De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Salvar al soldado Doss,... pero al revés.

http://www.filmaffinity.com/es/film550924.html

Existe una delgada línea, muy fácil de cruzar, entre hacer una película bélica que sea antibelicista o que por el contrario acabe glosando las virtudes del heroísmo y los valores belicistas.

Bueno, claro, puedes hacerla sin filmar batallas como por ejemplo Johnny cogió su fusil o Senderosde Gloria, y entonces es más fácil. Pero si enseñas en pantalla las batalla con todo su crudeza se te puede ir la mano.

Hasta el último hombre es, sin duda, una película bélica, pero no tiene mucho sentido hablar de si es belicista o antibelicista porque realmente el tema de la película, el de verdad, no es ese.

Ni siquiera es el tema del pacifismo o de la objeción de conciencia como podría parecer. Tampoco.


Bueno, y entonces ¿cuál es?  Quizás sea más fácil contar de lo que va primero.

Lo que cuenta es la historia (resulta que verídica aunque perezca increíble) del soldado Doss, que fue el primer (y no de los pocos) objetores de conciencia condecorados con la Medalla de Honor de las fuerzas armadas en Estados Unidos.

Y la cuenta de una manera muy clásica: secuencialmente y dividiéndola en tres actos. Lo cual si lo piensas bien tiene su mérito, porque no se apoya en formas “novedosas” y “deslumbrantes” de narrar.

El primero es la vida de Doss antes del ejército, desde que era niño hasta que decide alistarse como otros muchos de su generación después de que los japoneses bombardearan Pearl Harbor, pasando por su historia de amor con una enfermera.

Esta parte no sobra, en absoluto, por muy melosa o azucarada que pueda parecer, porque en el fondo te cuenta con muy pocas escenas las motivaciones de este hombre, el porqué decide hacerse objetor de conciencia (a diferencia de otros tan o más religiosos que él que no dudan en “suspender temporalmente” en caso de guerra el famoso “no matarás” de los mandamientos.

El segundo acto es la vida de Doss en el ejército, en el campo de entrenamiento.

Y aunque se ha contado mil veces (en La chaqueta metálica por citar sólo un ejemplo), tampoco sobra porque sirve para enseñarte las dificultades –previsibles por otro lado– que se iba a encontrar un tipo que, declarándose objetor de conciencia y pretendiendo ni siquiera empuñar un arma (mucho menos dispararla), aún así decide alistarse voluntario, entrenarse con los demás, e ir a la guerra para hacer de sanitario. Con dos cojones. Como podéis imaginar esto no le cuadra a nadie salvo al protagonista, y sus compañeros y mandos no lo iban a tomar demasiado bien.

Y la tercera parte es la guerra, la batalla propiamente dicha, en concreto la batalla de Okinawa. Y aquí ya es cuando la película sobresale, y será por esta parte por la que le den los premios que se va a llevar seguro.

Si pensabais que los primero 20 minutos de Salvar al soldado Ryan eran crudos, brutales e impactantes, con los últimos tres cuartos de hora de Hasta el último hombre lo vais a flipar. En colores.

Mel Gibson no te ahorra nada, al contrario, te lo enseña una y otra vez, a todo color y con sonido envolvente. Es brutal... casi gore (o sin el casi). Riete tú de un episodio de The Walking Dead.  Bueno, ha pasado ya mucho tiempo  desde que en los westerns morían indios a patadas sin que se viera una gota de sangre, o que las pelis bélicas se rodaran ocultando la crudeza de las escenas de batalla. Pero esto desde luego es hasta casi excesivo.

Y es que el señor Gibson se ha marcado una muy buena película, verdaderamente notable, contada con ritmo (y eso que dura bastante, algo más de dos horas) aunque eso sí, con algunos excesos (y no lo digo sólo por lo sangriento de las escenas).
Parece que está de moda criticar una obra sólo porque no te guste como piensa su creador, porque no estés de acuerdo con sus ideas.

Es un argumento ‘ad hominem’ totalmente falaz, y es el mismo que lleva a gente de derechas a criticar los documentales de Michael Moore (o a las pelis de Bardem si nos bajamos al nivel de España, por citar un par de casos), o el mismo que llevaría a un homófobo a infravalorar a una película porque la ha dirigido un gay, (o por que la ha dirigido una activista feminista, escoged el ejemplo que más os guste).

Y más cuando el tema es abiertamente cine políticamente de izquierdas, o de temática gay o de temática feminista... Y este, además, es el caso de esta película. ¡Ojo! Al revés también creo que es un error: no porque seas feminista, gay, o de izquierdas todas las películas de esos temas van a ser buenas: las puede haber (y las hay) malas y muy malas también. Creo que es un craso error en los dos sentidos.


El amigo Mel Gibson es profundamente conservador, muy religioso (cristiano) y supongo que por asociación, hasta tiene actitudes machistas. Pero no es necesario que comulgues con sus ideas para que te gusten sus películas, ni tampoco que no reconozcas que ha hecho una buena película simplemente por pensar de forma diametralmente opuesta a como él piensa. Y en este caso ha hecho una buena película. Hay que reconocérselo.

Claro, también se podría argumentar que la película no es equidistante, y es cierto: cuenta la guerra desde el punto de vista de los yankis, no de los japos. Esto no es Cartas desde Iwo Jima.

Pero vamos también se podría haber contado que los japoneses “obligaron” a la población civil de Okinawa a suicidarse en masa con granadas de mano antes que rendirse...

O si nos ponemos así que las tropas americanas disparaban indiscriminadamente a soldados o a población civil, y que organizaron violaciones sistemáticas de las chicas Okinaweneses... Pero eso sería otra historia.

Decía al principio que el tema de la película no es el antibelicismo, ni el pacifismo, ni siquiera la valentía o la objeción de conciencia.

El tema de verdad de la película es la fe, la religión. Y de hecho, si pretendía hacer una película sobre el antibelicismo o sobre la objeción de conciencia, o sobre la valentía, se le va la mano con las escenas finales en las que se retrata al soldado Doss casi como un santo o un ángel en la tierra (esas escenas del batallón esperando mientras reza por ellos, o ese plano de Doss suspendido en el aire, casi como si ascendiera a los cielos...)

Pero yo creo que no, que no es que a Gibson se le haya ido la mano, es que pretendía precisamente hacer una película sobre eso, y no sobre otros temas. Mel Gibson vuelve a tomar partido y refleja sus ideas en su cine. Pero la verdad es que –esta vez al menos- le ha salido muy bien, tengo que reconocérselo.


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