gobierno, la CIA y sociedad americana sale bastante mal parada al respecto (por hipocresía) y más que ensalzar la actitud de los americanos lo que se está ensalzando es la un hombre del montón (Tom Hanks) que se mantiene firme e incólume contra viento y marea.

Lo que más me gusta de esta parte de la película es la actitud del ruso: siempre tanquilo, siempre estoico (cuando Hanks le hace notar que no se le ve preocupado siempre responde ¿Ayudaría si me preocupo?).

Si la película hubiese seguido por ahí creo sinceramente que hubiese acabado convertida en un panfletillo con moralina como Amistad, y probablemente que hubiese sido igual de aburrida. Pero decía que realmente El puente de los espías son como dos películas en una porque cuando lleva poco más de un tercio de su metraje la cosa cambia.

A partir de ese momento el tema de la película y su escenario cambian, aunque no cambie el protagonista.

De ser un drama judicial pasa convertirse en un thriller de espías, a lo John Le Carré. Bueno, no exactamente igual, pero si parecido.

La acción se traslada a un Berlín en el que está a punto de erigirse el muro que separa los dos sectores. 

Donde los de un lado tratan de salir antes de quedar encerrados y los del otro tratan de entrar salvando los controles de la Stasi mientras ambos se miran con recelo, y miran con recelo a los rusos que son los que de verdad mandan.

Lo que se nos enseña es el Berlín de los espías, el del Checkpoint Charlie y demás que hemos visto en muchas películas antes.

Porque ahora Tom Hanks, el abogado es el encargado de negociar un intercambio, un trueque de espías capturados: un ruso por un oficial americano capturado por los soviéticos.

Y claro, Tom Hanks sigue siendo testarudo y firme, y no hace exactamente lo que le dicen, sino lo que él cree que debe hacer, y que es justo.

Esta parte de la película es la que más me interesa, y que yo recuerde no tiene paralelo con otras películas anteriores de Spielberg. Quizás a la que más recuerde sea a Munich, por lo de los servicios secretos y demás. Pero mientras que aquella era mucho más sombría y más dura, esta no entra tanto en esos temas: es más un thriller de entretenimiento.

Es como si dos películas distintas se hubiesen juntado en una sola, un poco como ya pasaba en I.A. Y aunque sospecho que por separado ambas películas hubieran sido peores que el resultado conjunto, la verdad es que el resultado final no llega a despegar del todo: no es mala película, pero tampoco es una gran película. Una pena, porque el guión lo firman los hermanos Coen, que suelen hacer estas cosas bastante bien.

En cualquier caso, es recomendable de ver. Sólo me preocupa que últimamente Spielberg da una de cal y otra de arena. Si la anterior (Licoln) era un tostón insufrible, y ahora le tocaba una buena, eso quiere decir que de la siguiente (Ready Player One) no deberíamos esperar demasiado. Espero que Spielberg rompa su racha.






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