De que va todo esto

¿De qué va todo esto? Este blog no pretende ser más que un conjunto inconstante (espero que no incoherente) de opiniones surtidas. Pero recuerda:
"Las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno y creemos que el de los demás apesta."

sábado, 18 de febrero de 2017

Peaky Blinders. Gypsies, Tramps and Thieves

http://www.filmaffinity.com/es/film539830.html
Hay una canción pop muy antigua que se titula Gypsies, Tramps and Thieves, algo así como gitanos, vagabundos y ladrones.

Bueno, pues de algo parecido (si obviamos la parte de los vagabundso) va Peaky Blinders.

Peaky Blinders es una de esas series “pequeñitas” pero de calidad a la que nos tienen acostumbrados los británicos.

Digo pequeñitas porque tiene un formato muy asequible: temporadas cortas, de sólo seis episodios, lo que te permite “engullirlas” dedicándoles tan solo seis horas.


En realidad es una serie de gangsters, no gangsters americanos tipo Al Capone, claro, sino gangsters británicos. Y no ambientada en los años 30, sino un poco antes, a principios de siglo, justo cuando acaba de terminar la Gran Guerra. En este sentido sería contemporánea de Broadwalk Empire, salvo que se desarrolla en la industrial, sucia, mugrienta y pobre Birmingham en lugar de la decadente y vacacional Atlantic City.
Pero pocos más puntos en común tienen ambas. Primero porque en aquella época, en Estados Unidos tuvieron que lidiar con la ley seca, mientras que en Gran Bretaña los pubs servían sin problemas pintas de cerveza para emborrachar a los obreros de las factorías.

Y segundo por el tipo de personajes (y sus ambiciones). Mientras que en Broadwalk Empire se contaba la historia de un trepa con ambiciones políticas cuando ya estaba establecido y había abandonado sus orígenes humildes, aquí lo que se cuenta es la historia de una familia de gitanos que regenta un garito de apuestas en las carreras de caballos (que por supuesto se dedican a amañar).

La historia empieza poco después de que ha acabado la primera guerra mundial y las tropas británicas han regresado de las trincheras francesas, muchos de ellos bastante tocados, y no sólo físicamente. Entre los que regresan están los hermanos Shelby, un clan de gitanos que han abandonado las carretas y el vagabundear de un lado a otro y se dedican a las apuestas, a los caballos. Pero que encabezan una banda mafiosa llamada los Peaky Blinders.

Al parecer esta banda existió de verdad, y su peculiar nombre se debe a que solían usar unas gorras planas de tela, de esa en las que la visera esta unida a la parte superior formando una especie de pico semirrigido en la parte delantera. Solo que los blinders cosían, ocultas en la gorra, cuchillas de afeitar, de forma que se podían convertir en un arma en caso de necesidad con las que cortar la cara de cualquiera que les hiciera frente, o de “cegarlo” en caso de que el corte se dirigiera a los ojos.
El caso es que mientras los hombres de la familia han estado matando alemanes en Francia, los negocios los ha llevado la tía Polly, la matriarca, pero con el regreso de estos, Arthur, el mayor de los hermanos ha asumido el mando. Controlan los pubs a los que vana emborracharse los obreros de la BSA, la fábrica de armas de Birmingham, amañan carreras de caballos y poco más.


El problema es que Arthur es violento, impulsivo, no demasiado inteligente y sin visión de futuro (y además volvió bastante tocado de las trincheras).

Así que el siguiente hermano, Thomas Shelby (Cillian Murphy), pronto toma el mando como cabeza de al familia Shelby, convirtiéndose en algo así como “El Padrino” de los Peaky Blinders. Tom Shelby fue condecorado por su participación en la guerra en Francia, pero de vuelta a Birmigham, lo que quiere es progresar, y sueña con tener negocios legales que le premitan ser “respetados” (tened en cuenta que proceden de un clan de gitanos). Y no va a dudar en hacer lo que sea necesario para conseguirlo.

Pero la gran fortaleza de la serie no es sólo la personalidad de Thomas Shelby, sino los secundarios y las tramas que van tejiendo. En un mundo en que los rusos están en plena revolución y en una ciudad industrial en la que los obreros de las fábricas no tienen muy buenas condiciones de trabajo que digamos, empiezan a surgir los primeros movimientos anarquistas, comunistas y sindicalistas. Pero para las autoridades todos son lo mimo: agitadores. Y para los Blinders no son más que una molestia que puede atraer a la policía... sobre todo porque Ada, la hermana pequeña de la familia se enamora de un comunista y antiguo compañero de armas de Tom.


Por otro lado estamos en una época en el que Irlanda está a punto de iniciar su guerra para librarse de los británicos, así que los fenianos (los independentistas) son también perseguidos por la policía. Y este es uno de los puntos fuertes de la serie: el personaje de Sam Neill, el jefe de policía (irlandés pero unionista) que es enviado desde Belfast para hacerse cargo de la policía de Birmingham y luchar contra los agentes irlandeses. No tardas mucho en darte cuenta de que el personaje de Sam Neill en el fondo no es mejor que los Blinders, y que aquí, aquello de los “buenos” y los “malos” no está tan claro y depende del lado desde el que lo mires. Vamos que Sam Neill interpreta a un villano de categoría.

Y las ambiciones de Tom Shelby lo llevan a mezclarse en guerras que no son la suyas (como la de los anarquistas o los fenianos) y a acabar llamando la atención del inspector de policía, e incluso del mismísimo (y por aquella época aún muy joven) Winston Churchill, que aparece como un personaje secundario (muy secundario) de la serie, lo cual resulta muy curioso.

Visualmente la serie está muy lograda: la mugre, la lluvia y la humedad de las calles de Birmingham se mezclan con el humo, el fuego y el ambiente casi de “infierno” de las fábricas y las acerías (sobre todo la BSA, la fábrica de armas).

Y musicalmente también está muy lograda, pero no por el “realismo” de la ambientación, sino precisamente por el motivo contrario: en lugar de utilizar música de la época o que al menos tenga el aroma de la música de principios de los años 20 o finales de los 10, abiertamente la banda sonora apuesta por música moderna.

Ya desde la sintonía, el Red Righ Hand de Nick Cave & The Bad Seeds  pero no sólo la sintonía, sino toda la música, que incluye a gente como los White Stripes, PJ Harvey, o incluso una de las canciones del último disco de David Bowie. Para mi gusto todo un acierto, desde luego.
Además no se trata de una serie episódica, sino que cada temporada cuenta una historia más o menos cerrada, lo cual también es de agradecer, aunque tengo que reconocer que cada temporada va ganando a medida que transcurren los episodios: suele ir de menos a más.

De momento la serie tiene 3 temporadas, y probablemente (por cómo se cierra la tercera) habrá una cuarta e incluso una quinta. Lo que ocurre es que el tono de las temporadas cambia, porque la segunda temporada se desarrolla un par de años después que la primera, cuando Thomas Shelby ha prosperado, ha enriquecido a la familia y ya empieza a ganar no sólo dinero sino cierto aire de “respetabilidad”. Y lo mismo pasa con la tercera, que vuelve a situarse un par de años después de la segunda (ya en 1924 creo recordar). Una pena porque el hecho de que no esté el personaje de Sam Neill en esta temporada le resta bastante (eso y el “villano” oficial que los sustituye, el sacerdote, el padre John Hughes, que no está a la misma altura.

Para mi gusto las temporadas van bajando poco a poco de calidad, y convierten lo que empezó siendo una serie notable en simplemente una buena serie, lo cual tampoco es nada desdeñable.



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