De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
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jueves, 7 de julio de 2016

Erase una vez... En el País de las Maravillas. Más de lo mismo


Hace ya unos años empecé a ver una serie llamada Érase un vez... (Once Upon a Time) que era una revisitación de los personajes y las tramas de los cuentos clásicos pero todos ellos mezclados en una misma historia y con una vuelta de tuerca en la forma de contar la historia. Para los que les interese el tema, podéis ver el post correspondiente aquí.

El caso es que la serie empezó a hacerse longeva, y con temporadas largas (de 22 o 24 episodios) alcanzó su 3ª temporada, y con perspectivas de renovar (de hecho, hasta ahora que yo sepa se han emitido 5 temporadas).


Para aquel entonces las tramas se habían entremezclado y complicado enormemente y la plantilla de personajes de cuento que habían introducido había llegado a ser bastante alta.

Pero aún les quedaban “mundos de cuento” por visitar (o explotar), y entonces los productores decidieron introducir colateralmente al sombrerero loco de Alicia en el País de las Maravillas, pero no su mundo.  Lo que decidieron hacer es continuar con la historia principal por un lado (con una 4ª y luego una 5ª temporadas), pero desgajar una parte y hacer una serie paralela, un spin-offf.

Y eso es precisamente Érase una vez en el País de las Maravillas, una “rama” de la sucursal principal, que comparte estilo y técnica pero no personajes ni escenarios.

Aquí ya no está presente el mundo real en mediante el pueblecito de Storybrook, y las conexiones en cuanto a las dos series (en forma de personajes compartidos por ejemplo) son mínimas.

Por lo demás la serie es completamente fiel a la idea y la técnica de la original: Se mezclan en una misma historia personajes de varios cuentos distintos, y la forma de ir desarrollando la historia es mediante flashbacks en cada capítulo que relatan la historia anterior (más bien parte de ella, y no necesariamente en orden cronológico) de algunos personajes.

De hecho esta técnica de narrar está copiada (o tomada prestada, como se prefiera) de Lost.

Sigue resultando curioso ver cómo se deforman las versiones tradiciones de los cuentos que conocemos para relacionarlos entre si e ir tramando de forma inteligente un argumento cada vez más complicado.

En esta ocasión, la historia principal (y el universo donde se desarrolla la mayor parte de la serie) es la de Alicia en el País de las Maravillas, pero con una Alicia ya adulta, que regresa al País de las Maravillas después de escapar (más bien de ser rescatada) de un manicomio en el Londres victoriano, donde fue encerrada por su padre y su nueva familia (madrastra y hermanastras incluidas) cuando la niña volvió después de estar años ausente con todas esas fantasías de conejos blancos, reinas de corazones y demás.

Un día vienen a rescatarla el conejo blanco (al que en la versión original da voz John Lightgow) y la Jota de Corazones, para convencerla de que vuelva al País de las Maravillas con ellos porque su amado, al que creía muerto (principal razón por la que volvió a Inglaterra y no le importa estar encerrada en un sanatorio mental) está realmente vivo.

Como en el caso de la serie original, la historia se complica y el universo de un cuento se mezcla con el de otros.

En este caso el universo del País de las Maravillas se mezcla con lo que podría ser el universo de Aladdin.

Bueno, no exactamente. Aladdin no está presente, pero si lo está el malvado visir Jafar, que gobierna en Agrabah, y el genio de la botella (aquí no es una lámpara de aceite, sino una botella) que se llama Cirus y que es precisamente el gran amor perdido de Alicia.

Ahora Jafar se ha aliado con la malvada Reina Roja, y pretende conseguir al genio.

Bueno no exactamente, porque ya lo tiene prisionero, sino el poder sobre el genio, que sólo conseguirá cuando logre que Alicia pida los tres deseos que nunca usó y aún tiene en su poder.

Y así se van mezclando ambos mundos, el de Lewis Carroll y uno propio de las Mil y una noches.  

Jafar está interpretado nada más y nada menos que por Naveen Andrews (que en Lost hacía de Sayid), pero también hay muchos cameos que si se ve la serie doblada se pierden: por ejemplo la mujer del conejo blanco es Whoopi Goldberg, o el personaje de la oruga es Iggy Pop.


Por lo demás está mucho de lo que cabría esperar del País de las Maravillas: los hermanos Tweedledum y Tweedledee, el gato de Chesire, incluso el Jabberwocky  que en el libro de Carroll ni siquiera era un personaje sino un poema sin sentido (en la traducción española han usado el nombre de El Galizmatazo).
No están todos los personajes, faltan algunos conocidísimos como la liebre de marzo, o el sombrerero loco (no curiosamente y aunque parecía que iban a enganchar ambas series a través de este personaje, no lo hacen) o el huevo Humpty Dumpty.

Sin embargo, por estar presente, incluso está el tipo caballero guardián de dos puertas que sólo puede contestar Sí o No y que siempre dice la verdad o siempre miente, pero no sabes cuál de las dos cosas.


 Por lo demás, salvo las peculiaridades de la trama y los personajes, claro, todo es igual que en la serie original. En este sentido es más de lo mismo, así que te gustará si te gustó aquella, o la odiarás si odiaste aquella. Curiosamente lo que de malo se le podría achacar (que la acumulación de las múltiples historias y tramas temporales al final se volvía un poco cansino) es realmente un problema de la “serie madre” no de la “serie hija”.
Incluso el detalle simpático de que la cabecera que abre cada episodio es modificada ligeramente para hacer referencia al personaje en el que se va a centrar ese episodio también está repetido aquí.

No se si por la baja audiencia o si por otro motivo, pero el caso es que está serie no continuó con una segunda temporada.

Es más la única temporada que tiene dura sólo 13 episodios, y no más de 20 como en la serie original. Sin embargo esto creo que ayuda más que entorpece, y es un punto a favor de la serie: una temporada no excesivamente larga no complica tanto la trama ni se hace pesada, y es cerrada: la historia tiene un final. Además los puntos de conexión entre ambas series son tan escasos (casi inexistentes) que no es necesario haber visto Érase una vez para poder ver y seguir esta otra.




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